Plagio inteligente
El reto de la universidad gallega ante la IA, «pasar de la sospecha a la orientación»
El grupo interuniversitario de Integridad Académica aboga por políticas institucionales claras sobre su uso y la formación de profesores y estudiantes

Alumnos de la UVigo, en un aula de la Facultad de Ciencias Jurídicas y del Trabajo. / ALBA VILLAR
La inteligencia artificial ya forma parte del día a día académico y abordar su uso se ha convertido en todo un reto. El grupo de Integridad Académica, formado por investigadores de las tres universidades gallegas y que analiza esta cuestión en la comunidad desde 2024, defiende la necesidad de políticas instituciones claras sobre la utilización de esta herramienta para prevenir el plagio inteligente, así como la formación de docentes y estudiantes.
«La IA generativa ha entrado en la estructura académica, la búsqueda de información o la elaboración de trabajos y materiales. Y nosotros analizamos hasta qué punto las universidades gallegas están ofreciendo marcos claros para orientar su uso, prevenir malas prácticas, diseñar una correcta evaluación y acompañar tanto al alumnado como al profesorado. La clave es que la IA no elimina la responsabilidad académica, sino que la hace más necesaria. Es decir, el reto no es perseguir al alumnado, sino enseñarle a usar estas herramientas con criterio, transparencia y honestidad. La prohibición no es realista. La universidad debe pasar de la sospecha a la orientación», defiende Jorge Soto, investigador del área de Teoría e Historia de la Educación de la UVigo y coordinador de estos trabajos en el grupo de Integridad Académica.
Las tres instituciones gallegas, añade, están empezando a tomar medidas: «Estamos en la media de las universidades españolas. Los profesores están preocupados y quieren actuar con rigor. Ahora mismo hay mucha voluntariedad y algunos son autodidactas, pero necesitan formación y criterios comunes. Y los alumnos deben tener claro para qué pueden usar la IA y para qué no y cómo se les va a evaluar. Hay que enseñarles a convivir con ella. Y todo esto requiere políticas institucionales, son fundamentales».
De lo contrario, los riesgos a los que se enfrenta la universidad son que el estudiante «deje de pensar o argumentar por sí mismo», la pérdida de la autoría o la desigualdad, ya que quienes no dominen estas herramientas pueden quedarse atrás.

El profesor e investigador de la UVigo Jorge Soto. / DUVI
«El uso de la IA no necesariamente es plagio. Pero no se puede delegar en una herramienta todo el proceso crítico que conlleva el paso por la universidad. Utilizarla como atajo puede debilitar el aprendizaje. Y cuando se recurre a ella, se debe declarar. Hay tres elementos claves, la transparencia, la responsabilidad y la contribución intelectual real del estudiante», sostiene Soto.
Precisamente, uno de los estudios realizados por el grupo por encargo de la Xunta detectó que el alumnado gallego «percibe la utilidad de la IA, sobre todo, para sintetizar información, resolver problemas complejos o para reflexionar sobre un uso responsable, pero aún no tiene nada claro que favorezca la honestidad académica o la conciencia ética en los trabajos en equipo».
Tercer informe
Los investigadores ya están trabajando en un tercer informe financiado por el Gobierno gallego que se centrará en los sistemas de evaluación de los profesores en títulos del ámbito educativo como los grados de Infantil y Primaria, Educación Social o Pedagogía y el máster de Secundaria. «Nuestra metodología de trabajo se basa en entrevistas, grupos focales y cuestionarios que nos permitan conseguir el mayor número de datos para hacer un diagnóstico de lo que está pasando. Queremos conocer cómo tienen en cuenta la IA en la evaluación y la cultura de la integridad desde la mirada del profesorado. Y, al final, elaboraremos unas guías de tareas y rúbricas para los docentes, así como una serie de recomendaciones institucionales para las autoridades académicas», explica Jorge Soto.
Los profesores gallegos ya han empezado a revisar sus formas de evaluar: «A lo mejor hay que introducir el examen oral o el intercambio de ideas entre docente y alumno para saber si realmente ha trabajado los contenidos. Hay gente que ya empieza a trabajar así o se lo plantea, por ejemplo, con los trabajos finales de grado y máster».
El objetivo final de todas las investigaciones desarrolladas por el grupo de Integridad Académica es clarificar la situación actual y proponer medidas a las tres instituciones públicas gallegas y a la Xunta. «Es muy grave que la IA no permita a un alumno pensar críticamente. Poner en riesgo algo tan serio como el pensamiento supone un ataque directo a la línea de flotación de cualquier universidad. Proponemos ideas que pueden ayudar y esto es también nuestra forma de aportar a la sociedad», concluye Soto.
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