Memoria histórica
El ADN devuelve a Vigo la memoria de Luis García Lago, fugado de un penal franquista en Navarra, al que mataron en 1938
La ciencia permite poner nombre a los restos de este joven vigués de Barreiro asesinado con 22 años tras una evasión carcelaria
Un sobrino nieto y otro familiar enviaron material genético a cotejar con un cráneo aparecido de forma accidental

Marta G. Brea

Durante casi nueve décadas, Luis García Lago fue un nombre más entre los cientos de presos que desaparecieron en la represión posterior a la fuga del Fuerte de San Cristóbal, en el monte Ezkaba, Navarra.
Ahora, el Banco de ADN del Gobierno de Navarra ha logrado poner identidad a unos restos óseos hallados en 1999 durante las obras de una carretera (la variante de Olagüe): corresponden a este joven vigués, «nacido el 15 de julio de 1915 y vecino de Teis», que fue asesinado con solo 22 años tras participar en la gran evasión del penal franquista el 22 de mayo de 1938.
La identificación ha sido comunicada por el Instituto Navarro de la Memoria a la Asociación Txinparta-Fuerte San Cristóbal, integrada en la Red de Memoria Colectiva, y supone un nuevo avance en la reconstrucción de la historia de los presos republicanos encerrados en aquella fortaleza. García Lago, jornalero y soltero, había sido detenido en el verano de 1936 acusado de rebelión militar.
En un consejo de guerra celebrado en Vigo el 16 de septiembre de ese mismo año fue condenado a reclusión perpetua. El 22 de febrero de 1937 ingresó en el Fuerte de San Cristóbal como preso número 831, según datos extraídos de la base de Txinparta y consultados por FARO. Según las mismas fuentes, también dispondrían del acta de defunción (cuando registraron sus muertes en 1947), pero ese documento privado será entregado directamente a la familia.
«Este domingo lo nombramos en el acto de homenaje a los 7.400 presos del fuerte San Cristóbal», que se realiza de forma anual, explicaron desde la asociación memorialista. Su nombre figura ya en el muro del Parque de la Memoria de Sartaguda, en Navarra.

Nombre completo de Luis García, en la placa conmemorativa. / Fdv
Identificación con el cráneo
El cotejo genético ha permitido confirmar que uno de los tres cráneos recuperados en diciembre de 2018 del osario del cementerio de Etulain, en el municipio navarro de Anue, pertenece a Luis García Lago. Esos restos habían aparecido casi dos décadas antes, en 1999, durante las citadas das obras. Al constatarse que podían pertenecer a presos fugados de San Cristóbal, fueron trasladados al osario, donde estuvieron hasta que la investigación histórica y genética ha permitido cerrar el círculo.
El resultado ha sido posible gracias a las muestras de ADN aportadas por familiares localizados con la colaboración del Concello de Vigo y del investigador Fermín Ezkieta. El vínculo con la ciudad no es solo documental: la búsqueda condujo hasta la familia García Lago, con raíces en Teis y Barreiro, y hasta la casa familiar de Ramón Nieto, donde aún vive uno de sus descendientes. Sus descendientes directos: un sobrino nieto y otro familiar confirman a FARO que enviaron su material genético a Navarra para cotejar y recibieron los resultados afirmativos de la prueba la semana pasada.
Tres presos evadidos
La historia de los restos se remonta a los testimonios recogidos en 2008 por la Sociedad de Ciencias Aranzadi con la colaboración de Txinparta. Dos vecinas de la zona, Fermina Iraizoz y Lucía Larramendi, ayudaron a reconstruir lo sucedido. Según su relato, tres presos evadidos fueron detenidos por falangistas el 27 de mayo de 1938, cinco días después de la fuga.
Lucía Larramendi había llegado incluso a darles comida y agua. Los tres fueron asesinados en el cruce de la carretera de Irún.
La fuga del Fuerte de San Cristóbal fue una de las mayores evasiones carcelarias de la Europa del siglo XX. Cientos de presos intentaron escapar de un penal marcado por el hambre, el hacinamiento y la represión. Muchos fueron capturados y asesinados en los montes y pueblos cercanos. Luis García Lago fue uno de ellos.
Con esta nueva identificación, son ya 48 las personas identificadas por el Banco de ADN del Gobierno de Navarra, nueve de ellas participantes en la fuga de mayo de 1938. En el caso de García Lago, la ciencia ha permitido que un joven vigués condenado al olvido recupere nombre, historia y familia. También devuelve a Vigo una parte de su memoria: la de quienes salieron de sus barrios en los primeros meses de la Guerra Civil y no regresaron nunca.
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