Movilizaciones
Dos semanas en huelga de hambre para protestar contra la política social del Concello de Vigo
Juan Miguel Carollo ha perdido «unos seis kilos» desde que inició la reivindicación
Reclama una mayor atención a las personas en situación de vulnerabilidad

Una vista del Concello de Vigo. / Marta G. Brea
Juan Miguel Carollo está a punto de cumplir dos semanas en huelga de hambre frente al Concello de Vigo. Se trata de una protesta para denunciar lo que considera una falta de respuesta de los servicios sociales municipales y reclamar una mayor atención a las personas en situación de vulnerabilidad. Tal y como asegura, continuará con la movilización pese al deterioro físico que, según afirma, ya ha comenzado a sufrir.
El activista destacó que desde el inicio de la reivindicación ha perdido «unos seis kilos» y que, debido a su diabetes, únicamente ingiere agua, zumos y café. Carollo sostiene que, hasta el momento, no ha recibido ningún contacto por parte del gobierno local vigués. «No ha habido respuesta de la administración. La misma respuesta que hay siempre: ninguna», señala.
El manifestante permanece instalado en la Praza do Rei desde el pasado 15 de junio. Su intención inicial era protestar dentro de un ataúd como símbolo de la «agonía» que, bajo su punto de vista, atraviesa la política social del Concello de Vigo. Sin embargo, tras no recibir autorización para ello y bajo la amenaza de retirarle sus pertenencias, decidió iniciar una huelga de hambre tres días después, el 18 de junio. Afirma que no abandonará la plaza ni pondrá fin al ayuno hasta obtener una respuesta a sus reivindicaciones y que todavía tiene fuerzas para seguir. «No me voy a marchar, mentalmente es como si hubiera venido ayer», confiesa.
Con esta acción, Carollo pretende visibilizar las dificultades que afrontan muchas personas con problemas económicos o en riesgo de exclusión social. «Esto es poner en la puerta del Ayuntamiento lo que ocurre en muchas casas ocultas. Cuando una persona tarda semanas o meses en recibir una ayuda para comer o para pagar una habitación, se queda sin comer en su casa o en un portal», explica.
Entre sus críticas también figura el cierre de la antigua nave abandonada de Pescanova, que había servido como refugio para personas sin hogar. Considera que el desalojo se produjo sin ofrecer alternativas suficientes. «No puedes cerrar un local a cal y canto y no dar solución a esa gente. Lo único que haces es repartir el problema por toda la ciudad», argumenta.
A su vez, cuestiona el funcionamiento de los servicios sociales municipales, denunciando demoras de hasta dos meses para conseguir una cita con una trabajadora social y retrasos en la resolución de las ayudas. «A mí me encantan las luces de Navidad. Lo que quiero es que se ponga el mismo empeño en ayudar a la gente que el que se pone en otros proyectos de la ciudad», concluye.
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