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Portugal-España

Un postpartido en Castrelos entre escoba y recogedor

Cuando la euforia ya se había apagado y muchos aficionados dormían aún la celebración del pase a cuartos, en Castrelos empezaba otro partido. A las 7.00 horas, un joven equipo de limpieza recorría gradas y platea con escobas y recogedores para retirar latas, vasos y bolsas, y devolver al auditorio la normalidad antes de que llegase el siguiente espectáculo

La basura gana el partido en Castrelos tras la victoria de la selección

Alba Villar

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Vigo

Mientras muchos aficionados aún seguían en la cama tras la celebración del pase de España a cuartos de final del Mundial, el equipo de limpieza de Valanva asumía su labor en la sombra para borrar los restos de una noche de celebración masiva. Un esfuerzo invisible, a cargo de operarios jóvenes, que permite que el auditorio natural de Castrelos recupere la normalidad y esté en condiciones para la próxima actuación.

Después del pitido final, la mayoría de los seguidores de la selección volvió a casa. Fueron pocos los que se preocuparon de recoger vasos, latas, botellas o envoltorios de los aperitivos consumidos durante el partido, y el grueso de los residuos pasó la noche en el parque. Apenas ocho horas después de finalizar el choque contra los lusos, los limpiadores jugaban su partido particular contra la basura del auditorio: un encuentro que se disputa a las 7.00 horas y no termina hasta que se recoge buena parte de los residuos esparcidos por la platea y las gradas de Castrelos.

Horas antes del pitido inicial del árbitro, el ambiente ya era muy distinto. A las 19.00 horas tuvo lugar también en Castrelos el espectáculo infantil «El Pollo Pepe», al que, además de padres y madres con sus hijos, asistieron decenas de jóvenes. Estos últimos optaron por acudir con mucha antelación para asegurarse un buen sitio frente a la pantalla gigante y, de paso, empezar la «previa» del partido. El choque futbolístico empezó acelerado, pero al descanso la basura ya ganaba por goleada: los contenedores públicos y las papeleras estaban a rebosar mucho antes de que el árbitro señalara el final.

Se trata de un despliegue de limpieza que no sería necesario en otras sociedades, pero que aquí, por costumbre, se ha normalizado. Un relevo generacional invisible: jóvenes que disfrutan de la fiesta en el auditorio y jóvenes que, a la mañana siguiente, se encargan de recoger sus restos.

El doble análisis de los residuos

La sucesión de eventos duplicó el trabajo habitual. «Lo que principalmente hemos encontrado hoy son cervezas, bebidas, cosas para cenar, envoltorios de bocadillos, de productos de supermercado... Lo que más, bolsas de súper. La gente coge las cosas del súper y viene a cenar aquí, aprovecha y ve el partido. Si hubiese habido solo un CantaJuego, un día normal, no nos habríamos encontrado ni la mitad. No suele haber pitillos ni alcohol, por lo que suelen ser días muy tranquilos para limpiar con eso del concierto infantil», explican desde el equipo a pie de pista.

Sin embargo, al sumarse el fútbol, la situación en la grada cambió drásticamente. «Sobre todo lo que más recogemos son latas de cerveza, por ejemplo, en un día como hoy. Con público más infantil nos encontramos más con cáscaras de pipas, que nos cuesta más recogerlas», señalan. El equipo apunta directamente al punto que más dificulta el trabajo en el auditorio vigués: «Sobre todo la parte del césped es lo que más nos cuesta, porque la basura queda atrapada entre la hierba y es bastante costoso».

Para los responsables de la organización, el verdadero desafío logístico depende del perfil del evento. Javier, encargado de producción de Valanva, la empresa responsable del servicio, analiza el comportamiento del público vigués: «Cuando más se ensucia es cuando viene un artista cuyo perfil de público es gente joven, sobre todo quinceañeros, adolescentes que a lo mejor no reparan tanto en que, si tiran el vaso al suelo, hay que limpiarlo después», aclara.

«Por ejemplo, en Deep Purple, que llenó el concierto, estaba todo muy limpio, porque es otro perfil: gente más adulta, que a medida que va creciendo se vuelve más civilizada o más responsable. Civilizados somos todos, simplemente los chavales no se dan cuenta», añade.

Con la salida del sol, a pie de grada, con escoba y recogedor en mano, está Iñaki, de 25 años y estudiante de Publicidad, que aprovecha este empleo de verano para reunir unos ahorros y cubrir sus gastos personales. «Busco sobre todo complementar un poco el dinero para ayudarme a costear mis estudios», apunta. A su lado, su compañero Lois también optó por este trabajo de temporada con el objetivo de afrontar los gastos universitarios del próximo curso.

El equipo de limpieza la mañana siguiente del España - Portugal en el auditorio de Castrelos

El equipo de limpieza la mañana siguiente del España - Portugal en el auditorio de Castrelos / Alba Villar / FDV

Para la mayoría, la flexibilidad del servicio es clave. «Solemos venir a trabajar en la temporada de verano para tener un empleo durante las vacaciones. Como está unido a las fechas de los conciertos y demás, tampoco es una jornada fija de lunes a viernes; son fechas señaladas que se reparten bien y se compaginan con el resto de las vacaciones», explican.

El equipo de limpieza valora también las condiciones frente a otros sectores. «No estás trabajando de cara al público, te puedes poner tu propia música mientras trabajas, es al aire libre y, mientras no sea un día de muchísimo calor en el que los primeros rayos de luz aprietan, consideramos que es mejor que estar en momentos de estrés todo el rato», comentan.

Trabajar en el mismo lugar donde unas horas antes se celebraba la fiesta puede jugar malas pasadas. «Sí, incluso tenemos algún compañero que ha sido parte de la propia celebración y, bueno, él mismo ya se ha cuidado de no ensuciar mucho», asume con humor uno de los limpiadores.

El trabajo diario en el parque no solo deja ingresos, sino también una profunda concienciación. «Indudablemente, antes estaba menos concienciado que ahora», confiesa uno de los jóvenes operarios. «De hecho, ayer estuve aquí y fue bastante curioso porque me fijaba en cómo la gente tiraba las cáscaras de pipas y me fastidiaba bastante. A mí en particular sí me ha cambiado, y estoy seguro de que a más de un compañero también. Ahora, cuando venga a Castrelos, me cuidaré de traer una bolsa para llevar mis desechos a la basura cuando salga y tener un poco más de empatía con los limpiadores del día siguiente».

A media mañana, el marcador vuelve a ponerse a cero. Las gradas de Castrelos recobran su aspecto habitual gracias al esfuerzo de un equipo joven que, sin llevarse los aplausos de la afición, gana su partido diario contra la basura.

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