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UN LOCAL HISTÓRICO

El pub de la movida busca relevo

Vagalume no es solo un pub: es una de las pocas leyendas vivas que resisten de la Movida viguesa. Tras casi medio siglo de historia, su último dueño cierra una etapa al frente de un local que, cuando todavía se llamaba Satchmo, ya era parte del latido nocturno de la ciudad

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Vigo

Manuel Fernández Alonso se convirtió en propietario del pub Vagalume en el año 1993, aunque no fue el primero en ponerse al frente de este local. Antes de su llegada, este pequeño establecimiento situado en la calle Joaquín Loriga ya acumulaba una historia propia, una de esas que ayudan a explicar una parte de la noche viguesa.

En un primer momento se llamó Satchmo. Era un local de jazz en el que se reunían jóvenes vigueses, sobre todo, para hablar de música. Cuentan diversas fuentes, entre ellas el propio Miguel Costas, que una de aquellas noches en las que el local estaba a rebosar apareció un joven que acababa de tener un siniestro total con su coche. Entonces, un grupo de chavales —los mismos que después formarían una de las bandas más emblemáticas de la música de los ochenta— pensó a la vez: «qué buen nombre para un grupo». Así nació Siniestro Total.

«Antes de ser propietario, también fui cliente. El Satchmo era el local donde todos nos reuníamos», recuerda Manuel. Criado en la calle Provincial de Vigo, se define como una persona alternativa, amante de los coches, de las motos, del fútbol y de la música de los ochenta. Sobre cómo decidió hacerse con el traspaso del local, lo explica con naturalidad: «Principalmente fue por mi hermano Toñi. Él necesitaba tener un proyecto que lo animase en aquella etapa de su vida. Yo trabajaba en la estación de autobuses y, ya cansado de esa vida, decidí hacer lo que realmente me gustaba». Ahí comienza la historia del Vagalume de Manuel.

Manuel Fernández, en una imagen de archivo tras la barra del pub.

Manuel Fernández, en una imagen de archivo tras la barra del pub. / FdV

«En un primer momento formábamos el equipo mi hermano Toñi, un compañero de la estación que se llamaba Alfredo y yo. Entre los tres creábamos en el local una noche mágica cada día que pasaba», cuenta con nostalgia. Para él, cada noche en el Vagalume tenía algo distinto, imprevisible. «Así es el ocio nocturno, te sorprende cada día», resume.

Es verdad que el local ya tenía nombre en la noche viguesa antes de que Manuel asumiera las riendas, pero la clientela de estas últimas décadas se la ha ganado él con constancia, cercanía y oficio. «El Vaga es un local de padres e hijos, incluso de abuelos; ahora ya vienen los nietos», dice. Y no le falta razón. Buena parte de quienes lo frecuentan hablan de Manuel como una persona afable, de conversación fácil, uno de esos hosteleros que acaban siendo parte del propio atractivo del lugar.

«El Vaga es un local de padres e hijos, incluso de abuelos; ahora ya vienen los nietos»,

Él, sin embargo, prefiere rebajar el protagonismo. «Creo que al final mucha gente viene por el ambiente que hemos creado entre todos. Aunque yo sea el que está detrás de la barra, la atmósfera es un trabajo en equipo que construimos todos los que estamos allí», explica, quitándose mérito.

Después de 33 años al frente de su querido Vagalume, Manuel ha decidido despedirse. «Creo que mi etapa aquí ya ha terminado. El ciclo ha acabado. ¿En algún momento tenía que terminar, no?», bromea entre risas. Su intención no es bajar la persiana definitivamente, sino delegar el pub, que alguien con su misma ilusión lo coja. Pero tampoco quiere esperar eternamente. Cuando cumpla la edad de jubiliación, dará por cerrada su etapa al frente del local.

El Vagalume ha sido escenario de muchos momentos y de muchas vidas. Desde aquella anécdota que dio nombre a Siniestro Total hasta las primeras partidas de billar o futbolín entre padres e hijos, o entre amigos recién conocidos en la barra. Es, en cierto modo, un pequeño tesoro: uno de los pocos testigos que quedan de aquel Vigo ochentero, de aquella ciudad obrera, joven y desbordada de ganas de comerse el mundo.

Por allí han pasado, de una forma u otra, nombres y corrientes culturales de una ciudad que hervía. Desde Atlántica a Rompente, desde Aerolíneas Federales hasta Silvia Superstar. El pub Vagalume conserva algo de todo aquello. Un local que su último dueño, Manuel, define con una expresión que lo resume todo: «el local de la linda juventud».

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