Autopista del Atlántico
20 años de la gran victoria ciudadana contra la AP-9: así fue la lucha por el fin del peaje de Rande de los vecinos de O Morrazo
La Plataforma Antipeaxe lideró las movilizaciones desde 1998 a 2006 con marchas, debates y pagos «peseta a peseta» con un amplio consenso social, político y empresarial: «Era como se estivesemos secuestrados»
Sus portavoces creen que la transferencia no solucionará los problemas como la concesión y recuerdan que debe liberarse el de Redondela

Manuel Méndez, Modesta Riobó y Xesús Cancelas, ante el puente de Rande / Gonzalo Núñez

«Rande une, a peaxe discrimina», rezaba una de las pancartas que portaban los autobuses de transporte público entre Vigo y Moaña a principios de siglo. En pleno debate sobre la prórroga de la concesión hasta agosto de 2048 y la transferencia de la titularidad a la Xunta de Galicia, se cumplen dos décadas de la gran victoria ciudadana contra la Autopista del Atlántico. La que puso fin desde la madrugada del 22 de mayo de 2006 al pago en las cabinas para acceder a la península de O Morrazo.
Al frente de las movilizaciones no estuvieron políticos ni patronal, sino los vecinos.«Aquillo que había na ponte era unha fronteira de pago», explica Manuel Méndez, presidente de la Plataforma Cidadá pola Supresión da Peaxe, que popularmente se resumió como «Antipeaje» aunque ellos no querían ser «anti nada». «Non era o que che custaba, 150 pesetas ao principio. Entrar no Morrazo custaba parar e pagar, era como se estivesemos secuestrados», rememora. Las movilizaciones se prolongaron desde 1998 con acciones de todo tipo: mesas redondas con alcaldes de distinto signo político, reuniones con Rajoy, Fraga —«con esta gente no me interesa la foto, váyanse», les espetó en San Caetano— Feijóo y representantes de Vigo y Pontevedra.
Este maestro compartió cargo con Modesta Riobó y Xesús Cancelas Franco, aunque curiosamente no era uno de los miles de trabajadores, estudiantes o empresarios que debía sufrir este pago en cada jornada. «Foi unha batalla larga pero nos sabíamos que as que se ganan son as que non se abandonan», asume mientras apunta a la ola de solidaridad que fue rebasando el tejido asociativo de la comarca hacia el resto de Galicia.
Empresas como Frigoríficos do Morrazo, Transportes La Unión o Rodman colaboraron económicamente con ellos, especialmente con la gran fiesta por la supresión del peaje ya que se cifraba en 6 millones anuales el ahorro logrado. En ella se entregaron réplicas del puente de Rande de Sargadelos a más de 130 personalidad que los apoyaron durante esos años.
En sus palabras de agradecimiento guardan un recuerdo especial para FARO. «Fixo unha labor importantísima, tiñan que negociar que se puxera nunha páxina de Galicia porque en Vigo non se enteraban e valía para que o leran en Santiago», rememora sobre los compañeros de la Delegación del Decano e ilustradores como Gogue o Luis Davila. Este apoyo decidido de la prensa local contrastó con televisiones autonómicas o medios nacionales, que solo se sumaron cuando ya se confirmó la inminente gratuidad.
Marchas con niños y visitas al cuartel y juzgados
Las imágenes de aquellos años hablan por sí solas. Las siete marchas ciudadanas a pie desde A Xunqueira hasta Domaio, con «4.000, 5.000 o 10.000 persoas, isto haino que seguir mantendo», se repetían en convocatorias a las que acudían a pie, caballo, cochecito de bebé o incluso con bastón de guía. Las pegatinas que adornaban los vehículos, todavía con la matrícula «PO» en sus iniciales. Y especialmente las caravanas con el pago «peseta a peseta» capaces de bloquear por completo el puente de Rande y sus accesos mientras los conductores depositaban la calderilla en la bolsa de plástico que le ofrecían los trabajadores de la concesionaria.

Así fueron las movilizaciones de O Morrazo y la victoria contra el peaje de la AP-9 / Gonzalo Núñez
«Había que ter algo de aplomo e moita contención», rememora sobre como la Guardia Civil «nos chamaban de todo» y había hasta ocho antidisturbios esperando por ellos en las cabinas de peaje. Algunos como Víctor Pastoriza y Antonio Sangabriel fueron arrestados y llevados al cuartelillo. «Procurábamos facer un atasco impresionante, éramos 40 os que participábamos, era incríble ver a caravana», rememora sin dejar de agradecer el apoyo legal de los abogados que les ayudaban. En cada manifestación empleaban unos diez minutos pagando, por lo que comprendían que hubiera muchos conductores «moi cabreados», pero para ellos ir por Redondela «era unha hora perdida, non unha alternativa» al pago.
A comienzos de siglo vivieron dos jarros de agua fría: la prórroga hasta el 23 de agosto de 2048 por parte del Gobierno de Aznar, ahora declarada ilegal por la Comisión Europea, y la privatización de las autopistas de ENA cuando daban beneficios al Estado. «A reacción foi fatal, foi un paso atrás», rememora sobre cuándo se conoció la noticia. Aunque se llegó a un preacuerdo con la Diputación para que los vecinos de O Morrazo pasaran gratis, las quejas del resto de municipios frenaron esa posibilidad.
La llegada a la Xunta del bipartito presidido por Emilio Pérez Touriño y las buenas relaciones con la entonces conselleira de Infraestruturas, María Xosé Caride, hicieron posible el acuerdo con el Ministerio de Fomento de la también socialista Magdalena Álvarez. Aquella madrugada hubo gaitas, brindis y decenas de abrazos. «Por fin gratis, gracias a tod@s» rezaba la pancarta con la que recibieron al Opel de la moañesa Noemí Calvar, primer afortunada en cruzar la barrera. Eso sí, hubo quién recogió lo que otros sembraron. El RD 633/2006 incluyó la gratuidad para los usuarios del tramo A Coruña-A Barcala, de mucho menor tamaño y controversia que el caso pontevedrés.

Así fueron las movilizaciones de O Morrazo y la victoria contra el peaje de la AP-9 / Gonzalo Núñez
Desde entonces ambos cuentan con un peaje en la sombra por el que Audasa sigue facturando y la administración pública sigue pagando, si bien las cuentas pendientes no terminan ahí. Méndez recuerda el agravio que sufren los vecinos de Redondela por el peaje de Barcala, en el otro extremo del viaducto, y cuyo coste alcanza ya los 1,25 euros. «Dixeron mil veces que a ían a suprimir, nin os do PSOE nin do PP o fixeron. Non ten sentido ningún», rememora Méndez.
Y aunque fue la mediación del gobierno autonómico la que hizo posible la «reparación de una injusticia», tal y como la definió Touriño, no ve clara la transferencia. «Non significa nada, o Goberno central é o que ten que asumir os costes e que a Xunta regule o uso simbólicamente», añade mientras apunta que no le importaría una cifra simbólica por circular, lejos de los precios actuales.
A pesar de que la opinión pública y todo el arco parlamentario exigen la gratuidad de la AP-9, aquellas imágenes de hace un cuarto de siglo parecen más lejos que nunca. La última manifestación en pleno centro de Vigo, convocada por una veintena de asociaciones, apenas reunió un millar de personas. Y en las cabinas la gente prefiere pagar y circular que repetir aquellas protestas.
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