Catástrofe
Venezolanos en Vigo: «Los bomberos están levantando ladrillos uno a uno con las manos y llevan los uniformes rotos. No hay equipos de emergencias»
La comunidad vinotinto que reside en la ciudad está con el corazón en un puño y la vista puesta al otro lado del charco. Nadie es ajeno a la desgracia del terremoto.

Lucía Feijoo Viera
El sol no salió para todos este jueves en Venezuela. El país está empezando a levantar escombros, poco a poco, casi sin medios, con las manos. El peor terremoto en su historia desde 1967 acabó, por el momento, con la vida de al menos 589 personas, y hay casi tres mil heridos. El estado de La Guaira es el más afectado, pero también Caracas, la capital.
Los compatriotas que están en Vigo no piensan en otra cosa. Son alrededor de 3.800 empadronados, aunque la cifra real es mucho mayor. Tras ponerse en contacto con los suyos (los que pudieron), pasan las horas actualizando los canales de información. Es el caso de Reina Maita, que tiene allí a una gran parte de su familia. «Todavía no pude hablar con mis padres y no sé en qué condiciones están ni nada», lamenta. Solo sabe a través de sus dos hermanas que viven, pero no como se encuentran. «No tenemos mucha información, las comunicaciones son muy complejas», añade. Tuvo la suerte de que su núcleo familiar no perdió la vida, aunque están en el aire sus viviendas, pues hay muchos edificios en peligro de derrumbe.
En este sentido, Ana Sara Lera, otra venezolana en la ciudad explica que muchas infraestructuras van a necesitar revisión antes de volver a ser habitadas. «La cuestión es a dónde va a ir todo el mundo». Su hermano vive en un bloque de pisos y, cuando ocurrió la tragedia, llamó de inmediato a su esposa, que por suerte no estaba en casa en ese momento. Otros familiares tuvieron suerte porque residen en el rural, donde se protegieron escapando hacia las fincas.
Así como los hogares se vuelven peligrosos, lo mismo ocurre con algunos hospitales, que están al borde del colapso. «Es un dramón porque muchos no están ni en pie. La presidenta dice que va a habilitar todos, públicos y privados, pero la clave es que directamente ya no existen», advierte.
En los centros estabilizados obligaron a los familiares de los hospitalizados a abandonar, dejándolos solos. Las habitaciones desaparecieron como concepto dando paso a una estampa de camas en cada esquina, todas ocupadas.
Otro de los factores que juegan en contra de la sociedad venezolana es la falta de servicios de emergencias. «Los cuerpos de bomberos están prácticamente trabajando con las uñas. Utilizan sus manos para levantar ladrillos uno a uno. No hay cuerpos de rescate, llevan los uniformes totalmente rotos y algunos van sin botas», lamenta Maita. Achaca parte de la tragedia a una falta de previsión: «Era algo que se sabía que podía pasar, lo de las placas tectónicas no es nuevo. No hubo medidas para anticiparnos».
Además de los daños humanos, Reina cuenta que el esposo de su hija, que tenía planeado reunirse con ella en Vigo en las próximas semanas, quizá no pueda salir del país. El aeropuerto internacional está destrozado y las comunicaciones colapsadas.
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