Inversión de 6 millones
La «nueva» senda entre Vigo y Nigrán entra en su recta final administrativa para salir a obra este año
La Xunta aprueba el proyecto constructivo, prevé licitarlo en semanas y adjudicarlo a final de año con dos glorietas, tres áreas de transferencia y 18 meses de ejecución

Luisa Sánchez y Ana Ortiz, en la zona de Ricardo Mella en la que se habilitará una nueva rotonda. / FDV
La reforma de la senda peatonal y ciclista entre Vigo y Nigrán acaba de dar el paso que la empuja, ahora sí, hacia la obra. El Consello de la Xunta dará luz verde mañana a la licitación de la ejecución de un proyecto que ya no se limita al tramo inicialmente divulgado, sino que se extiende de forma continua por la PO-325 entre Vigo y A Ramallosa, con una inversión de más de 5,8 millones de euros y un recorrido total de 14,14 kilómetros. La actuación, largamente anunciada y precedida por una compleja fase expropiatoria, busca reformular y completar una infraestructura que nunca llegó a funcionar del todo bien ni en seguridad ni en continuidad pese al potencial paisajístico de la ruta.
La decisión del Gobierno gallego supone, en la práctica, el salto desde el plano administrativo a la antesala de las máquinas. La Xunta sostiene que las obras saldrán a concurso en las próximas semanas, una vez culminados los actos expropiatorios de los 38 bienes necesarios y aprobado el proyecto definitivo de construcción. El objetivo oficial es adjudicar la ejecución antes de que termine este año. El plazo previsto para las obras será de 18 meses.
La actuación se asienta sobre una idea sencilla: corregir las costuras de una senda nacida con polémica en tiempos del bipartito, rediseñada después por el PP para reducir afecciones y que menos de una década después vuelve a pasar por quirófano. La Xunta plantea ahora una senda peatonal-ciclista continua, con una sección tipo de tres metros de ancho, reorganización de espacios, mejora de pavimentos y un mayor protagonismo para el peatón en todo el corredor.
La memoria definitiva incorpora tres áreas de transferencia entre vehículo y bicicleta para que el usuario pueda dejar el coche y continuar el recorrido pedaleando, además de zonas de descanso con arbolado y mobiliario urbano —bancos, papeleras y aparcabicis—. También prevé iluminación, drenaje y la mejora específica del tramo comprendido entre el kilómetro 13+900 y el 14+940, donde se acondicionarán sendas ya existentes con nuevos pavimentos, refuerzo lumínico en cruces y zonas de sombra, prioridad peatonal y ciclista, mejor señalización y limitación de velocidad a 30 kilómetros por hora en los entornos ciclopeatonales.

Nueva rotonda que se habilitará en Ricardo Mella. / FDV
Uno de los puntos más sensibles del proyecto vuelve a estar en las intersecciones. Ahí es donde la Xunta introduce dos de sus apuestas más visibles: dos nuevas glorietas, previstas en los puntos 2+550 y 14+650, con borde remontable de hormigón. Son, en esencia, las dos rotondas ya avanzadas en la fase expropiatoria: una en el entorno de Ricardo Mella, a la altura de la depuradora, y otra en el cruce de Monte Lourido, entre Praia América y A Ramallosa. Lo que se persigue es ganar espacio para la senda y mejorar la seguridad vial en dos nudos especialmente delicados. La Xunta defiende además que estas glorietas ayudarán a ordenar el tráfico, reducir tiempos de espera y rebajar emisiones.

Reorganización del tráfico en el cruce de Monte Lourido, en San Pedro (Nigrán). / FDV
El proyecto reserva asimismo un aparcamiento en la zona del punto kilométrico 12+540, pensado para sacar vehículos del área de tránsito y facilitar la transferencia entre distintos modos de desplazamiento. Es otro de los elementos con los que el Gobierno gallego intenta presentar la actuación no solo como una obra lineal, sino como una pieza de movilidad más compleja en una de las franjas más densas, pobladas y turísticas del sur metropolitano.
La lectura política y territorial del movimiento también es evidente. La Xunta sostiene que la PO-325 soporta desplazamientos constantes entre Vigo, Nigrán y Baiona, en un corredor que ha crecido en población y presión circulatoria en los últimos años. Y ahí quiere colocar esta intervención como un eje de movilidad sostenible y, a la vez, como una rectificación de una senda que llevaba tiempo pidiendo cirugía: más continuidad, menos puntos ciegos y mejor encaje entre bici, peatón y tráfico rodado.
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