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Cultura

La fiebre de los clubs de lectura que da salud a la vida cultural de Vigo

Desconocidos con algo en común o que no tienen nada que ver se juntan cada mes en Vigo para intercambiar pensamientos. El único punto de unión es el libro elegido en sus respectivos clubs de lectura. Se trata de la más deseable de las pandemias: la de apostar el tiempo libre a saber más

Irene Alonso, bookstagramer y líder de un club de lectura en Librouro.

Irene Alonso, bookstagramer y líder de un club de lectura en Librouro. / Pablo Hernández Gamarra

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Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Vigo

En los libros está todo. Todas las vidas vividas y también las que solo pueden existir a través de las letras. Los temores y las alegrías más primarias, pero también las reflexiones y los pensamientos más complejos. Un libro puede conquistar más que una pistola: siempre impacta sobre más personas y las deja marcadas, a algunas de por vida.

Según el último análisis conjunto de la Encuesta estructural a hogares del IGE (2024) y de la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España (2024-2025), la lectura es una de las fortalezas a día de hoy del sistema cultural gallego y uno de los hábitos que presenta una evolución más favorable. Revela que el 64% de la población leyó al menos un libro en el último año, frente al 57,6% de hace una década. Además, según el Ministerio de Cultura, las mujeres son «considerablemente» más lectoras que los hombres, con un 72% frente a un 59%.

Este dato es más visible que nunca en la ciudad: los clubs de lectura son más de una decena y, aunque hay excepciones, la mayoría están compuestos sobre todo por ellas. Hay agrupaciones jóvenes y mayores, ligadas a librerías o conformadas desde las redes sociales. Todas las coordinadoras concuerdan: «Leer está de moda y hay ganas de debatir e intercambiar ideas».

Para este reportaje contactamos con algunas de las que conforman esta red de Vigo, muy autogestionada, pero también participativa. Nuria Camesella tenía muchas ganas de ir a uno de estos encuentros, pero no tenía a su alcance ninguno que encajase con ella, con el que se sintiese identificada. Decidió tomar las riendas y crear uno propio en el salón de su casa, al principio solo con amigas, «¿quién más se apuntaría?», pensó. Como funcionó bien, lo compartió en redes sociales y al día siguiente se despertó con 200 mensajes de personas interesadas en asistir. «Me sorpredió, pero ya no había vuelta atrás. Hice una cuenta y empecé a moverlo un poco, hasta el punto de que ahora estamos a tope y hay lista de espera», explica.

Por motivos logísticos son 20 en cada reunión, aunque no son plazas estáticas. Si a algún miembro no le interesa el libro del mes, puede ceder su asiento. No tienen un lugar fijo, por lo que se reúnen en diferentes locales con un desayuno o un vermú como excusa. «En cada ocasión planteo dos libros para que escojan, aunque suelen ser de la misma temática. Por género, editoriales o novedades», indica. Las propuestas del último encuentro fueron obras que aparecieron en el programa de Henar Álvarez en RTVE, Al cielo con ella.

Las asistentes son casi siempre mujeres. «Está habiendo un boom literario o algo así. Porque ahora todo el mundo está está leyendo, gente que no lo había hecho en su vida y que de repente se interesa por Nora Ephron o Vivian Gornik», opina. «Es una dualidad porque es una moda. Ya no lees porque tengas mucha vida interior, sino porque es tendencia», añade.

Aunque son más femeninos, también hay espacios mixtos. Ejemplo de ello es el club de la tienda Río Lagares, que llevan Xavier Queipo y Cé Tomé. «Vender discos e libros era unha escusa para facer actividades culturais», dice este último. Así, cada sábado tienen diferentes propuestas, desde sesiones DJ, a charlas o un encuentro para comentar libros. Lo lleva Queipo, que es escritor y traductor.

Funcionan un poco diferente al resto. En lugar de escoger una obra, deciden un autor. De esta forma, los participantes pueden leerse el libro que consideren y así obtener reflexiones más amplias en torno a la figura del protagonista. «O facemos así porque da outra forma sempre había alguén que sabía falar moi ben ou que defendía o tema e o resto quedaba un pouco nas sombras», reflexiona. Además, tratan literatura en varios idiomas, para gustos y sin limitaciones.

La última figura seleccionada fue la de Virgina Woolf. Pese a la seriedad de sus obras, Tomé reconoce que siempre suenan risas en los encuentros. «Nós defendemos moito esa idea de que a cultura non ten por que ser aburrida, nin rancia. Ademais que nos gusta que veña xente máis nova, non somos idadistas», dice. «No mundo da cultura ás veces hai un pouco de pose, como de catro señores con barba sentados nunha mesa e non sabes moi ben que fas aí. Estamos totalmente en contra diso», añade. Para complementar su formato, también crearon el Círculo de Lectura. En este cada uno lleva un libro de su elección y lee tres páginas. «Desta forma podemos descubrir novos autores», señala.

Librouro y la bookstagramer

La viguesa Irene Alonso tiene un trabajo diario como profesora de cocina, pero en su tiempo libre lee. Lee mucho. Tanto que hace seis años decidió abrirse una cuenta de Instagram para comentar sus últimas adquisiciones. Hizo un juego de palabras con una de sus obras favoritas, Matar a un ruiseñor, y se llamó @mataraunlector. Empezó a pequeña escala en un nicho que creció exponencialmente en los últimos años y ahora atesora cerca de 80.000 seguidores.

«Crecí en una familia de lectores. Si sacaba buenas notas en el colegio, mi premio era un libro», recuerda. Durante la pandemia, en los tres meses más privativos, se leyó alrededor de 50 libros. Al poco tiempo murió su padre y se encerró en sí misma, así que optó por hablar de lo que leía como vía de escape. Hoy ya alcanzó un nivel en el que las editoriales le envían constantemente sus novedades, para que las reseñe o como obsequio.

Librouro también se puso en contacto con ella. Aunque no fue difícil, dado que Irene es clienta habitual. Le propusieron llevar el club de lectura. Confiesa que nunca le entusiasmaron porque se considera anárquica, pero dio el paso al recibir garantías de que tendría plena libertad para diseñar el proyecto, desde la selección hasta la dinámica de funcionamiento. En su caso elige ella libro y, el grupo, que es el mismo todo el curso, comenta sus impresiones. «Metí autobiografía, una gráfica, una distopía, literatura queer, ficción histórica...». Su intención es que cada propuesta aporte algo diferente.

Su intención es que cada propuesta aporte algo diferente al debate, Próximamente tocará alguno de la Guerra Civil que, confiesa, es su género favorito.

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