Formación
Vigo, más que un lugar para aprender español: el comienzo de 143 historias internacionales
Más de un centenar de jóvenes de en torno a unas 25 nacionalidades diferentes cierran una nueva edición de un curso marcado por la preocupación por la guerra, anécdotas inolvidables y el sueño de construir un futuro en España

Pablo Hernández Gamarra / Jose Antepazo / Edgar Melchor
Muchos jóvenes llegan cada año a Vigo para aprender castellano. Otros, lo hacen además para comenzar una nueva vida. Entre ellos, hay estudiantes internacionales que han dejado atrás conflictos armados, incertidumbre política y a sus seres queridos con la esperanza de que un idioma sea la puerta de entrada a la universidad y a un futuro mejor o, simplemente, para vivir una nueva experiencia.
Este viernes, la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidade de Vigo acogió el acto de clausura del programa LCA (Lengua, Cultura y Adaptación a la Universidad Española), impulsado por Campus Spain en colaboración con la propia universidad viguesa. Un total de 143 estudiantes de unas 25 nacionalidades diferentes pusieron fin a un curso que, para muchos, ha significado más que únicamente aprender un nuevo idioma. El programa cosecha un gran éxito y cada año cuenta con mayor participación. Además, contempla una amplia variedad de actividades culturales que refuerzan la experiencia inmersiva.
Palestina, Irán, Siria, Egipto, Túnez, Indonesia, Malasia, India o Emiratos Árabes Unidos son algunos de los países de origen de unos alumnos que, en su mayoría, rondan los 20 años y comparten un mismo objetivo: acceder a grados, másteres o formación profesional en centros educativos españoles. «Nuestro objetivo siempre es que se quede el mayor número de estudiantes en Vigo, que además es una ciudad que les gusta mucho», proclama Macarena Martínez, coordinadora de Campus Spain. El curso ofrece dos modalidades: la anual, de septiembre a junio, y la semestral, de enero a junio. La primera opción contó con 117 graduados y acredita un nivel B2 de español; la segunda, con 26 titulados, un B1.
La labor de la organización se extiende más allá del aula y acompaña al alumnado en todo momento. Desde los complejos trámites burocráticos, como la homologación de documentos en sus países, hasta asesoramiento académico y personal. «Estamos en constante revisión de nuestros alumnos para asegurarnos de que están bien. Para mí, uno de los objetivos es que mis estudiantes estén felices y se sientan respaldados», apunta Martínez.
Un estudiante, una historia
Detrás de cada expediente académico, hay historias personales muy diferentes. Durante los últimos meses, el conflicto entre Irán e Israel hizo que algunos estudiantes vivieran momentos verdaderamente complicados. Nima Shahriyari y Tara Shafaroodi, ambos iraníes, pasaron semanas sin poder contactar con sus familias. «Es difícil no tener contacto con tu familia y tus amigos y no recibir ni un solo mensaje durante más de un mes», relata Nima.
«No podemos volver a Irán. Aunque me gustaría en un futuro, quiero aprender cómo trabajar en otro país, especialmente en España», comenta Tara. Según cuenta la coordinadora, ambos alumnos vivieron la situación con mucha preocupación por cómo les iba a afectar la inseguridad y la ausencia de noticias. «En este caso concreto, son dos estudiantes excelentes que lo llevaron muy bien, pero no podían ni siquiera saber si sus familias estaban bien o no», explica.
El palestino Ibrahim Abdel entiende ese sentimiento. «La guerra está mal, ojalá que todo vaya a mejor. Estoy muy triste por lo que está pasando. Mi familia está bien, pero siempre hay peligro y nadie está a salvo», lamenta. Además de a sus seres queridos, Ibrahim echa de menos a sus pacientes, ya que trabajó como fisioterapeuta durante cuatro años en su país. «No me planteo volver porque no puedo», se apena el palestino, que seguirá formándose como fisioterapeuta en Pontevedra. Hay algo que hace que su situación se endulce: las elaboraciones de una pastelería que está cerca de su casa. «¡Me encantan!», expresa.
La nacionalidad no es lo único que úne a los dos estudiantes iraníes. Aunque vivían en distintas ciudades, pero relativamente cerca, se conocieron en Vigo y actualmente son pareja sentimental. Él quiere estudiar Odolontología o Farmacia en Santiago y ella, Gestión de construcción en Barcelona. «Me parece que podemos viajar mucho», valora Tara con la esperanza de ver a su novio.
Hamza Miskeen y Omar Karim llegaron desde Egipto. Amantes del deporte, destacan como momento memorable su paso por los equipos de fútbol vigueses. «Jugamos en el Gran Peña Fútbol Club durante dos meses y fue una bonita experiencia», recuerda Omar, quien «quería venir a España desde pequeño». «Para mí, el español es la mejor lengua del mundo para hablar», añade.
La intención de ambos es quedarse en el país. Omar iba a estudiar arquitectura en Sevilla, pero finalmente está valorando quedarse en Vigo. Hamza, viajará a Madrid para formarse como terapeuta y jugar en el Club Deportivo Leganés, con la aspiración de convertirse en futbolista profesional. Pese a que subrayan que echan mucho de menos a sus amistades y familiares, «tenemos 20 años y hay que hacer cosas diferentes y vivir experiencias nuevas».
La turca Deniz Kiraz tiene intención de seguir aprendiendo castellano en Sevilla y «trabajar en un futuro como socióloga en una ONG». «Aprendí también sobre distintas culturas porque en nuestro curso hay gente de muchos países diferentes. Por ejemplo, en Ramadán hay personas que nos invitaron a su casa y comimos juntos todas las noches. Por un mes, está prohibido comer por las mañanas. Fue una buena experiencia», rememora.
«Me encanta Vigo», resume Ulviyya Kasanova, de Azerbaiyán. Por eso, aunque su intención era estudiar Gestión de empresas en Valencia, sopesa continuar su formación en la ciudad olívica. Su compañera Shahd Masrani considera que «la experiencia fue genial». «Soy de Siria, pero vivía en Emiratos Árabes y la situación allí está bien, pero en España es más tranquila y me encanta porque hay más naturaleza», especifica. Apunta que conoció a «gente muy simpática», un pensamiento compartido muchos de los estudiantes. «La gente de Galicia es muy agradable, amable y cariñosa. También las chicas... pffff», confiesa Hamza en referencia a la belleza femenina gallega.
Samil y Vialia, entre los lugares favoritos
Los estudiantes destacan la belleza de Vigo y sus lugares. Los más sonados como favoritos fueron Samil y el centro comercial Vialia, «porque tiene muchas cosas en el mismo lugar y podemos hacer nuestras compras», tal y como argumenta Nima Shahriyari.
«Para ser honesto, me gusta el Vialia. Es mi segunda casa porque es donde voy al gimnasio y compré muchas cosas allí», comenta Hamza Miskeen. Su compañero Omar Karim concuerda con él y destaca que la playa de Samil y su entorno «es increíble». «¡Samil es la ostia! Para mí es el mejor lugar aquí», expresó.
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