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Referencia en ciencias marinas

La Ecimat de la Universidad de Vigo cumple 20 años como infraestructura científica singular y de excelencia

La Estación de Toralla, que el Gobierno ya identifica como plataforma observacional crítica, da servicio a los 200 investigadores del CIM y atrae a científicos de todo el mundo

La Ecimat del CIM-UVigo cumple 20 años

Alba Villar

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Sandra Penelas

Sandra Penelas

Hace 20 años que el mar llegó al campus y los investigadores dejaron de acarrear agua hasta sus laboratorios gracias a una infraestructura singular y de excelencia que ya forma parte «del consorcio internacional de avance de las ciencias marinas». La Ecimat da servicio a los más de 200 investigadores del Centro de Investigación Mariña (CIM), que en 2026 celebra su décimo aniversario, y sus instalaciones punteras atraen a científicos de todo el mundo.

La Estación de Ciencias Marinas de Toralla es una de las infraestructuras europeas EMBRC y ya está identificada por el Gobierno central «como una plataforma observacional crítica». En los últimos años se ha complementado con una instalación de mesocosmos única en la costa atlántica europea y una de las pocas del mundo situada en una zona de afloramiento costero; un buque oceanográfico, el primer barco profesional construido en España con propulsión híbrida enchufable y que realizará sus primeras campañas de prueba este verano; y una batea experimental en Aldán que en breve dispondrá de un ROV submarino que permitirá, a través de la red 5G, observar en tiempo real el desarrollo del mejillón.

«Todo esto es el resultado del trabajo de mucha gente a lo largo de mucho tiempo. El mundo es cada vez más competitivo pero estamos en el grupo de cabeza de centros que destacan por su singularidad y su excelencia. Y ahora mismo la Ecimat tiene un gran potencial de futuro», destaca Daniel Rey, director del CIM durante los últimos ocho años.

Disponer de una infraestructura de este calibre ha multiplicado el éxito de la UVigo en las convocatorias de investigación, incluso compitiendo con otros centros europeos que multiplican su financiación. La captación de fondos anual ronda los 5 millones de euros y sus trabajos sobre acuicultura, criopreservación, biodiversidad, observación y oceanografía, efectos del cambio climático o contaminación marina se sitúan entre los de mayor impacto en la comunidad científica. «La Ecimat es una pieza clave que ha permitido todo este desarrollo de la investigación a nivel internacional», celebra Rey.

La Estación de Toralla, que ha estado dirigida sucesivamente por Ricardo Beiras, Jesús Troncoso y José Manuel García, surgió del «impulso» de la Facultad de Ciencias del Mar, que demandaba unas instalaciones que redujesen los 15 kilómetros que separan al campus de la ría. Y permitió a sus investigadores disponer de laboratorios con agua marina «en condiciones prístinas» captada a diez metros de profundidad.

«A partir de ahí se fueron ejecutando nuevos elementos en función de sus necesidades, pero también se desarrolló un cuadro de apoyo científico-técnico de muy alto nivel. Muchos de estos profesionales hicieron la tesis en la UVigo y han desarrollado su carrera en la Ecimat con muchísimo éxito. Han tenido un espacio amplio para hacer propuestas con independencia que ayuden a resolver los problemas de los científicos cuando diseñan un experimento. Y esta sinergia también ha sido muy importante», añade.

Un investigador del laboratorio especializado en criobiología marina de la Ecimat.

El investigador Adrián Meis, en el laboratorio especializado en criobiología marina de la Ecimat. / Alba Villar

Tras su creación en 2016, la Ecimat es parte del Centro de Investigación Mariña (CIM), uno de los diez incluidos en la red Cigus de la Xunta. Su «corazón» está en el sótano, donde se encuentran los sistemas de filtración y bombeo que permiten servir a los laboratorios cuatro tipos de agua: filtrada, cruda, y a dos temperaturas. Y además todo el sistema de tuberías que recorre las instalaciones está duplicado para garantizar en todo momento la seguridad de los experimentos con seres vivos.

Estas capacidades han permitido logros notables sobre contaminación marina o recursos de gran interés económico para Galicia como el pulpo y el mejillón. Y también en los campos más recientes de la recuperación de la biodiversidad en colaboración con el Puerto de Vigo o la criopreservación. Gracias a esta línea liderada por Estefanía Paredes, la UVigo anunciaba recientemente el primer protocolo para criogenizar medusas en el mundo. En 2025 ya consiguieron otro hito internacional al lograr preservar mejillones juveniles, el organismo al completo de mayor tamaño hasta el momento. Y actualmente siguen mejorando el método para reducir la dependencia del sector a la hora de reclutar semilla en el medio natural.

La excepcionalidad de la Ecimat se sumará al futuro complejo de la ETEA completando el polo de la UVigo en ciencias marinas. «Allí no se podría replicar nada igual porque la calidad del agua no tiene nada que ver con la que captamos desde Toralla. Es una zona más encajada, hay más emisarios vertiendo y llega más agua dulce de las riadas. Se moverán los laboratorios de observación y los de la facultad desde el campus, pero la parte de cultivos y el mesocosmos seguirán aquí y además se necesitará todo ese espacio que quede libre», explica Daniel Rey.

