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Maestros «millennials» desafían la imagen tradicional del profesor con zapatillas, tatuajes y camisetas divertidas

Docentes con cuentas en TikTok o Instagram, más parecidos a sus estudiantes que a los padres, llenan ahora las clases planteando una cuestión: ¿ayuda en el aprendizaje o diluye la figura de autoridad?

«La chaqueta con coderas, esa tradicionalidad, ya no me representa», verbaliza el profesorado

El profesor Pablo Sobrino, durante una de sus clases en el CEIP Pintor Colmeiro

El profesor Pablo Sobrino, durante una de sus clases en el CEIP Pintor Colmeiro / Marta G. Brea

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Probad a preguntarle a ChatGPT cómo vestiría un profesor, qué elementos físicos lo identificarían. Su respuesta fue: camisa de cuadros, chaleco o chaqueta con coderas, pantalón de pana o chino y siempre con un maletín. En el caso de mujeres habla de camisas lisas, zapatos cerrados, colores nada extravagantes y, en ambos casos, gafas, que siempre aportan intelectualidad.

Y es exactamente como cualquier persona se disfrazaría para parecer docente. Pero el parecido con la realidad actual es pura coincidencia. Porque ahora maestros y alumnos hablan el mismo idioma, visten igual y han crecido y se relacionan con las redes sociales; ya que son tan afines, ¿qué diferencia marca su autoridad? ¿Esta cercanía mejora la educación o diluye la figura tradicional de autoridad?

Pablo Sobrino, profesor del colegio Pintor Laxeiro.

Pablo Sobrino, profesor del colegio Pintor Laxeiro. / Marta G. Brea

Alejandro Morón, del IES República Oriental de Uruguay; Pablo Sobrino, del CEIP Pintor Laxeiro y los vigueses del CPI Arquitecto Palacios de Nigrán, Sonia Santín y André González no solo son jóvenes millennials y modernos, sino que exponen estas cualidades en el aula, tanto en su metodología docente como en su apariencia: zapatillas deportivas, camisetas divertidas, tatuajes, piercings... convirtiéndose también en referentes positivos para el alumnado.

Sonia Santín, profesora de Educación Primaria.

Sonia Santín, profesora de Educación Primaria. / Alba Villar

Firmeza en las consecuencias

«O tema da autoridade paréceme que é unha cuestión máis de como ti manexas as cousas e o firme que es coas consecuencias que pos durante o primeiro e segundo mes do curso máis que pola roupa que leves. Eu creo que o tema da roupa, por exemplo, depende máis de como ti a levas que como eles a vexan. A eles vailles a dar igual que vaias en chándal que vaias en traxe. Se ti percibes que o teu chándal che quita autoridade, se cadra si que se nota, pero non no meu caso», aprecia Sonia Santín, profesora y tutora de Educación Primaria en el colegio de Panxón.

Misma percepción mantiene Pablo Sobrino, también profesor de Educación Primaria. «É moi importante poñer as normas claras dende o comezo, que o poder de decisión é do profesor. Que logo si falamos e temos en conta a súa opinión pero que nun momento concreto a última palabra é nosa. E iso non o marca a vestimenta, todo o contrario; se non te ven cómodo ou se non eres ti, nótano», argumenta.

Cercanía

Y es que tradicionalmente, la figura del profesor estaba asociada a una imagen formal, sobria. La vestimenta funcionaba casi como símbolo de respeto y jerarquía dentro del aula. Pero claro, como todo tiene sus contras; no genera la confianza y cercanía de hoy en día, esta cercanía también reduce barreras emocionales, favorece o mejora la participación en clase, hace que el alumno vea al profesor como alguien accesible y ayuda a entender mejor los problemas actuales de los jóvenes ya que muchos han atravesado por lo mismo. «Hoxe mesmo levei unha sudadera de anime e tiven garda nunha clase que non era a miña, que sempre é máis complexo. Pois nada más entrar xa me preguntaron abraiados polo anime, se o vía, se me gustaba, e o comportamento da aula durante toda a hora foi boísima», amplía Santín.

Y es que los tatuajes, referencias a TikTok o expresiones como «funar», «aura», «bro» o «lache» generan más confianza que descrédito. «Unha vez empezaron a falar coa súa linguaxe, coa súa xerga pensando que eu non o ía a entender ou para que non me decatase do que falaban, pero evidentemente si. E quedáronse mudos, pensando a esta profesora non se lle pode tomar o pelo porque si nos entende. Iso é autoridade», ratifica Sonia desde el CPI Arquitecto Palacios.

El profesor André González Mayo, del CPI Arquitecto Palacios.

El profesor André González Mayo, del CPI Arquitecto Palacios. / Alba Villar

Y es que no hablan a los adolescentes desde fuera de su mundo, sino desde dentro de códigos culturales similares. La pregunta de fondo es si esa cercanía mejora la educación o complica esta profesionalidad. «En mi experiencia, la reafirma. Llego mucho mejor a ellos y transmito lo que a mí me interesa, tanto la materia como valores; la forma de ver el mundo», relata André González, profesor de Historia y tutor de 4º de la ESO en el colegio de Nigrán.

«Estamos llegando a personas»

Para este docente entender memes, redes o la forma de hablar de sus alumnos permite captar su atención más fácilmente y adaptar mejor la manera de enseñar. «A mí me faltó esta parte humana en mis profesores, antes había una gran distancia entre nosotros y ellos. Yo ahora, siendo profesor, aprendí que no estamos solo transmitiendo conocimientos sino llegando a personas y para eso hay que hablar el mismo idioma. Entablar un vínculo con ellos para así empezar a generar conocimiento», amplía el profesor vigués.

Alejandro Morón, en el IES República Oriental de Uruguay

Alejandro Morón, en el IES República Oriental de Uruguay / Jose Lores

Un «buen profesor», no un «buen policía»

Menos de una década separa a Alejandro Morón, profesor del IES República Oriental de Uruguay, en el barrio de Teis, de sus alumnos. Con 27 años y afrontando su segundo curso en la docencia, imparte las materias de Griego y Latín a estudiantes de 2º de Bachillerato, con edades entre los 17 y 18. En su experiencia, aunque corta, sí tiene claro el modelo de profesor que quiere ser para ellos. «Yo no entiendo la autoridad como que me tengan miedo o el ser exigente, el autoritario, pero sí que me respeten y me vean cercano. Me gusta conocer a mis alumnos, conocer a sus familias, lo que quieren estudiar y a partir de ahí enfoco la docencia. Y veo que tiene buenos efectos a nivel académico, si no fuese así, cambiaría mi forma de actuar. Yo quiero ser un buen profesor, no un buen policía», relata Morón.

En su caso, toda esta visión de la docencia lleva el nombre y apellidos de su profesor de Latín y Griego cuanto él estudiaba en el instituto. «Llegamos a tener una relación muy cercana, de contarle de mi familia, de mis estudios en el Conservatorio, de una enfermedad que tuve… Me cambió la vida y quiero que mis alumnos tengan esa confianza en mí», añade Alejandro Morón.

Un guía

Sobre esta identificación clásica del profesorado, reconoce que sí son varios los aspectos con los que concuerda, pero admite también que no deja de ser generación McBook. «La ropa no va a hacer que tengas más o menos carácter o que te respeten en el aula. Yo reconozco que estoy con chicos más grandes, más adultos, y el respeto es total. La profesión pasada del docente sí era muy jerárquica, ellos custodiaban el saber y era casi una solemnidad. Ahora no, yo voy con tatuajes, piercing, y genero credibilidad igual. No soy un revelador, ni quiero, sino un facilitador o un guía, sí», sentencia el joven.

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