Memoria histórica
Ramón García Lago, sobrino nieto del vigués muerto tras fugarse de un penal franquista en 1938: «Algo dentro de mí decía que tenía que cerrar este círculo»
La familia del jornalero Luis García Lago asesinado durante la guerra civil, ha confirmado su identidad tras 88 años gracias a pruebas genéticas
«Lo siento como una sensación de hacer justicia», afirma

Marta G. Brea
Ramón García Lago habla desde la misma casa familiar de Barreiro que un día vio partir al joven jornalero vigués Luis García Lago, muerto tras participar en una épica fuga carcelaria en 1938. «Esta es la casa de mi abuelo paterno», explica. Desde ese lugar, en Vigo, la familia vuelve a pronunciar el nombre de aquel joven de 22 años asesinado en Navarra tras la evasión del Fuerte de San Cristóbal, 88 años después.
Para Ramón, sobrino nieto del preso identificado, la noticia llegó cargada de sorpresa, emoción y una extraña sensación de destino. Reconoce que no conocía la historia familiar de Luis García Lago hasta que comenzó la búsqueda de descendientes. «Yo personalmente no conocía esa historia familiar», admite. El contacto llegó primero a través de su hermana, María José, después de que el Concello de Vigo facilitase la localización de la familia.

Ramón García Lago, en la casa familiar. / Marta G. Brea
«Casualidades» en el nombre y en la fecha
La coincidencia de nombres y apellidos impactó especialmente a Ramón. «Mi abuelo paterno se apellidaba igual que yo, García Lago. Y nos llamamos Ramón los dos», cuenta. Luis era hermano de su abuelo paterno, un hombre al que él no llegó a conocer. La confirmación de la identificación llegó, además, en una fecha muy señalada: «El 20 de mayo, el día que se hacía el tercer aniversario de la muerte de mi padre».
La familia colaboró con las pruebas genéticas remitidas desde Navarra. Además de Ramón, participó otro miembro de la familia. «Entre los tres Ramones, mi tío hizo la suya, mi primo me trajo la muestra, yo hice la mía y se las envié a Fermín», relata. Meses después llegó la confirmación: los restos hallados correspondían a su tío abuelo.

El sobrino nieto de Luis García Lago junto a su hijo. / Marta G. Brea
Ramón recibió la noticia «con sorpresa», pero también con una profunda sensación de reparación. «Lo siento como una sensación de hacer justicia», afirma. «Algo dentro de mí decía que tenía que cerrar este círculo». Para él, la identificación tiene un valor íntimo y simbólico: «Feliz de poder colaborar, feliz de que se cierre el círculo, y allá donde esté esa alma (o lo que sea), que sepa que por lo menos se ha identificado y que su familia sabe que está ahí».
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