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Entrevista | Rafael Sádaba Presidente de la European Association for Cardio-Thoracid Surgery (Eacts)

«Espero que Europa relaje un poco las normas para la aprobación de nuevos dispositivos»

Participa la próxima semana en el XXVIII Congreso de la Sociedad Española de Cirugía Cardiovascular, que se celebra en la ciudad

El doctor Rafael Sádaba.

El doctor Rafael Sádaba. / Cedida

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Al frente de la Sociedad Europea de Cirugía Cardiotorácica (EACTS) está, desde octubre, un español, el jefe de Servicio de Cirugía Cardíaca del Hospital Universitario de Navarra, que la próxima semana participará en el Congreso de la Sociedad Española de Cirugía Cardiovascular y Endovascular, que se reúne en Vigo a más de medio millar de profesionales, juno al XXIV Congreso Nacional de la Asociación Española de Perfusionistas.

En la cita que analizarán el futuro de la cirugía cardiovascular. De hecho, llaman a hacer una reflexión colectiva. ¿Por qué es necesaria?

Fundamentalmente, por dos factores. Uno es la evolución de todo tipo de tratamientos hacia técnicas menos invasivas. Como el uso del robot en cirugía cardíaca, que otros países llevan tiempo haciendo y en España es muy esporádica. Es una revolución que viene y va a ser un cambio en el paradigma. Están también las técnicas transcatéter: en vez de acceder al corazón de forma directa, hacerlo de forma transarterial o transvenosa. Eso es más presente que futuro, pero una revolución en muchos de los tratamientos. El otro factor es la complejidad de las enfermedades y de las personas que tratamos. Cada vez son mayores por el envejecimiento de la población y porque muchas de las afecciones que están asociadas a la edad. Cada vez hacemos casos más complejos, que antes considerábamos de muy alto riesgo y no tratábamos. Nos vamos a enfrentar también a las complicaciones de esos tratamientos transcatéter y menos invasivos, en las que no tenemos experiencia. Eso va a requerir un cambio de mentalidad en cómo formamos a los cirujanos del futuro, porque cada vez habrá menos casos sencillos, que tradicionalmente se han utilizado para las primeras fases de la formación.

¿Les está obligando a reciclarse?

No es un cambio tan radical. Es una evolución. Los tratamientos evolucionan y nosotros tenemos que evolucionar con ellos. Lo que pasa es que va a ser mucho más rápida. Es una revaluación general, de hospitales, cirujanos, formación... La gran ventaja de la cirugía menos invasiva es que uno vuelve antes a su vida y la sociedad demanda eso. Es hacia donde vamos y es imparable. Hay que tener una mente abierta y que las nuevas generaciones se den cuenta de que las cosas van a cambiar de forma más rápida.

¿Es el fin de la cirugía abierta?

No, eso no va a pasar nunca, porque hay cirugías tan complejas que con la tecnología que se va a tener en los próximos años va a ser imposible. Sí que es verdad que cada vez se va a hacer menos; se va a reservar a los casos más complejos

¿Y esta adaptación que tienen que hacer los cirujanos cardíacos entra en conflicto con otras especialidades? Estoy pensando en cardiología, que es la que ha entrado en las técnicas endovasculares.

Eso es. Creo que más que competencia, que es como lo ven desgraciadamente algunos, tenemos que verlo como sinergias. La mentalidad debe ser de cooperar, tanto con cardiología como con los cirujanos vasculares. Debemos valorar al cirujano como un médico integral. A veces me siento que nos ven como puros técnicos, cuando queremos tratar al paciente en su integridad, por supuesto, sin pisar a nadie, siempre en colaboración. Todos tenemos nuestros conocimientos y habilidades para aportar y se llega mucho más lejos sumando que restando. Tenemos que quitar esa mentalidad de amenaza o de intromisión. No me parece la mejor manera de progresar.

Ahora que está en el puesto de presidente de la sociedad europea y antes estuvo en el de vicepresidente, y tiene una buena visión del contexto mundial de la especialidad, ¿cómo se sitúa España?

