Galerías históricas
El túnel de Beiramar cumple 30 años
Horadar la fachada marítima de Vigo entre Cánovas del Castillo y Montero Ríos supuso todo un reto
El 6 de julio de 1996 el coche del alcalde, entonces Manuel Pérez, estrenó los 1.200 metros del que entonces era el mayor túnel urbano de España, el de Beiramar. El subterráneo supuso una profunda revolución del tráfico en la fachada litoral viguesa entre Cánovas del Castillo y Montero Ríos. Treinta años después, y con un tránsito de más de 40.000 vehículos diarios, aguarda otra gran transformación: su ampliación hasta la calle Coruña y la peatonalización en superficie con un espacio ajardinado que borre la frontera entre el puerto y la ciudad.
El túnel fue el primer hito de aquel ambicioso macroproyecto de «Abrir Vigo al Mar». Las tres administraciones implicadas -Concello, Autoridad Portuaria y Zona Franca- se tendieron la mano en una obra titánica que supuso una inversión de 3.000 millones de pesetas (equivalentes a unos 35 millones de euros actuales). Se excavaron 50.000 m³, se movilizaron 65.000 m³ de hormigón y 6.000 toneladas de acero. El resultado: un subterráneo de 1,2 km de longitud, 5 metros de alto y casi 18 de ancho con un peso de 185.000 toneladas. El interior se recubrió con un millón de ladrillos vitrificados, en los que se combinaron los colores blanco —para ganar visibilidad— y azul en referencia al oleaje marino.
Las obras se extendieron casi dos años, aunque la previsión era que concluyesen en la primavera de 1995. Sin embargo, el terreno no puso fácil el trabajo a las palas: granito, antiguos rellenos, una maraña de viejas canalizaciones y problemas con la estabilidad en los edificios del entorno. El túnel se sumerge hasta 8 metros bajo el nivel del mar y se sitúa a apenas 20 metros de la línea de costa, por lo que los autores del proyecto -Marcos Pantaleón y Juan José Arenas- tuvieron que diseñar un complejo sistema de impermeabilización y drenaje para evitar las filtraciones.
El subterráneo se extendería hacia Teis años después, con un ramal de enlace con la AP-9. Se prolongó otros 900 metros hacia Sanjurjo Badía, con una inversión que se elevó hasta los casi 25 millones de euros.
Antes del paseo en coche inaugural del alcalde, vecinos de Vigo y alrededores pudieron atravesar a pie o en bicicleta el túnel de Beiramar en los días previos a su apertura oficial al tráfico. «He oído hablar tanto de él que tenía que venir a verlo y, la verdad, no me esperaba tanto. Es una obra inmensa», alababa uno de los visitantes en la crónica de FARO. Entre ellos, una pequeña curiosa preguntaba a su padre: «¿Y cuándo pasaremos con el coche?».
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