OIa de calor en Vigo
El termómetro enfría las compras en la calle Príncipe y anima el refugio en centros comerciales
Las horas muertas por culpa del calor mueven a los comerciantes a proponer alternativas ante un nuevo escenario climático

Aspecto de la calle Príncipe durante la ola de calor / FdV
El sábado en Vigo se alcanzaron los 35,9 grados, esto no ha dejado indiferente a nadie. Un calor que obliga a refugiarse en playas, piscinas o espacios verdes donde resistir a las altas temperaturas. Sara Lima, dependienta en la tienda de JD en el centro comercial Vialia, no tuvo opción de huir. Tenía que trabajar y, sorprendentemente, se encontró con bastante movimiento a lo largo de la tarde. Sin embargo, una amiga suya, dependienta en Stradivarius, le contó que se encontró con una tienda y una calle «desierta».
A las 19:00 de la tarde se podían contar con los dedos las manos los transeúntes que paseaban entre la Farola y la Puerta del Sol, recordando incluso a imágenes de la pandemia. El sol no daba tregua y los viandantes eran escasos, los comerciantes, no obstante, seguían al frente de sus negocios a la espera de unos clientes que iban a tardar en llegar.
Al principio de la tarde el calor era tal que no se podía andar por la calle. Los comercios estaban prácticamente vacíos. No fue hasta que el sol bajó un poco y perdió fuerza que los negocios se revitalizaron un poco. Óscar Sendón, gerente de ReiZentolo, decía que la tarde «iba para destrucción total», pero finalmente acabó siendo «regular gracias al último tramo de la tarde». Con todo, este sábado vendieron un 18% menos que el primer sábado de julio de 2025.
El calor apretaba tanto que hasta los manteros de camisetas de fútbol no encontraron a quien vender camisetas en plenos octavos de final del mundial. Bico do Xeado es una heladería que está acostumbrada a que los clientes una vez son servidos abandonen el local , sin embargo esta vez «se quedaban dentro por el calor» según aseguraba María Cameselle, dependienta del local.
El centro comercial como refugio
Como alternativa a este escenario muchos cambian el paseo a cielo abierto por las céntricas calles por un centro comercial climatizado. Por este motivo Sara sintió una mayor afluencia en su tienda. La gente no iba solo a comprar, también iban, simplemente, a pasear sin intención de comprar. De esta forma aprovechan la confortabilidad del espacio acondicionado para poder dar una vuelta sin tener calor.
Los comerciantes empiezan a asumir que esto no es algo aislado ni puntual. Se trata más bien de una nueva realidad condicionada por el cambio climático. «Hay que pensar en algo, esto no es flor de un día» apuntaba Óscar Sendón, de ReiZentolo, «necesitamos sombra, la piedra está bien, es limpia, pero la vegetación da frescura».
Los comerciantes coinciden en que las ventas se acumulan en su mayoría en el último tramo del horario de apertura, antes la actividad es mínima, hacen muy poca caja, son horas muertas para los comercios. Por este motivo, plantean la posibilidad de trasladar el horario a partir de las 19:00 de la tarde, para hacer coincidir su horario de apertura con las de mayor actividad.
Por otro lado, como mejora específica para la calle del Príncipe sugieren implementar lonas que atraviesen la calle dando sombra para quitar el sol en las horas centrales del día que es donde más sol recibe, entre el mediodía y las tres de la tarde. Creen que esta medida rebajaría el contraste de temperaturas que existe actualmente entre el interior de las tiendas y la calle.
La falta de vegetación se extiende en toda la zona de tiendas. Tanto Urzáiz, como la Farola, Príncipe y la puerta del Sol carecen de cualquier elemento verde que dé sombra, más allá de alguna jardinera o maceta de gran tamaño. Los comerciantes creen que los picos de calor como los vividos este fin de semana obligan a incluir árboles y espacios verdes que sirvan como refugio climático tanto para residentes como para turistas y hagan más afable salir a la calle.
Esta primera ola de calor del verano ha puesto de manifiesto que el comercio en la ciudad necesita tomar medidas para adaptarse. Vendrán más olas y más intensas, es necesario que se cree un diálogo entre las tiendas, los consumidores y las instituciones para obtener soluciones que puedan beneficiar a todos los sectores implicados.
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