Adiós a un negocio histórico
«Arrivederci» Nicola: uno de los restaurantes italianos pioneros de Vigo apaga el horno tras casi medio siglo de éxito
Un clásico de la hostelería viguesa como es el restaurante Nicola dirá adiós el último domingo de junio para disgusto de los amantes de la cocina italiana. Abierto en Pi y Margall, a escasos metros de Peniche, desde el verano de 1980, durante todo este tiempo ha sabido adaptarse a las circunstancias y reinventarse. «Mereció la pena», concluye su responsable, Assunta Raimo.

Assunta Raimo Castro, delante del restaurante Nicola, en Pi y Margall. / Pablo Hernández Gamarra

A mediados de la década de los 70 del siglo pasado, eran muchos los que anhelaban un cambio político en España que se activó con la muerte en noviembre de 1975 del dictador Francisco Franco, esperada por tantas familias. Dos de esas personas eran Nicola Raimo y Lola Castro, un napolitano y una coruñesa que se conocieron como emigrantes en Suiza, donde residían, aunque queriendo abrir una nueva etapa en tierras españolas. En mayo de 1976, con sus hijos, aterrizaban en Vigo para iniciar una nueva vida en la rúa Pi y Margall, donde abrieron primero un supermercado y, en julio de 1980, lo que entonces era una cafetería que llevaba el nombre de Nicola y que daba con las consumiciones pinchos de pizza.
Fue unos meses después cuando Nicola Raimo, que había sido chef en Suiza, fue preguntado por dos médicos que vivían en un piso sobre su negocio si les prepararía comida, lo que llevó al napolitano a lanzarse a la aventura de convertirse en restaurante italiano de la mano de su mujer, seguramente no imaginando que en 2026 el proyecto seguiría en pie, algo que ha hecho posible su hija Assunta Raimo Castro, que en 1994 tomó las riendas del negocio junto a su marido Esteban.
«Mi madre se puso un poco regular y decidió traspasarlo, yo trabajaba como secretaria en el Diario 16 y mi marido en el restaurante como cocinero. Y como le tenía mucho cariño al negocio porque me crié aquí y ayudaba muchísimo a mis padres, nos quedamos con él», explica Assunta, contando cómo los clientes la recordaba con su uniforme de Carmelitas, colegio del barrio en el que estudiaba.
Sin embargo, cuando están a punto de cumplirse 46 años de esta maravillosa aventura, toca apagar el horno y poner el punto y final este próximo domingo 28 de junio. «Creo que nos vamos por la puerta grande, necesitamos tiempo para disfrutar de la familia, descansar porque hemos trabajado mucho, pero mereció la pena», comenta emocionada la hostelera. Explica que han sido varios los factores que han llevado a tomar esta decisión: «La enfermedad de Pili lo precipitó todo, dejó el listón demasiado alto». Se refiere Raimo a su compañera de viaje empresarial desde 2017, cuando Pili entró en el negocio como ayudante de cocina con vistas a aprender de Esteban y coger su relevo por la jubilación de este, algo que se produjo en 2018.
«Fue una gran compañera e hicimos un equipo maravilloso, empezamos nuestra locura las dos junto con Tania, que era camarera», destaca Assunta. Pero entonces, en 2020, llegó la pandemia y todo cambió, aunque el Nicola supo reinventarse aprovechando su experiencia de muchos años tanto con los encargos que los clientes recogían en el local como con las entregas a domicilio de la mano de las plataformas que ahora se ven por todas partes, pero que hace unos años eran una anécdota.
«Ya en los 80 venían las familias con las ollas de casa y cuando empezaba lo de Just Eat, Uber o Glovo, mi hijo me habló de ellas y nos animamos. Por eso en la pandemia, cuando dijeron que se podía preparar comida para llevar, trabajamos muchísimo ayudados también por Fede, el hijo de Pili», explica la responsable del Nicola.
La eliminación de las restricciones y la vuelta a la normalidad no supuso, sin embargo, que el restaurante volviese a funcionar como antes del covid, ya que la atención presencial nunca se recuperó, manteniéndose solo abierto para recoger pedidos en el local o el reparto a domicilio. «No volvimos por cansancio y porque nos daba más calidad de vida, pero la gente siguió respondiendo muy bien», indica Assunta, con una carta que se ha mantenido estable en este casi medio siglo, con platos estrella como la picatta, las pizzas, la lasaña o las pechugas de pollo rellenas.
Con discreción, estos días Assunta prepara los últimos encargos de su clientela, «de la que hemos conocido cuatro generaciones». Por eso, no esconde «cierta pena» por bajar la persiana, pero a la vez se muestra orgullosa del camino realizado, «más en un sector como este». No le disgustaría, eso sí, que dado que no habrá relevo en la familia, alguien se animase a coger el testigo manteniendo la filosofía de un restaurante que, aunque ahora puede parecer un italiano más, en su momento sirvió para abrir el camino de internacionalizar la gastronomía en Vigo junto a otros pioneros como el Chicote, Il Chetto o La Bella Napoli. Con épocas peores y mejores, el Nicola ha sido siempre una garantía para la familia Raimo Castro. Ahora, le toca decir arrivederci.
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