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La emprendedora gallega que regresa desde el Caribe al mar que la inspiró

La ourensana Elena Martínez está replicando en Galicia la empresa creada en República Dominicana para transformar el sargazo en productos agrícolas sostenibles a través de la aceleradora BFClimatech de la Xunta y el Clúster Galego de Solucións Ambientais e Economía Circular

Elena Martínez, durante su reciente visita a Vigo.

Elena Martínez, durante su reciente visita a Vigo. / Pedro Mina

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Sandra Penelas

Sandra Penelas

Tras aportar su conocimiento a la reducción del grave problema ambiental que el sargazo supone en el Caribe durante algo más de tres años, la oceanógrafa Elena Martínez (Ourense, 1998) ha empezado a replicar en Galicia el modelo empresarial que ha creado en la República Dominicana junto a su socio para transformar estas algas invasoras en productos agrícolas sostenibles. Y regresa con una brillante trayectoria avalada por reconocimientos como la lista 30 under 30 Europe 2026 de la revista Forbes o ser una de las cinco finalistas del Premio Princesa de Girona CreaEmpresa 2026.

«Nunca niego el esfuerzo y el trabajo, pero también he tenido la suerte de que han aparecido buenas oportunidades y he intentado darlo todo y aprovecharlas al máximo. Hoy en día, en la ciencia y en el emprendimiento, estamos en un ecosistema muy competitivo e intento decir siempre que sí», destaca sobre su carrera profesional.

Elena Martínez, junto a la Reina Letizia y las otras cuatro finalistas a los Premios Princesa de Girona CreaEmpresa.

Elena Martínez, junto a la Reina Letizia y las otras cuatro finalistas a los Premios Princesa de Girona CreaEmpresa. / Cedida

Por eso no dudó en aceptar la propuesta que le llegó hace unos años desde República Dominicana. «Empecé allí este proyecto porque me dieron la oportunidad y hemos podido crecer y contar con el apoyo de muchas entidades internacionales. Pero mi idea siempre fue poder traerlo a Galicia en algún momento y me encanta porque lo estoy consiguiendo. Realmente, todo viene de aquí porque cuando iba a la playa de pequeña mi madre me contaba que antes las algas se recogían y se utilizaban en los campos. Tenían un valor para la sociedad, pero ese conocimiento tradicional se abandonó cuando nos modernizamos o nos industrializamos. Y, durante la carrera y el primer máster, pude profundizar en ello. Nosotros catalogamos las cosas como residuo pero hay muchísimo valor oculto en cosas que no vemos a simple vista», destaca la cofundadora y directora de tecnología (CTO) de SOS Group.

Graduada en Ciencias del Mar por la UVigo, tiene un máster en Biotecnología Azul de La Rochelle y otro en el mismo ámbito por la Universidad Católica de Valencia, donde también se doctoró en Biotecnología y Biomedicina. Además, durante el tercer año de carrera, realizó una estancia en la Autónoma de Baja California, en México, con una beca iberoamericana. «Todo el mundo piensa que soy de una ciudad costera o muy internacional, pero creo que en Galicia todos estamos bastante conectados con el mar y, ya seas del interior o de la costa, valoramos mucho las rías y el ecosistema pesquero o mariscador», comenta.

Elena, trabajando en el laboratorio de la empresa en República Dominicana.

Elena, trabajando en el laboratorio de la empresa en República Dominicana. / Cedida

El emprendimiento no formaba parte de sus planes hasta que cursó el máster en Francia: «En España, al menos, cuando yo estudiaba, tampoco era una línea que se potenciase mucho y yo ni me lo plateaba. Incluso tenía ese prejuicio de que desde el sector privado solo se busca ganar dinero y no se puede hacer nada positivo. Mientras estudiaba me di cuenta de que a mí la ciencia me encanta, pero la aplicada, la que se puede traducir en servicios y productos que beneficien directamente a la sociedad. Pero había mucha desconexión. Y cuando estuve en La Rochelle empecé a ver una mayor colaboración entre la academia y la empresa privada. Por eso cuando el que ahora es el cofundador de SOS Group me contactó me pareció un buen proyecto en el que yo podía aportar mucho, pero también aprender mucho».

El grupo se compone de dos empresas, SOS Biotech y SOS Carbon. La primera se centra en la recolección de algas invasoras con un sistema patentado que diseñaron con el MIT y que ponen en práctica en colaboración con las comunidades y los pescadores artesanales. Y la segunda se dedica a su transformación en productos agrícolas sostenibles que se comercializan en el Caribe, Norteamérica y Europa.

Un pescador, recolectando sargazo.

Un pescador, recolectando sargazo. / Cedida

Una estructura que Elena está trasladando a Galicia gracias a la tercera edición de la aceleradora BFClimatech, un programa impulsado por la Xunta y el Clúster Galego de Solucións Ambientais e Economía Circular (Viratec). Forman parte de la modalidad de consolidación, destinada a entidades con un modelo de negocio claro que buscan crecer y acceder a nuevos mercados.

«Ya estamos en el proceso de registro. Empezaríamos vendiendo el producto agrícola, porque la parte de recolección de las algas nos va a llevar más tiempo por el tema de los permisos. Pero la idea es traer aquí exactamente el mismo modelo de negocio que tenemos en el Caribe. Siempre digo que no estamos inventando nada, simplemente mostrando que en vez de cultivar algas o recolectar algas salvajes en ecosistemas positivos, tenemos una gran cantidad de ellas que ya se consideran residuales y que realmente, si se saben cómo recolectar y manejar, son una materia prima», detalla Elena sobre un proyecto que tuvo la ocasión de presentar durante la reciente edición de The Way Startup Summit celebrada en Vigo.

Elena, en una playa afectada por el alga invasora sargazo.

Elena, en una playa afectada por el alga invasora sargazo. / Cedida

En estas etapas iniciales, Elena estará viajando entre Galicia y la República Dominicana, pero a largo plazo prevé asentarse aquí de forma más definitiva. «No solo por nuestro interés en el ecosistema gallego, sino por que nos abre las puertas hacia la UE. Y, sobre todo, porque cada vez hay mayor concienciación no solo sobre el valor de la agricultura, aunque parezca una obviedad, sino también por hacerla más sostenible. Y en esto no se puede penalizar a los agricultores con políticas de reducción de fertilizantes sintéticos o de consumo de agua sin ofrecerles alternativas con productos funcionales y costo-eficientes», defiende.

También quiere aprovechar su regreso para recuperar el contacto con la UVigo y establecer colaboraciones: «En la empresa creamos un programa de prácticas porque para mí fue una de las cosas más difíciles mientras estudiaba. Ya hemos tenido a estudiantes de la Universidad Católica de Valencia y me encantaría también que viniesen de la UVigo. Y también me gustaría mostrarles todo el potencial laboral que tiene la carrera de Oceanografía o de Ciencias del Mar».

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