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Gómez Noya: «Al principio, pensé que tendría que dejar el deporte»

El pentacampeón mundial de triatlón, junto al campeón español de maratón, hablan a los profesionales de la cirugía cardiovascular de su experiencia en la adaptación cardiovascular al esfuerzo extremo

Pedro Nimo (izq.) y Javier Gómez Noya, antes de la conferencia.

Pedro Nimo (izq.) y Javier Gómez Noya, antes de la conferencia. / Pedro Mina

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No es habitual que, en un congreso médico, impartan conferencias deportistas. Tampoco son unos atletas cualquiera. Pedro Nimo es campeón de España de maratón y Javier Gómez Noya, pentacampeón del mundo de triatlón, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres, cuatro veces campeón de Europa... Toda una leyenda que, además, se convirtió «de forma inesperada» y a la fuerza en un experto en el binomio salud cardiovascular y esfuerzo extremo. Este miércoles, hablaron de deporte, corazón y rendimiento en la jornada inaugural del Congreso de la Sociedad Española de Cirugía Cardiovascular y Endovascular, en el Auditorio Mar de Vigo.

Ha dado muchas charlas, pero es el primer congreso médico de Gómez Noya, que considera que tanto él como Nimo tienen «experiencias que compartir con un sector diferente», así como aportar a los sanitarios «un momento de distensión». Hablaron de su experiencia personal con el alto rendimiento y, en particular, el pentacampeón, también abordó su historia y los «diferentes obstáculos» a los que se enfrentó. «Temas de superación y motivación», resume.

«Una anomalía cardíaca me obligó a hacerme experto y viví momentos difíciles», admite Gómez Noya sobre su «atípico inicio» de carrera deportiva. Se refiere a los dos años durante los que el Consejo Superior de Deportes le retiró la licencia para competir tras el diagnóstico de una valvulopatía congénita. «La válvula aórtica es diferente, por así decirlo», explica y detalla que la padece entre un 1% y un 2% de la población. «Hay gente que le puede afectar más, menos o nada. Depende de la evolución y de muchas cosas», cuenta. Él ha estado sometido a controles cardiológicos «cada seis meses, desde hace muchos años», y está «prácticamente igual» que hace 25 años. «Es una buena señal». No tiene ningún síntoma. «Ni en el día a día ni en el rendimiento ni en nada me ha afectado, si no, no habría tenido la carrera que he tenido». De hecho, su corazón bombea más que uno normal. Tiene «un ventrículo izquierdo grande y fuerte», como «cualquier otro músculo que entrenas mucho». Y eso contribuye a su éxito en resistencia.

Claro que hubo un «shock» inicial. «Eres un chaval de 17 o 18 años, tienes tu ilusión en el deporte y los problemas médicos no es algo que esté en tu agenda. Tú te sientes bien y, de repente, te vienen con esto y te asustas», narra. «Al principio pensé que tendría que dejar el deporte», admite. Se lo vieron en un ecocardiograma de control de las categorías menores de la selección española. Fue la federación gallega la que le propuso una segunda opinión de un cardiólogo que hacía triatlón, el doctor Nicolás Bayón, que se convirtió en «un gran amigo y una persona muy importante» en su carrera. «Ante cualquier anomalía o cosa distinta, lo más fácil es decir 'No compitas, tú no hagas nada'. Pero él no lo veía así; decía que con una serie de controles, no veía riesgo; si no, habría tenido que dejar la carrera que he tenido».

Con el apoyo de varios especialistas a nivel mundial, lo que se prolongó fue el embrollo burocrático. Fue «un proceso largo», con «mucha incertidumbre», que le hizo perder «muchas competiciones», pero se congratula de que haya podido supone un cambió para los que le siguieron. «Cada caso hay que estudiarlo de forma individual y con mucho interés», defiende.

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A la ciudadanía en general, le anima a practicar deporte. «Es algo maravilloso y muy beneficioso», pero llama a hacerlo «con responsabilidad y acorde a las capacidades de cada uno». «Veo mucha gente que comete irresponsabilidades como querer hacer un maratón sin casi prepararlo. Hay que ponerse en las manos de un profesional de las ciencias del deporte», aconseja.

Ahora él está entre los que transmite su conocimiento y experiencia, en la base pontevedresa de alto rendimiento de la federación española. Intenta ayudar a las nuevas generaciones «lo máximo posible para que alcancen sus objetivos» y les transmite que «lo más importante es la salud». «El deporte de alto rendimiento, a lo mejor, no es el más saludable, pero es más que llevar una vida sedentaria o no cuidarse».

Esa dosis extra de estrés al que los deportistas de alto nivel someten al cuerpo puede tener sus consecuencias, pero Gómez Noya aún no las padece. «Tengo mis dolorcillos, como cualquiera que haya hecho deporte de alto nivel, pero no me quejo». Sigue entrenando lo que le apetece y participando en pruebas a las que le invitan, como el Yangtze Delta International Triathlon de Shanghái, en el que acaba de quedar tercero. «Pero ya no tengo ese gen competitivo, no me planteo objetivos».

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