Tragedia en Venezuela
Justo Paiva, el cura de La Guaira que enviaron a Vigo: «Estoy rebuscando en mis recursos espirituales y en mi inteligencia emocional para no morirme yo con las víctimas»
«No hay respuesta que satisfaga plenamente la inteligencia. Estamos ante un misterio, el del sufrimiento y la muerte de los inocentes», dice el sacerdote. Su receta al no encontrar respuestas es aferrarse a la fe

Pablo Hernández Gamarra
La noche que trascendió que Venezuela acababa de sufrir dos graves terremotos, el cura Justo Paiva estaba inquieto. No lograba conciliar el sueño y el pensamiento parpadeante de tener que madrugar contribuía a su desvelo. Inquieto, miró su teléfono y leyó un mensaje de un conocido: «cayó una antena, hubo un sismo». ¿Cómo?, pensó. Se adentró en internet para saber más y se topó de frente con una tragedia que tenía como escenario principal el estado en el que tanto tiempo había pasado, La Guaira.
Paiva, que ahora pasa el día rezando por los suyos, consolando a compatriotas y orientando sobre cómo ayudar desde aquí, recuerda que eligió la zona cero de la tragedia por su cariz de pobreza. Descubrió que quería dedicarse a la vida sagrada cuando estudiaba tercero de Economía y se lanzó sin pensarlo al Seminario. «Estuve siete años bajo el cuidado del rector, Samuel García, que era de Sanxenxo. Me ordené y desde el 98 trabajé en mi país», cuenta. Un año más tarde vivió la Tragedia de Vargas (nombre anterior del estado), uno de los peores desastres naturales del país que provocó hasta 25.000 víctimas mortales. Estos días revive las sensaciones, pero desde la distancia. En el 2020 lo enviaron a la diócesis de Tui-Vigo por falta de vocaciones. Es responsable de la parroquia de Trasmañó (Redondela), supervisa los cementerios municipales, ejerce de vicario en Chapela y es capellán del Meixoeiro. «Soy el primer extranjero en el clero diocesano de Vigo», apunta.
Cuando supo lo que había ocurrido trató de contactar con sus allegados, pero no recibió respuesta. Se incorporó y se acercó a la capilla para empezar a rezar. Al rato logró conectar y pudo saber que su familia de sangre había sobrevivido. Estaban en shock y no sabían si sus viviendas iban a mantenerse en pie. «El golpe fuerte fue en mi diócesis. Yo estaba chateando con una amiga y tras los sismos no volví a saber de ella. Al poco me informaron de que su edificio se había desplomado. Dos de sus hijos murieron», añade. También perdió al padre de su ahijada. «Me puse como un erizo, estoy intentando cuidar la salud mental y no sobreinformarme porque ya tengo la piel en carne viva. Tengo que rebuscar en mis recursos espirituales y de inteligencia emocional para no morirme yo con ellos», lamenta.
Celebra la ayuda que llega de forma incesante de varios países del mundo. «La esperanza se apaga a medida que pasan los días», dice. Él está en contacto con los curas de La Guaira, que durante los primeros días se dedicaron a trasladar cadáveres para evitar epidemias. Ahora los posibles rescates se complican. «Hoy es el día del patrón allí. Se reunieron en Caracas para trazar un plan de acción y gestionar la ayuda. Cáritas está funcionando muy bien y desde España enviaron 300.000 euros para atender a las víctimas», señala.
Perder la fe ante un desastre
Desde los terremotos Paiva recibe a venezolanos que buscan consuelo. «Si no se tiene una fe muy grande, se naufraga. Yo quise ayudar en lo material y en lo espiritual», dice. Para él, no termina todo con la tragedia porque cree en la vida eterna. «Hay un Dios justo y quienes ayudan son recompensados», afirma. Sin ir más lejos, desde Chapela recibió donaciones de fieles que le pidieron expresamente que se asegurase de que su ayuda llegaría cuanto antes.
¿Y qué pasa con los que dejan de creer al ver sus vidas desmoronadas? «No hay respuesta que satisfaga plenamente la inteligencia. Estamos ante un misterio, el del sufrimiento y la muerte de los inocentes. El caso es que creemos en la vida eterna: hay que aferrarse a la fe», contesta el sacerdote.
Cómo ayudar
El cura de Trasmañó indica que se pueden hacer donativos a Cáritas en la cuenta de Abanca ES27 2080 5000 6230 4025 0250, poniendo de concepto Emergencia Venezuela. Además, invita a asistir a una misa por las víctimas en la Inmaculada, el domingo 5 a las 12.30 horas.
Hace una reflexión final sobre el significado de la generosidad en estos casos: «Hay que dar hasta que nos cueste hacerlo. No desechar simplemente ropa que ya no usamos, dar con esfuerzo».
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