Entrevista | Juan Gavín Dermatólogo
«Es mucho mejor usar autobronceador que exponerse al sol»
Lo de usar productos para ponerse moreno quizá no suena saludable, pero el experto asegura que es más peligroso adquirir color de forma natural o en soláriums

El dermatólogo Juan Gavín. / Pedro Mina
Los bronceadores de farmacia o supermercado están de moda. La mayor concienciación sobre los daños que puede provocar la exposición solar sobre la piel obligo a buscar alternativas. El dermatólogo Juan Gavín constata esta tendencia y explica que no es tan malo como quizá parece.
¿Cómo valora el incremento del consumo de autobronceadores?
Está habiendo un incremento en el uso de este tipo de productos precisamente porque la gente se protege más del sol, pero quiere mantener un aspecto bronceado. Lo que aparentemente puede parecer una mala noticia, realmente es buena. Este repunte está motivado porque la sociedad es más consciente de que tiene que tomar el sol con precauciones y de que el moreno en sí mismo no es algo beneficioso. Lógicamente, ahí empieza a expandirse un mercado de agentes que imitan el color de la piel.
¿Es médicamente preferible antes que la exposición directa al sol?
Si lo situamos en una gradación, el sol real es necesario. Es importante tener fotoexposición porque, además de ser inherente a muchas funciones biológicas necesarias como la síntesis de vitamina D, también importa para el ánimo, los biorritmos diarios y la gestión hormonal del organismo. El problema es que tomado en exceso tiene una serie de riesgos respecto al cáncer de piel y al fotovejecimiento a largo plazo. Actualmente la esperanza de vida ha aumentado mucho y las personas vivimos muchos años. En un contexto en el que lo razonable es tener una expectativa de vida de 80 o más años, si no hemos cuidado bien la piel ante la exposición solar a lo largo de nuestra vida, nos vamos a encontrar con estos problemas al llegar a la vejez.
¿Qué recomendaría para exponernos en verano?
La recomendación es tomar el sol con ciertas precauciones. Lo más importante es no quemarse, entendiendo por quemadura ya el momento en el que nos ponemos rojos o sentimos molestias; ahí hay un primer grado mínimo que es el eritema y eso habría que evitarlo. Por supuesto, si la piel llega a pelar, eso ya indica que vamos mal. Esas quemaduras episódicas y recurrentes son las que se pueden llegar a asociar con el cáncer de piel. Para una exposición recreacional, como ir a la playa, es fundamental el fotoprotector. Por otra parte, para la fotoprotección crónica —esa que vemos incorporada en productos cosméticos—, el objetivo es evitar el envejecimiento cutáneo provocado por la radiación ultravioleta mantenida.
Se entiende que el solárium fatal también
Las lámparas de radiación ultravioleta están totalmente desaconsejadas y actualmente están prácticamente descartadas. Eso era como coger el problema y exponerse a él todavía en mayor concentración. El solárium ya no se utiliza para nada como se utilizaba antes; no es una alternativa sostenible a largo plazo. Una cosa es una persona que va al solárium dos veces en su vida porque tiene una boda o un evento concreto, pero utilizarlo como una estrategia para mantenerse moreno no es viable porque el daño supera con creces al beneficio.
¿Cómo actúan exactamente los autobronceadores en nuestra piel?
Actúan en un nicho donde no incrementan los índices de melanina, sino que consiguen el color mediante la tinción de la capa córnea, que es la más superficial de la piel. La mayor parte de estos productos llevan dihidroxiacetona (DHA) o sustancias derivadas que oxidan esa capa superficial y le dan ese aspecto marrón característico. Hay que tener en cuenta que realmente uno no está moreno, sino, por así decirlo, «pintado». Por eso muchas veces el aspecto no es del todo natural si se utiliza durante mucho tiempo o de forma sostenida, ya que puede acabar dando un color anaranjado por un exceso de reacción cutánea al producto. Tampoco están exentos de causar irritaciones, sequedad o problemas de mal olor, pero desde luego no son potencialmente problemáticos como una quemadura solar.
¿Existe alguna contraindicación o norma de uso que no sea tan conocida por el público general?
Sí, algo que conviene dejar claro es que los autobronceadores no son buenos si se combinan con el sol justo después de ponerlos. Si se aplica el producto y la persona se expone inmediatamente al sol, no es positivo, porque se puede generar más estrés oxidativo y un mayor fotovejecimiento debido a que la piel capta más calor. De utilizarlo, lo conveniente es aplicarlo por la noche y separado de la exposición solar directa.
Pasando a otras zonas del cuerpo, la cabeza es una de las grandes olvidadas. ¿Es suficiente la protección que ofrece el propio cabello?
Es muy interesante utilizar medidas de protección física en la cabeza, que deberían ser siempre la primera opción. No solo por el efecto de la radiación ultravioleta en la piel —que si el pelo es denso y tupido es mínimo, aunque si hay alopecia por supuesto que es obligatorio protegerse—, sino también por el fotovejecimiento capilar. El pelo, sobre todo el oscuro, sufre bastante con el sol y la fibra puede alterarse. Básicamente, si necesita protegerse la cara, probablemente también necesite proteger el pelo, por lo que la fotoprotección física es la alternativa más razonable.
¿Y en el caso de los ojos? ¿Sufren también con la exposición directa?
Desde el punto de vista dermatológico, las gafas de sol son una herramienta muy útil. A veces vemos en consulta a personas que usan gafas de sol constantemente, manteniendo protegida físicamente la zona periocular, y el día que no las llevan sufren quemaduras en esa área. La gafa actúa como una fotoprotección física fundamental para la piel del párpado y los alrededores del ojo. Además, evita que hagamos gestos continuados como fruncir el ceño o entornar los ojos cuando el sol es molesto. Ese es un gesto que una persona que trabaja al aire libre puede sostener durante horas y que, a largo plazo, condiciona un mayor aspecto de envejecimiento. Por tanto, es una recomendación dermatológica muy clara.
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