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Infraestructuras

Las obras «eternas» de Vigo: proyectos estratégicos para la ciudad se demorarán más de 30 años

Actuaciones ferroviarias, carreteras o dotaciones forman parte de una decena de actuaciones singulares marcadas por los retrasos e incumplimientos

Vigo espera desde hace décadas por la conclusión de la A-52 para poder evitar la sinuosa A-55.

Vigo espera desde hace décadas por la conclusión de la A-52 para poder evitar la sinuosa A-55. / Pedro Mina

Pablo Galán

Pablo Galán

Vigo

Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho. Es una de las acepciones que la Real Academia Española recoge para la palabra paciencia y que se puede asociar perfectamente al sentimiento que, seguramente, sufren muchos vigueses mientras esperan por la concreción de hasta una decena de proyectos pensados en su momento para suponer un antes y un después, pero que, en su mayoría, siguen vagando en algunos casos por las mesas de las administraciones enredados en la burocracia imprescindible para que haya movimiento real sobre el terreno.

De media, según los cálculos realizados por FARO, estas actuaciones que deberían ser prioritarias se demorarán una media de un cuarto de siglo, pudiendo llegar incluso a superar sobradamente las tres décadas desde que se plantearon de forma inicial. Uno de los exponentes más claros de esta situación son las dos conexiones ferroviarias por las que espera Vigo para conectarse directamente a la red de alta velocidad con la Meseta sin tener que dar un rodeo por Santiago y convertir la estación de Urzáiz en pasante con la salida sur hacia Portugal.

La primera, la línea por Cerdedo, apareció por primera vez en los presupuestos generales del Estado en 2005, aunque posteriormente caducó su declaración de impacto ambiental y no fue retomada hasta 2019 con un estudio hidrogeológico que se prolongó otros cinco años y que permitió hace un año licitar otro estudio informativo. El horizonte pasa ahora por tener en el último trimestre del año que viene el visto bueno ambiental, pero los expertos no ven posible que pueda estar en servicio hasta 2039. En ese abanico temporal se mueven ya los anuncios del Gobierno de Portugal para tener lista la línea de alta velocidad desde Oporto a Tui, que debe seguir por la denominada salida sur hasta Vigo, una actuación que se alumbró alrededor de 2008 y que tardará unos 30 años en ser una realidad.

También en materia de carreteras hay varias deudas pendientes. La más sangrante quizá sea la nunca terminada A-52, que desemboca en Porriño antes de dar paso a la sinuosa A-55 que se ha cobrado ya varias víctimas mortales y ha sido testigo de un sinfín de accidentes. Más de dos décadas se lleva hablando de la ejecución del último tramo de la autovía das Rías Baixas, pero no fue hasta diciembre de 2024 cuando el Gobierno central sometía a información pública el nuevo trazado hasta Bembrive, mayoritariamente por túnel, y que aún ha iniciado recientemente un riguroso examen medioambiental, por lo que no se espera que pueda estar lista hasta dentro de 10 años, 30 después de su planteamiento.

Ya en el casco urbano de Vigo, las obras que arrancaron en Porta do Sol para la construcción de un túnel con salida en Paseo de Alfonso llevan años paralizadas a la espera de que se materialice el proyecto para que pueda desembocar en Torrecedeira, algo que no se espera que suceda al menos hasta 2029, tal y como recoge la planificación de contratación aprobada por el Concello de Vigo, lo que supondría una década desde el inicio. Otro paso subterráneo, aunque en este caso mucho más ambicioso, lleva sobrevolando la esfera viguesa desde hace más de 15 años. Se trata del que transcurriría por debajo de Beiramar prolongando el túnel actual, lo que permitiría peatonalizar todo el frente portuario.

En el apartado dotacional, mientras, hay varias actuaciones al ralentí o directamente esperando por un impulso en firme. En el primer escenario se sitúa, por ejemplo, la transformación de la antigua Escuela de Transmisiones Eléctricas de la Armada (ETEA), donde habrá que esperar 25 años desde la salida de los militares para ver los primeros proyectos materializados, sin que se atisben las piezas del complejo científico que deben componer la UVigo y el CSIC. También unas dos décadas lleva hablándose de la construcción de una Biblioteca del Estado en Vigo, pero ni siquiera se ha licitado aún la redacción del proyecto. Uno de los emplazamientos que se barajaron para ubicarla en su momento fue la Panificadora, cuya transformación sigue pendiente mientras se prolonga la degradación de todo ese ámbito. También se demorará más de lo previsto la reforma integral de Balaídos, que arrancaba en 2014 con la intención de culminarse en pocos años, pero que con las mejoras previstas para albergar el Mundial no será una realidad hasta 2029.

Por último, tampoco ha tenido un camino de rosas el desarrollo de la Plisan, cuyo primer protocolo se firmó en el 2000 y que ha sufrido una larga lista de contratiempos que han impedido sacarle todo el potencial soñado. En estos momentos, aún se siguen elaborando planes y proyectos para disponer de nuevos terrenos, por lo que su tramitación llevará más de 30 años, una cifra que, por desgracia, se repite demasiado en los anhelados proyectos de Vigo y su entorno.

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