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La opinión de dos sexólogas de Vigo

El sexo en la tercera edad: «Muchos mayores se ven perdidos por miedo a hablar de ello»

Sexólogos de Vigo reciben cada vez más casos de personas que buscan seguir teniendo relaciones sexuales de calidad en la tercera edad

Un frame de la película Maspalomas

Un frame de la película Maspalomas / Maspalomas

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Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Vigo

Una de las películas españolas más destacadas de esta temporada fue Maspalomas, de Jose Mari Goeanaga y Aitor Arregi. Entre otras tramas, el filme trata extensamente el tema del sexo en la tercera edad. Algo que, como reconocen las sexólogas viguesas Arancha García (Intimae) y Marta Iglesias (Tu matrona sexóloga), sigue siendo un tabú. «Sobre todo cualquier cosa relacionada con el sexo que no va bien, cualquier relación que no se parezca a las que acostumbramos a ver en las películas», apunta la primera. «También lo es entre la gente joven», añade la segunda.

Iglesias indica que cada vez recibe más mujeres de más de 65 años en su consulta, sobre todo porque sus relaciones van a menos por sentir dolor en la penetración. García también ve pacientes masculinos: «La sexualidad cambia. En la gente mayor la erección pierde duración y fuerza, pero eso no significa que los nervios dejen de tener sensibilidad y que no pueda haber sensaciones de atracción o de deseo, solo que funciona diferente», explica. Además, ambas constatan que uno de los principales problemas es que muchos mayores se ven perdidos por miedo a hablar del tema.

Pero, ¿hay una edad a la que es normal dejar de tener relaciones? Aseguran que no. Cada persona es un mundo. García señala que se genera un cambio en la forma de expresarse, «se pasa a una sexualidad menos genital», pero que no por ello se cortan los encuentros eróticos. ¿Y el deseo? «En las mujeres permanece relativamente estable durante la adultez y tiene un escalón hacia abajo en la menopausia. En los hombres es una pendiente con una inclinación hacia abajo», dice García.

Cuestión de virilidad

«Es totalmente posible tener una eyaculación sin que el pene esté completamente erecto, pero hay hombres que cuando ven que no es igual que cuando son jóvenes interpretan que no dan la talla y les afecta tanto que ya no buscan relaciones. Entonces dejan que el deseo disminuya a base de no seguirlo», apunta la sexóloga de Intimae. Otros recurren a la viagra, que no da placer.

Cambios físicos en la mujer

En la menopausia, los cambios hormonales producen el comienzo de una atrofia vaginal (tejidos menos elásticos, más sequedad). Esto hace que la penetración se vuelva más compleja. Las sexólogas apuntan que, de nuevo, el problema es la visión coitocentrista de las relaciones sexuales, algo muy arraigado en el pasado y que ahora resurge entre las nuevas generaciones. «Al final vemos lo mismo que en los varones. Se dificulta la penetración y se vuelve dolorosa, pero otras prácticas menos enfocadas en eso pueden ser fenomenales. En general, las parejas con abanicos amplios de juegos, disfrutan más», señala.

En relación a esto, García explica que hubo una evolución del consentimiento. Mientras que en el pasado muchas mujeres afrontaban las relaciones sexuales como «deberes maritales», ahora hay un reconocimiento generalizado del derecho a decir no. Con todo, indica que aún queda camino por recorrer en cuanto a la expresión femenina del deseo, «tomar las riendas no solo para rechazar, sino también para iniciar un encuentro».

¿Hay un número de veces por semana?

La única medida que contemplan las especialistas es en la que ambas partes de la pareja se sientan conformes: «Es tan adecuado una vez al día como una vez al mes. La clave es que estén de acuerdo», dice García. Lo mismo opina Iglesias: «El problema está cuando las parejas se comparan con otras y se preocupan por el número de encuentros eróticos necesarios para ser feliz. Eso lo tendrá que ver cada uno».

Educación sexual desde el colegio

Para la matrona y sexóloga Marta Iglesias es fundamental empezar la eduación sexual desde la Educación Primaria, e incluso que forme parte del sistema educativo. Advierte de que, sin esta base desde la infancia, muchos jóvenes crecen con dudas, recurren a internet como principal fuente de información y desarrollan ideas erróneas. Precisamente, entre las parejas más jóvenes se detecta una creciente presión social por manatener sexo como forma de validación. Además, cree que muchos adolescentes se comparan con su entorno y llegan a sentirse «menos» si no mantienen relaciones o no practican determinadas conductas, lo que puede derivar en experiencias poco satisfactorias.

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