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Feria del libro en Vigo

Isaac Pedrouzo, escritor: «El indie dejó de ser una forma de hacer música para convertirse en una etiqueta»

El ourensano presenta y firma en Vigo su David y Claudia, como la canción de Los Planetas, una obra literaria que no se entiende sin la música

El escritor Isaac Pedrouzo.

El escritor Isaac Pedrouzo. / Brevebretema

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Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Vigo

Isaac Pedrouzo y su hermano tienen un bar en Ourense, el Torgal, al que llevan a grupos y solistas que eligen con buen criterio. Son propuestas alternativas al mainstream, lo que antes podría llamarse indie. Por allí aparecen artistas que parten de la nada y se hacen a sí mismos, algunos abocados al ostracismo y otros que inevitablemente acaban convenciendo a las masas (véase cuando actuó allí Nathy Peluso). Pero Isaac, además de estar ligado a la música, también es escritor. Este martes estará firmando en Vigo David y Claudia, una historia de amor plagada de referencias para nostálgicos de cuando en los pubs podía escucharse a Pulp o a Los Planetas. Lo hará de 18.00 a 20.00 horas en la caseta de Plasson e Bartleboom.

El título del libro procede de una canción de Los Planetas. ¿Por qué los eligió a ellos?

Quería contar una historia de amor desde la música. Desde el principio tuve claro que la banda sonora debía formar parte del relato y por eso decidí ambientarlo en el Madrid de principios de los 2000, cuando se produjo la explosión de la escena alternativa en España. Durante el proceso de documentación apareció David y Claudia y enseguida vi que encajaba. Los Planetas representan como pocos aquel momento y, además, era un título con fuerza.

La novela desprende cierta nostalgia por aquella época. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor en la música?

No. Esta historia podría haberse contado en los años ochenta con la Movida madrileña o en los setenta con Led Zeppelin. Elegí los 2000 porque coincidieron con mis dieciocho o diecinueve años y les tengo un cariño especial, pero no creo que fueran mejores que el presente. También me interesaba reflejar el nacimiento, el auge y la transformación de un movimiento cultural.

En la novela también habla de la evolución del indie. ¿Deberíamos resignificar esa palabra por el uso que se le da hoy en día?

El indie nació como una forma de trabajar, no como un estilo musical. Eran grupos que se autogestionaban, grababan sus discos y los distribuían por su cuenta. Con el paso del tiempo la palabra dejó de definir esa manera de hacer las cosas y pasó a convertirse en una etiqueta musical. No creo que el indie haya cambiado; lo que ha cambiado es el significado del término.

¿Perdió relación con el underground?

En la época de la que habla el libro ambos conceptos iban de la mano. Era un movimiento que nacía en locales de ensayo y salas pequeñas, muy ligado también a determinadas inquietudes sociales. Con el tiempo la industria fue separando ambos mundos y convirtió el indie en un género más.

Hoy surgen fenómenos musicales que movilizan a millones de personas. ¿Experimentamos algún que otro delirio colectivo?

Creo que la calidad es algo profundamente subjetivo. Siempre pongo el ejemplo de Los Planetas. Fueron mi grupo favorito y, sin embargo, seguramente eran una de las peores bandas que he visto en directo. Aun así conseguían emocionar a miles de personas. La música, igual que la literatura o el cine, no depende únicamente de la técnica, sino de lo que consigue hacer sentir a quien la escucha.

¿Existe entonces el buen o el mal gusto?

No me corresponde decidirlo. Cada persona tiene sus preferencias y eso no las convierte en mejores o peores. Puede que alguien disfrute de artistas que a mí no me interesan en absoluto y eso no significa que tenga mal gusto. Simplemente vivimos la música de manera distinta.

¿Qué le interesa escuchar actualmente?

Lo mejor de esta época es el acceso a prácticamente toda la música del mundo. En muy poco tiempo puedo descubrir artistas completamente diferentes entre sí. Lo que busco son propuestas originales, que me sorprendan. No necesito encontrar otra banda que suene como The Smiths; ya tuve esa experiencia. Prefiero escuchar algo que me haga sentir algo nuevo.

En la novela alternan las voces de David y Claudia. ¿Le resultó difícil escribir desde la perspectiva de una mujer?

Sí. Mi editora me hizo ver que ambos personajes hablaban igual y tenía razón. Tuve que leer mucho, escuchar y documentarme para construir una voz diferente. No es sencillo ponerse en la piel de una persona del sexo opuesto, pero era un reto necesario para que el personaje resultara creíble.

Claudia aborda cuestiones muy íntimas relacionadas con el cuerpo femenino. ¿Cómo preparó ese personaje?

Escuchando mucho y preguntando. Cuando escribes un personaje tienes que prestar atención a lo que te cuentan los demás y asumir que hay experiencias que no conoces. Conté con la ayuda de mi editora y de personas cercanas para comprobar que esa mirada era verosímil. Fue un ejercicio muy enriquecedor y creo que todos deberíamos intentar comprender con más frecuencia la perspectiva del otro.

Las estadísticas indican que cada vez se lee más. ¿Comparte esa sensación?

Sí. Evidentemente hablo desde mi entorno, pero sí percibo que en los últimos años muchas personas han vuelto a los libros. Me parece una noticia muy esperanzadora y, además, necesaria. Siempre digo que los libros y la música nos permiten llegar a lugares a los que de otra forma nunca llegaríamos.

En la solapa del libro se define como "un personaje feliz". ¿A qué se refiere?

Es una pequeña broma. A lo largo de mi vida he hecho muchas cosas distintas y he pasado por momentos muy buenos y otros muy difíciles. Siempre he sentido que era un personaje dentro de una película. Tardé más de cuarenta años en sentirme plenamente feliz, pero por suerte acabé consiguiéndolo.

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