El mesocosmos está a pleno rendimiento desde 2022 y, con el agua captada de la ría, permite replicar las condiciones naturales o anticipar las del futuro manipulando las condiciones de temperatura, salinidad, pH o nutrientes para estudiar los efectos del calentamiento o las mareas rojas. Entre las últimas mejoras tecnológicas destaca un innovador sistema de hélices que reproduce el movimiento natural del agua para evitar la sedimentación de los organismos y evita el uso de burbujas de aire, que pueden interferir en los experimentos.

Esta infraestructura de calidad «llama la atención» más allá de nuestras fronteras y permite atraer talento y colaboraciones internacionales. El verano pasado acogió una campaña internacional liderada por Emilio Fernández y el grupo de Oceanografía Biológica en la que científicos de varias instituciones europeas como el EMBL se desplazaron hasta Vigo para estudiar las olas de calor y el potencial papel inhibidor de las praderas marinas frente a las mareas rojas.

Y, en las últimas semanas, han recibido a una docena de investigadores de España, Grecia, Italia, Francia, Finlandia y EE UU para participar en un experimento dirigido por Pablo Serret dentro del proyecto europeo IRSCC, que analiza los efectos del cambio climático y las posibles medidas de mitigación.

«Tenemos la infraestructura para respaldar retos europeos como estos, así como currículos sólidos y madurez científica y también el apoyo técnico humano. Todo ello nos permite ser capaces de ejecutar iniciativas internacionales y de excelencia», subraya Rey.

Tanques de cultivo de erizos.

Tanques de cultivo de erizos. / Alba Villar

También hay avances tecnológicos importantes en relación a la batea experimental de Aldán. Tras las pruebas realizadas en la instalación de mesocosmos, en julio se instalará un vehículo submarino no tripulado (ROV) que se opera de forma remota a través de 5G: «Lo hemos desarrollado en colaboración con una empresa de Vigo y ya hay gente formándose para manipularlo. Además de realizar las tareas de mantenimiento, permitirá a los investigadores hacer observaciones en tiempo real. Por ejemplo, a los que estudian las condiciones en las que se produce el descuelgue de mejillones de las cuerdas de cultivo, una de las preocupaciones de los bateeiros. Y además con acceso a datos de sensores de profundidad, salinidad, temperaturas o turbidez».

La «siguiente evolución» ha dotado a los investigadores de un barco oceanográfico propio híbrido enchufable, el B/O CIM UVigo, con un radio de acción de 20 millas. Se une a las otras tres embarcaciones de menor tamaño y realizará sus primeras campañas de prueba este verano. «Tiene dos impactos muy grandes. En primer lugar, a nivel institucional, Galicia dispone de un barco que puede actuar con inmediatez en caso de un vertido o cualquier otro accidente. Y, en segundo lugar, nos permite diseñar y solicitar proyectos tanto nacionales como internacionales contando ya con un oceanográfico propio y evitando solicitudes de campañas que tienen esperas de 2 o 3 años. Nos dará ventajas a la UVigo y a toda Galicia», enfatiza.

Tanto la Ecimat como las infraestructuras y servicios que la complementan, ayudarán a retener y captar el talento que garantice la renovación generacional y la transmisión del conocimiento. El propio CIM cuenta también con un programa para apoyar a los jóvenes investigadores y que conformen sus propios grupos.

Daniel Rey, que dejará en breve la dirección del CIM, confía en que el nuevo equipo de gobierno continúe apoyando de forma significativa las ciencias marinas. Y marca como uno de los objetivos potenciar la relación con las empresas: «Ya se están rompiendo estas barreras como los doctorados industriales, pero debemos acercarnos más para que la ciencia tenga un impacto claro en los sectores productivos. Es un orgullo haber podido formar parte del desarrollo de la Ecimat y dejarla en una posición para que pueda seguir creciendo».

Un experimento internacional para mitigar el cambio climático

Durante las últimas dos semanas, el mesocosmos exterior de la Ecimat ha sido escenario de un experimento internacional en el que han participado doce investigadores de varios países europeos y de EE UU dentro del proyecto europeo IRSCC, que analiza los efectos combinados del aumento de la temperatura y la alcalinización de los océanos, una medida de mitigación del cambio climático, en las comunidades planctónicas marinas.

Los trabajos están coordinados por el investigador del CIM Pablo Serret y los resultados se compararán con los obtenidos por el HCMR de Creta para conocer la respuesta de los organismos en ecosistemas tan diferentes y así facilitar su extrapolación a escala global.

La alcalinización permitirá almacenar dióxido de carbono procedente de actividades industriales en el agua del mar manteniendo su pH natural. La viabilidad de este proceso ya se ha demostrado a nivel químico pero el mesocosmos exterior vigués, el único equipado con un sistema de monitorización continua y un sistema de mezcla que simula las condiciones naturales del océano, ayudará a determinar si esta estrategia puede afectar o no a las comunidades planctónicas, la base de la red trófica marina.

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