Puerto de Vigo
La ría de Vigo, como nunca antes la habías visto: así es Peiraos do Solpor por dentro
El visor submarino de Bouzas abrirá al público en julio para grupos de un máximo de quince personas
Carlos Botana destaca su misión educativa y de conciencia ambiental: «No hay nada igual en el mundo»

Pedro Mina
Peiraos do Solpor ya asoma su recta final. Después de meses de trabajos, ajustes técnicos y una ejecución tan compleja como minuciosa, el Puerto de Vigo prevé abrir al público en julio su gran visor submarino de Bouzas, uno de los proyectos más ambiciosos y singulares de cuantos ha impulsado en los últimos años. La entrada se organizará en grupos reducidos de no más de 15 personas, en una fórmula pensada para compatibilizar la experiencia divulgativa con la seguridad y la propia naturaleza del espacio.
La apertura supondrá el arranque visible de una iniciativa que el presidente del Puerto, Carlos Botana, lleva tiempo defendiendo como emblema de una nueva manera de relacionarse con la ciudad y con la ría: mantener la actividad económica sin renunciar a la regeneración del medio marino, incorporar una dimensión pedagógica y hacer del borde portuario algo más que una frontera física entre el trabajo y el paseo. «No hay nada igual en el mundo», afirma. Peiraos do Solpor no es un simple mirador, sino una declaración de intenciones.
FARO DE VIGO ha tenido acceso al visor antes de su apertura y la primera impresión confirma que el proyecto empieza ya a mostrar uno de sus grandes argumentos: la vida ha regresado —o, al menos, se está acelerando— alrededor de la estructura. En los alrededores del observatorio, donde se sembraron varios arrecifes artificiales para favorecer la colonización y multiplicar refugios, el agua hierve ya de movimiento. Allí pueden verse pintos, morrajas, chopas, lubinas, salpas, caballas, piardas y peces ballesta. Y en estas últimas semanas, además, se han instalado en la zona grandes bancos de alevines de sardina y chincho, un síntoma especialmente relevante porque ese alimento atraerá a su vez a especies depredadoras y consolidará un pequeño ecosistema de enorme valor didáctico y biológico.
Ese era, precisamente, uno de los objetivos de fondo del proyecto: no limitarse a mostrar el mar, sino provocar condiciones para que el mar se recomponga y pueda ser observado en tiempo real por escolares, familias y visitantes. La vocación educativa de Peiraos do Solpor atraviesa toda la iniciativa, que forma parte de la estrategia Blue Growth del Puerto de Vigo. La idea es que las nuevas generaciones puedan entender, casi a la altura de los ojos, qué significa la biodiversidad marina, cómo funciona una cadena trófica o por qué la restauración ecológica puede convivir con la actividad portuaria si se diseña con rigor.

Autoridad Portuaria de Vigo
Carlos Botana lo resume con una frase de Julio Verne —figura que tiene un papel destacado en el proyecto Peiraos do Solpor—: «La belleza del mar solo perdura cuando se comprende, se respeta y se protege». El observatorio fue concebido como una infraestructura única a nivel mundial, al tratarse de un visor submarino realizado íntegramente y de una sola pieza en hormigón, con una camisa interior de acero para garantizar la estanqueidad y la seguridad. Parte de sus elementos se fabricaron fuera del paseo (en Rande y en el astillero Cardama) y luego se fueron ensamblando en Bouzas mediante una operativa muy especializada.
La actuación arrancó con un presupuesto de 5,4 millones de euros, de los que 3,8 millones proceden de fondos Next Generation a través de Puertos del Estado y 1,6 millones de la propia Autoridad Portuaria. Pero la complejidad técnica de la obra obligó después a aprobar una modificación del contrato que elevó el coste en más de 760.000 euros, de modo que el montante global del observatorio y de la plataforma con vistas a las Cíes ronda ya los 6 millones.
El Puerto licitó además una actuación de más de 770.000 euros para dotar al ámbito de suministro eléctrico estable, centro de transformación, grupo electrógeno de emergencia, mejora del alumbrado, saneamiento, reforma del pavimento y aseos públicos. Es decir, no solo se construye un visor submarino; se prepara también todo su entorno para soportar una afluencia elevada y convertir ese tramo del paseo en un nuevo foco ciudadano.
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