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Mujeres en la mar

Cuando el marisqueo deja de ser rentable: «Dejo el mar muy a mi pesar porque no hay ingresos, no por madrugar, el frío o el calor»

La escasez de recursos marinos empuja a los profesionales del sector a abandonar el barco y plantearse su futuro laboral en otro lugar. El caso de Nuria Novelle es el reflejo de muchas mariscadoras que, como ella, se ven obligadas a cambiar de rumbo y dejar atrás los bancos de marisqueo. La mujer relata la «dura y angustiante» decisión que tuvo que adoptar

La exmariscadora Nuria Novelle en la playa de Cesantes.

La exmariscadora Nuria Novelle en la playa de Cesantes. / Pedro Mina

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Vigo

Una alternativa laboral que le iba a «permitir conciliar lo máximo posible» la vida profesional y familiar. Con ese objetivo, Nuria Novelle Zabaleta inició su travesía como mariscadora en 2009, hace más de 16 años, dejando atrás su pasado como administrativa en empresas privadas. El mar apareció como una tabla de salvación para poder cuidar de sus hijos y «no fallar en sus cumples o en cualquier otro evento». Paradójicamente, el mar también representaba aquello de lo que siempre había querido «huir a toda costa».

Su familia era marinera y conocía perfectamente la realidad de este sector sin sueldo fijo. «Sentía cierta vergüenza porque se adueñó de mí aquella sensación de tristeza de pequeñita de cuando llegaba a casa y mi padre decía que no había cobrado nada esa semana», recuerda. Pese a ello, «lo compensaba la parte de ser mamá» y poder tener una mayor flexibilidad horaria, por lo que le terminó cogiendo cariño a la profesión.

Sin embargo, la escasez y mortandad de los bivalvosempujaron a la mariscadora a tomar una «dura» decisión: abandonar el marisqueo. Su historia es la de muchas mujeres gallegas que, como ella, se vieron obligadas a poner un punto y final a su relación con el mar. «Yo dejo el mar, muy a mí pesar, porque no hay ingresos; yo no dejo el mar por tener que madrugar, ni por el frío o el calor excesivo en verano», aclara la exmariscadora. Bajo su experiencia, confirma el descenso del número de trabajadores: «Cuando yo entré éramos más de doscientas mariscadoras y, cuando lo dejé, poco más de treinta».

A los pocos años de empezar, en torno al 2013, «ya se empezaban a notar momentos de escasez» en los recursos. Sobre todo, «coincidiendo con algún invierno excesivamente lluvioso o con algún verano de mucho calor, pero se iba trabajando bien», hasta que la problemática se volvió cada vez más recurrente. A ello se le sumaron múltiples causas que coincidieron en el tiempo, como la contaminación de empresas que «vertían al mar», el cambio climático o la concentración de lluvias en un periodo concreto.

Nuria Novelle durante su jornada laboral.

Nuria Novelle durante su jornada laboral. / FdV

También la aparición de la Marteilia, una bacteria que «exterminó por completo al berberecho» y cuyas consecuencias siguen visibles hoy en día. Esta clase de bivalvos, que suponía una parte significativa de las capturas, «acaba muriendo antes de que alcance el tamaño comercial». Novelle destaca la disminución de la almeja fina, considerada «un tesoro» para las mariscadoras, puesto que «se vendía a precio de escándalo». «Ahora mismo ya no hay vuelta atrás. Las especies tienen que aclimatarse con el tiempo a la situación actual», defiende.

La situación conllevaba un impacto extra en la economía de los trabajadores del sector, erosionando poco a poco su paciencia: «Gastábamos fondos propios —en su momento más de 200 euros— para comprar semilla y seguir repoblando». El esfuerzo era en vano, «al mes ibas al mismo banco en el que sembraste y no había nada». De la misma manera, invertían en pruebas de «ensayo-error», pero sin éxito.

Cada vez el panorama era más desolador. Novelle cuenta que había meses en los que tuvo que recurrir al salario de su marido para pagar la cuota de autónomo «porque los ingresos ni siquiera llegaban para eso». «En los últimos años nos conformábamos con poder pagar el seguro, hasta que un día te despiertas y te das cuenta de que es el colmo y que te tienes que buscar la vida, fue angustiante», expresa. Tal y como manifiesta, en 2025 tuvo unos ingresos de 5.200 euros, lo que se traduce en una media de 433 euros al mes.

La pandemia

El paro decretado a raíz de la pandemia provocada por el coronavirus llevó a la mariscadora a reflexionar sobre su futuro laboral. «Estaba en una espiral de angustia importante porque me di cuenta de que iba a trabajar y no ingresaba». Sus hijos se encontraban en la etapa universitaria, por lo que tener una fuente de ingresos resultaba cada vez más importante. Dependía de paros en los que «no sabías cuánto ibas a cobrar ni cuándo lo ibas a hacer». Fue ahí cuando concluyó que los bancos de marisqueo ya no eran sostenibles económicamente y decidió opositar.

Tras meses de trabajos temporales en otros sectores, Nuria firmó el pasado mes de enero su baja en el Régimen Especial del Mar. La decisión ya estaba tomada, pero el cese de actividad en Redondela desde el día 20 de ese mismo mes le ayudó a dar el empujón que tanto estaba posponiendo. «Ya no tenía más excusas a las que agarrarme, había que ser valiente», proclama. Actualmente, después de firmar «con mucha pena» la renuncia de socia a la Cofradía de Pescadores San Xoán de Redondela a sus 50 años, trabaja como personal administrativo del Sergas. «Gané en salud mental y física», relata.

Nuria Nouvelle, tras retirarse del marisqueo.

Nuria Novelle, tras retirarse del marisqueo. / Pedro Mina

«Divide y vencerás»

Novelle critica el trato institucional en relación con el ecosistema marino. Reclama que se destinen más fondos e investigación para dar respuesta a esta problemática. «Todo el sector considera que al marisqueo no se le toma en serio, el mar nunca se tuvo en cuenta», subraya. Este «desinterés» conlleva una factura de «desilusión y dejadez» en los trabajadores. Nuria apunta que las mariscadoras deberían unirse y pelear, pero que «a las cofradías nos trataban de manera diferente para no conseguir el respaldo total». «La cofradía que estaban favoreciendo en ese momento no iba a venir a la concentración, divide y vencerás», explica. Por último, la exmariscadora advierte que «el mar es como el campo: cuanto menos lo trabajas, menos produce».

La cruda situación que atraviesa el sector provoca que los trabajadores busquen otras opciones laborales, pero esa transición no es un proceso fácil. «Estamos obligadas a la economía sumergida si queremos algún ingreso extra», lamenta la exmariscadora. Argumenta que, aunque pidan una excedencia, no se les permite trabajar en otro sitio.

«Hay gente que quiere probar legalmente, pero no se contempla esa posibilidad», añade, por lo que «lo hacen con miedo y con temor a ser descubiertos». Comenta que varias de sus compañeras se encuentran en «situaciones complicadas y tienen que depender de la economía sumergida para poner un plato de comida en la mesa o atender a sus hijos». Una situación «muy dura». Otras, simplemente esperan a la jubilación. Como barcos varados en la orilla, permanecen allí porque no saben hacia dónde navegar.

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