Empresarios y migrantes se reúnen en busca de un beneficio mutuo en Vigo: «Son la solución a una gran falta de mano de obra»
Decenas de extranjeros se reunieron este viernes en la Confederación de Empresarios de Vigo para informarse sobre sus posibilidades en los sectores de la construcción, servicios a empresas, sociosanitarios, mecánica o soldadura e industria

Marta G. Brea
La migración es clave para mantener el pulso del empleo en Galicia. Hay más de 75.000 ocupados foráneos, sobre todo en construcción y hostelería, sectores que lo tienen muy difícil para encontrar trabajadores. Conscientes del panorama y con la idea de fomentar que las relaciones entre empresarios y extranjeros sigan ocurriendo, Accem organizó ayer unas jornadas para que intercambien conocimientos e impresiones.
Usuarios de varias nacionalidades se acercaron a la Confederación de Empresarios, donde recibieron información sobre cómo adentrarse en los sectores de la construcción, servicios a empresas,labores sociosanitarias, mecánica o soldadura e industria. La presidenta de la entidad en la provincia de Pontevedra, Ariadna Navarro, asegura que en las salas de encuentro se facilita el diálogo y surgen oportunidades. «Los datos de este año son bastante buenos. En Pontevedra ya contabilizamos más de 100 inserciones laborales en lo que va de año, 67 solo en Vigo», indica.
Hay migrantes con diferentes tipos de permiso, dependiendo de la nacionalidad. Uno de los grupos destacados en número es el de los refugiados de Malí que residen en Bueu. Tienen protección subsidiaria, por lo tanto permiso de residencia y trabajo por cinco años. Después podrían seguir alargándolo. Isa Dembélé es uno de ellos. Con 19 años emprendió su proceso migratorio, uno de los más duros que se pueden llevar a cabo en este momento, el de dejar un país en conflicto y colgarse la mochila a la espalda para atravesar el mar. Primero estuvo en Mérida y Tenerife y hace cinco meses fue enviado a Galicia. «Vine solo. Malí es un país en guerra, lo dejé todo y llegué hasta aquí». Es uno de los que mejor nivel de español tiene, aunque todos aprenden rápido y son aptos igualmente para el empleo. Le gustaría trabajar como mecánico de coches, que es a lo que siempre se dedicó en su país y ya pudo serlo también durante su estancia en aquí.

Isa Dembélé / Marta G. Brea
Otro de los participantes, Ronny Camacaro, fue acompañado por su mujer. Llegó desde Venezuela el 13 de enero, por lo que no se podrá beneficiar de la regularización masiva que planteó el gobierno. Ella sí porque llevaba un año en Vigo. Le gustaría trabajar de soldador, a lo que ya se dedicaba allá. Antes de Vigo estuvo en Estados Unidos: «Prefiero España. Las cosas con Trump se estaban poniendo muy feas. Nos golpeaban y nos trataban como terroristas», cuenta.
Eismer Ramírez también es venezolano, pero cuenta con un largo recorrido. Lleva aquí 9 años. Al llegar traía un objetivo, seguir formándose en logística y comercio internacional. Accem lo orientó laboralmente y logró una vida estable. Ahora regresa para ser mentor de los extranjeros que están en una situación más compleja: «Para mí lo más importante es tener una meta e intentar descubrir en qué somos realmente buenos», indica.
Mano de obra necesaria
Los beneficios del encuentro no son unilaterales. Los empresarios consiguen cubrir una carencia cada vez más latente: la falta de mano de obra. Rubén Coedo acudió ayer en representación de Xérmolo S.A., una compañía de obra civil. «Buscamos gente para hacer trabajos en altura, algo muy difícil de lograr a día de hoy», lamenta. «Estamos entrando en contacto con chicos que no habían trabajado nunca antes en España y nosotros tratamos de formarlos y contratarlos. Ya no hay gente ya formada y los necesitamos», cuenta.
Dice que la principal limitación es que continúen proliferando los proyectos y que no haya personas para ejecutarlos. Ellos empezaron asociándose con los ucranianos que llegaron tras la guerra y a día de hoy continúan en la empresa.
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