Ciberdelitos
Un vecino de Vigo pierde 6.000 euros en minutos: alertan a los bancos para que «extremen la seguridad» ante las ciberestafas
La Audiencia de Provincial de Pontevedra condena a una entidad a restituir a un cliente la cantidad estafada tras clonar el número de teléfono y la web real
Se trató de un sofisticado ciberfraude, pues el hombre comprobó en Google que el número desde el que lo llamaban correspondía con uno oficial, pero era una suplantación

La sentencia firme del caso la acaba de emitir la Sección Sexta de Vigo. / Marta G. Brea

Con la banca online dominando el sector financiero, las estafas informáticas campan a sus anchas. Y cada vez son más sofisticadas. Un vecino de la zona de Vigo lo sufrió en primera persona. Tras recibir una llamada a su teléfono móvil de una persona que se identificó como empleado del Servicio de Atención al Cliente de su entidad advirtiéndole de unas operaciones fraudulentas en su cuenta, el hombre inicialmente desconfió y su interlocutor, para tranquilizarlo, se ofreció a telefonearlo desde un número fijo del banco. Efectivamente, dicho número, según comprobó inmediatamente en Google, se correspondía con unas oficinas que la entidad tiene en A Coruña. A continuación, le enviaron por SMS unas claves que le llegaron al chat oficial con el que se comunicaba habitualmente con la entidad. Ante esas evidencias, el hombre no dudó en realizar las operaciones que le indicaron al otro lado del teléfono. Pese a las prevenciones y a que aquello parecía una comunicación real de su banco, todo era en realidad una estafa: perdió, en apenas minutos, la friolera de 6.091 euros.
Este caso protagoniza una sentencia que ya es firme, la que acaba de emitir la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Pontevedra, con sede en Vigo, que confirma la condena a dicho banco a pagar a su cliente la cantidad exacta, con intereses, que le sustrajeron los ciberdelincuentes. La entidad responsabilizaba al demandante, defendiendo sus sistemas de seguridad y argumentando que fue él quien realizó y autorizó personalmente las operaciones, incurriendo por ello, argumentó, en negligencia grave. Pero la jueza que vio el asunto en primera instancia, la titular del antiguo Juzgado de Primera Instancia número 14 de Vigo, y los magistrados del órgano provincial en un fallo emitido este mismo junio no aprecian dicho descuido.
Confianza
Al contrario de los que sostenía la entidad, en estas resoluciones se concluye que el hombre, que estuvo representado por el abogado vigués Miguel Freire Estévez, operó «en la confianza de que estaba recibiendo instrucciones del personal de su entidad bancaria», por lo que, advierten los magistrados, corresponde al banco condenado «extremar las medidas de seguridad para evitar que sus clientes puedan ser sorprendidos tras recibir comunicaciones que aparentemente son realizadas por su banco», sin que sea suficiente la realización de «campañas genéricas» informativas alertando de este tipo de fraudes. Estos avisos a los bancos, instándoles a ser más diligentes, ya se recogen en otras sentencias sobre esta materia emitidas en la ciudad olívica.
En este caso, los ciberdelincuentes actuaron con «evidente pericia», clonando o suplantando números de teléfonos y webs reales, lo que motivó que el cliente, pese a sus sospechas iniciales, se fiase de la información facilitada. Se creó una «falsa apariencia» de que la comunicación verbal y el SMS al chat habían sido realizados por el banco, cuando en realidad quien estaba detrás de todo era un «tercero defraudador».
Tras comprobar que había sido víctima de un fraude, el afectado llamó de forma inmediata al banco, informándole los trabajadores con los que se puso en contacto que intentarían anular las operaciones que escondían las inconsentidas órdenes de transferencia, pero ya no fue posible porque eran de efecto inmediato. Este proceder del hombre fue clave. «El actor fue extremadamente diligente en su actuación. El mismo día de la llamada recibida se puso en contacto con la entidad bancaria y solicita su revocación. Al día siguiente acude a interponer la correspondiente denuncia ante la Guardia Civil», exponen los jueces.
Incluso daño moral
Lo cierto es que las sentencias que obligan a las entidades bancarias a asumir su responsabilidad en casos de fraudes digitales son habituales y, junto a restituir el dinero a los clientes, hay casos en los que se ha condenado también por daño moral. Y es que, a no ser que se acredite una negligencia grave en el proceder del afectado, es el banco quien tiene la responsabilidad, según el marco normativo y legal vigente sobre esta cuestión.
Y la problemática no es baladí. Los ciberdelitos se dispararon en los últimos años, especialmente las estafas informáticas. A lo largo de 2025 en Vigo se presentaron 2.915 denuncias policiales y en el primer trimestre de este 2026 ya van 819, un 7% más que en el mismo período del año anterior. Por ahora, estos fraudes no han tocado techo. Los timos bancarios son muy habituales, pero también abundan los fraudes que se cometen a través de webs de compraventa de todo tipo de artículos u otras modalidades, como la también frecuente estafa del hijo en apuros. La Policía Nacional asestó recientemente un golpe a una organización criminal que logró timar casi 100.000 euros a una sexagenaria: uno de los cooperadores de la banda, a los que se denomina «mulas», fue detenido en Vigo.
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