Hay dos o tres cosas a destacar. Aunque sé que hay muchos problemas de retrasos, en general, el sistema de la sanidad española es para estar muy orgulloso. Por su universalidad y porque es de primerísima calidad. A nivel de cirugía cardiovascular, tenemos cirujanos espectaculares, de lo mejor del mundo y nuestros hospitales no tienen nada que envidiar a ninguno. La gran diferencia es que está muy atomizada, hay demasiados centros en España, por lo que son de bajo volumen; pero, por lo que sabemos, eso no se traduce en una peor calidad. Estamos al nivel de los mejores. Una de las cosas en las que destacamos, sin lugar a duda, es en el trasplante, y el cardíaco y pulmonar incluidos. Seguimos siendo líderes a nivel mundial.

En el congreso en Vigo van a hablar del fututo del trasplante. ¿Prevén cambios?

Puede haber cambios en el futuro. La donación en asistolia es algo en lo que España también lidera a nivel internacional, pero siempre va a haber una escasez relativa de corazones disponibles para trasplantes. Entonces, habrá una evolución seguro en la tecnología de corazones artificiales o de asistencias ventriculares. La otra gran área de investigación en la que hay depositadas esperanzas es el senotransplante, sobre todo, de corazones porcinos. Se han dado unos pasos muy pequeños, pero se va en esa dirección.

¿Lo veremos pronto como algo normal?

Yo creo que no se va a ver pronto, pero en la próxima década sí. De aquí a 10 años estaremos en otra situación.

¿Los hospitales españoles están preparados tecnológicamente para el futuro?

Se está haciendo un esfuerzo importante. No veo que en dotaciones estemos por detrás de otros países europeos o Estados Unidos. Por supuestísimo que cada vez la hay más tecnología y conlleva un gasto cada vez mayor, pero se avanza en ese sentido y hay hospitales con dotaciones espectaculares. Costará, pero las administraciones entienden la situación y hacen lo posible para estar al día.

¿Por qué la robótica ya es algo rutinario en otras especialidades y aquí no la vemos en cirugía cardíaca?

Una razón muy importante es que es la única especialidad quirúrgica en la que tienes que parar el corazón y eso complica un poquito las cosas. Y el acceso no es tan fácil como en otros órganos. Otra de las razones fundamentales ha sido la industria. Con la MDR, la directiva europea de dispositivos médicos, ha habido muchos problemas para recertificar muchos productos, fundamentalmente, quirúrgicos. Para la nueva marca CE se ha necesitado muchas más pruebas y parte de la industria ha dicho "No puedo hacer ahora esa inversión para cumplir con esos requerimientos". En Europa, a nivel global, ha habido un parón para poder utilizar el Da Vinci en cirugía cardíaca, por causas burocráticas. En EE UU están mucho más avanzados.

¿Es Europa demasiado exigente con estas cuestiones?

Tradicionalmente, en la mayoría de los nuevos desarrollos tecnológicos de dispositivos, había mucha más flexibilidad en Europa que en EE UU, que son los dos grandes focos desarrolladores del mundo. Las casas venían a Europa porque era mucho más fácil desarrollar los productos, probarlos y meterlos en el mercado. La FDA [de EE UU] se dio cuenta y relajó mucho sus exigencias y en Europa hicimos lo contrario. Ahora, muchos de esos productos se desarrollan antes en EE UU. Nos estamos tirando piedras a nuestro propio tejado; lo estamos viendo todos los días, sobre todo, con estas nuevas exigencias de la Comisión Europea. Los fabricantes dicen que no les merece la pena gastar dinero en todos estos estudios extra y se van a otros sitios. Espero que rectifiquen un poco y relajen un poco las normas.

¿Qué esperan de la IA en la cirugía cardiovascular?

Como en el resto de la medicina, va a ser de mucha ayuda. Obviamente, hay que saber cómo utilizarla. Va a ser el mayor problema. Va a ser de ayuda en la toma de decisiones, al evaluar resultados... Y, cuando se vaya estableciendo la cirugía por robot, en el análisis de muchos de factores, de movimientos... Cada giro de mi mano, cada punto, se va a poder registrar y medir. Te va a poder evaluar y corregir para evolucionar.

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