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Comercio

Vigo tiene (todavía) negocios muy «efectivos»: la auténtica resistencia a la moda imparable del pago con tarjeta

Abusivas comisiones o el perfil de clientela, entre los argumentos de empresarios vigueses para establecer las políticas de cobro

Un cliente, pagando su consumición con efectivo en el bar Papagayo.

Marta G. Brea

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Pablo Galán

Pablo Galán

Vigo

En un momento en el que el sector servicios está metido de lleno en una nueva revolución tecnológica como es la implementación de los pagos de los clientes a través de Bizum, sumándose así a un modelo ya consolidado y en auge, especialmente desde el covid, como es abonar con la tarjeta bancaria, ya sea en su versión física o a través de móvil y relojes inteligentes. La ciudad de Vigo no es ajena a este escenario que, según el Banco de España en sus distintos estudios, deja cada vez un mayor porcentaje de operaciones de pago que no requieren de monedas y billetes, pero todavía hay en la urbe olívica establecimientos que se resisten a abandonar la práctica de toda la vida con un mensaje claro en la puerta de sus locales o junto a la caja registradora: «No se admite el pago con tarjeta».

¿Qué lleva a estos empresarios a no instalar Terminales de Puntos de Venta (TPV)? Pues principalmente, según explican cuatro establecimientos vigueses preguntados por FARO sobre esta práctica, las «abusivas comisiones» que se llevan las entidades bancarias que proporcionan los datáfonos o el perfil de clientela que acude a los negocios.

«Básicamente, es por un tema de comisiones, pero también porque nosotros cobramos cantidades pequeñas como cafés, cerveza, vino o, como mucho, copas», explica Fernando Martínez, uno de los dos hermanos que gestionan el bar Papagayo, en la rúa Canceleiro, cuya decisión llama todavía más la atención al encontrarse en pleno centro de Vigo, rodeado de numerosos locales de hostelería donde el pago con tarjeta incluso para consumiciones de poco más de un euro están a la orden del día.

«Llevamos aquí desde 1992 y somos diferentes en todo», explica el hostelero, que no tiene en principio en mente que la situación actual vaya a cambiar a corto plazo, asegurando además que ninguno de sus clientes habituales reclama habilitar otras formas de pago que no sea el efectivo y que aquellos que entran en el local por primera vez son advertidos de que solo se admite el efectivo, sin que hasta la fecha se hayan encontrado con problemas de ningún tipo.

Un escenario similar es el que se vive en la Tintorería Lavandería Imperial, abierta en Vigo desde 1957 y en manos de sus actuales gestores desde hace tres décadas. «Seguimos sin cobrar sin tarjeta», afirma con rotundidad Martín Fernández, uno de sus dueños, reconociendo que «aunque hay gente que se sorprende, se lo explicamos y lo entienden perfectamente, van al cajero sin problema». Para Fernández, el motivo está claro, los bancos.

«Aunque supuestamente te dicen que los TPV no tienen mantenimiento, es todo mentira, al final es una parte importante de la recaudación que consigues, al final el dinero en efectivo va a valer siempre lo mismo», expone este empresario desde su local en Alfonso XIII, que sí ofrece a la clientela la posibilidad de abonar los encargos por transferencia si así lo prefieren.

Mientras, en Sanjurjo Badía, se encuentra la panadería A Mondarizana, donde tampoco han cedido por el momento a la moda de los datáfonos. Isabel, su responsable, explica que además de las comisiones a las que se tendría que enfrentar, pesa sobre todo el tipo de clientes que se acercan a diario al negocio. «Trabajo mucho con niños de los colegios que están cerca y también viene mucha gente mayor, llevo así más de 20 años. No me parece justo que el margen que te da una barra de pan se lo lleve el banco, yo creo que es fácil de entender», concluye Isabel.

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