Entrevista | María Pilar López Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales
«Isaac Fraga fue el empresario de espectáculos más importante de España durante décadas»
Fraga fue dueño del teatro García Barbón, el Tamberlick, el cine Odeón y el cine Fraga, promovido por él mismo. Trajo a la ciudad la primera película con sonido, pero también se preocupó de llevar los filmes al rural de la comunidad. Mª Pilar López, doctora en Ciencias Económicas y profesora jubilada de la UVigo, recorre ahora su vida en un libro que presentará el próximo jueves en la Sede del Círculo de Empresarios

Alba Villar
Cuando Isaac Fraga recorría los pueblos de Galicia con la intención de proyectar películas había quien pensaba que el villano saldría de la pantalla y atacaría a los vecinos. Asustados, cogían piedras y las lanzaban contra los muros o las sábanas sobre las que se veía la imagen. La figura de este carballinés, vigués de corazón, es clave para entender la llegada del cine a la ciudad, pero también de toda una industria del espectáculo que en aquellos principios del siglo XX era ejemplar en el país.
—¿Por qué Isaac Fraga fue una figura tan importante para Vigo?
—No solo para Vigo, sino para Galicia y una buena parte de España. Fue un empresario visionario y un auténtico referente en el mundo del espectáculo. En Vigo llegó a gestionar varios cines y, además, tuvo un interés especial por dotar a la ciudad de un gran teatro-cine de primer nivel. Para ello buscó a los mejores profesionales de la época. Contrató, por ejemplo, al arquitecto madrileño Luis Gutiérrez Soto, especializado en salas cinematográficas, y juntos recorrieron Galicia para incorporar al proyecto elementos de inspiración regionalista. El resultado fue el Teatro Cine Fraga, un edificio emblemático al que decidió dar su propio apellido porque se sentía profundamente identificado con la obra.
—¿Cómo logró reunir la fortuna necesaria para levantar un proyecto de esa envergadura?
—Lo cierto es que no regresó de América convertido en un hombre rico, como ocurrió con otros emigrantes. Marchó muy joven a Argentina, donde trabajó primero en La Pampa, en condiciones bastante duras. Más tarde se trasladó a Buenos Aires y allí descubrió el cine, que estaba dando sus primeros pasos. Cuando regresó a España trajo algunos ahorros, pero no una gran fortuna. Comenzó como exhibidor ambulante, transportando el proyector a caballo y recorriendo pueblos. Más adelante pudo comprar un carro, lo que ya supuso una mejora importante. Fue creciendo poco a poco, gracias al esfuerzo personal, a decisiones empresariales arriesgadas y a una extraordinaria intuición para los negocios.
—¿Cómo reaccionaban aquellos que nunca antes habían visto una película en movimiento?
—Sin duda. Solía acudir a los pueblos coincidiendo con las fiestas patronales. A veces utilizaba una pared encalada como pantalla y otras colocaba una simple sábana. Hay anécdotas muy curiosas. En algunas proyecciones, cuando aparecía el villano de la película, algunos espectadores llegaban a lanzarle piedras a la pantalla para intentar acabar con él. Después había que reparar los desperfectos antes de continuar la sesión. Hay que pensar que estamos hablando de los primeros años del siglo XX. La gente estaba acostumbrada a la fotografía fija. Aquello era un auténtico acontecimiento, especialmente en el ámbito rural.
—¿De dónde obtenía los filmes?
—Existían ya algunos distribuidores, aunque el sector estaba todavía naciendo. Las películas eran muy cortas y se proyectaban varias seguidas. Con el tiempo, Fraga no solo exhibió películas, sino que también se convirtió en distribuidor. Desde Santiago gestionaba la llegada de cintas y las facilitaba a otros exhibidores gallegos.
—También fue pionero en la llegada del cine sonoro con El cantor de jazz.
—Sí. El 14 de marzo de 1930 proyectó en el Tamberlick la primera película sonora exhibida en Galicia. Fue una auténtica revolución. Antes del cine sonoro era habitual acompañar las proyecciones con narradores o músicos. Fraga contrataba a estudiantes universitarios para explicar el argumento al público y también incorporaba músicos para crear una atmósfera acorde con lo que ocurría en pantalla. Siempre buscaba ofrecer un valor añadido.
—¿Llegó también a producir películas?
—Sí, aunque fue una faceta más limitada. Durante la Guerra de África envió operadores para filmar a los soldados gallegos destinados allí. Después proyectaba esas imágenes en Galicia y muchas familias acudían al cine para ver a sus seres queridos. Fue una iniciativa muy innovadora para la época, aunque posteriormente centró su actividad principalmente en la exhibición cinematográfica y teatral.
—Era capaz de observar todos los ángulos del negocio, hasta fletaba tranvías para que viniesen desde Baiona a ver cine
—Exactamente. Era un empresario extraordinariamente meticuloso. Por ejemplo, llegó a coordinar servicios especiales de tranvía para facilitar el regreso a casa de los espectadores que acudían desde localidades cercanas como Baiona. Siempre estaba atento a cualquier factor que pudiera limitar la asistencia de público. Tenía una visión empresarial muy avanzada y trataba de anticiparse a las necesidades de sus clientes.
—También era un gran publicista
—Fue un pionero del marketing. Además de anunciarse en la prensa, generaba noticias sobre sus proyectos para conseguir repercusión informativa gratuita. Mantuvo siempre una excelente relación con los periodistas y fue la primera persona distinguida por la Asociación de la Prensa de Vigo por su trato hacia los profesionales de la información.
—¿Qué cree que pensaría al conocer la historia más contemporánea del Teatro Cine Fraga?
—Seguramente sentiría una enorme tristeza. Él cuidó cada detalle del edificio y contrató a los mejores artesanos y especialistas para construir una sala excepcional. Ver su deterioro tuvo que ser doloroso para cualquiera que conozca su historia. Sin embargo, creo que también estaría ilusionado por el proceso de recuperación que se está llevando a cabo. El Fraga fue su gran obra y estaba muy orgulloso de ella. No hay que olvidar que decidió darle su propio apellido.
—Tras estudiar su trayectoria, ¿qué podemos leer en su libro que no está tan estudiado?
—Su capacidad visionaria. Tenía una extraordinaria intuición para detectar oportunidades y adaptarse a los cambios. Pero también destacaría su dimensión humana. Consideraba a sus trabajadores una segunda familia y se implicaba en numerosas iniciativas solidarias, cediendo sus instalaciones para recaudar fondos cuando era necesario. En una ocasión fue definido como «un empresario a la americana», una expresión que reflejaba hasta qué punto se le veía como alguien moderno, innovador y adelantado a su tiempo. La suma de todas esas cualidades explica que llegara a convertirse, durante muchos años, en el empresario de espectáculos más importante de España. Desde comienzos del siglo XX hasta prácticamente el final de su vida, la presencia de Isaac Fraga fue determinante en el desarrollo del cine y del espectáculo en Galicia y en buena parte del país.
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