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La carrera por el rectorado

Cambio, prudencia y una gran incógnita: la batalla final por el Rectorado de la UVigo está servida

Carmen García Mateo y Belén Rubio dibujan dos estrategias opuestas de cara al 15 de mayo, con la mirada puesta en los votos huérfanos que Jacobo Porteiro deja (al menos públicamente) sin consigna

Carmen García Mateo y Belén Rubio, tras el recuento de votos de la primera vuelta en las elecciones al rectorado de la UVigo.

Carmen García Mateo y Belén Rubio, tras el recuento de votos de la primera vuelta en las elecciones al rectorado de la UVigo. / Jose Lores

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José Carneiro

José Carneiro

La primera vuelta de las elecciones al Rectorado de la Universidad de Vigo dejó dos candidatas en pie, un candidato fuera de juego y una pregunta que lo condiciona casi todo de aquí al próximo 15 de mayo. Carmen García Mateo, con el 40,2% del voto ponderado, y Belén Rubio, con el 33,9%, se disputarán la segunda vuelta después de una jornada que confirmó que la UVigo tendrá por primera vez una mujer al frente de la institución. Pero más allá de ese hecho histórico —Galicia tendrá dos rectoras: Rosa Crujeiras en Santiago y Carmen o Belén en Vigo—, el resultado dejó también dos lecturas muy distintas del momento político universitario.

La candidata de Nós Universidade compareció con un tono claramente ganador. No solo porque fue la más votada, sino porque quiso convertir ese respaldo en algo más que una victoria parcial. Cuando afirma que «a UVigo quere realmente cambio» y que «os datos globais así o indican», García Mateo no está haciendo solo una valoración de resultados, sino que intenta fijar un marco. El suyo es el discurso de quien quiere que la segunda vuelta se lea como la confirmación de una tendencia ya iniciada, casi como el remate natural de una mayoría que empieza a dibujarse.

Ese relato se apoya, además, en los números. La catedrática de Teleco fue la más apoyada en los campus de Vigo y Pontevedra y en tres de los cuatro sectores, con un resultado especialmente sólido en el PTXAS, donde su ventaja fue incontestable. También se impuso, aunque de forma muy ajustada, en el profesorado funcionario, un espacio de enorme peso simbólico y electoral. Por eso su comparecencia tuvo un aire de impulso. Agradecimiento, sí, pero sobre todo movilización para rematar la faena en una semana. Incluso su broma sobre alcanzar la mayoría, «se é absoluta mellor», encaja en esa lógica de candidatura que siente el viento a favor.

Belén Rubio, heredera del legado del todavía rector Manuel Reigosa, construyó un relato muy diferente. La líder de H2040 asumió el segundo puesto «con prudencia e responsabilidade», una expresión que define bastante bien su tono. Frente al impulso de cambio que quiso proyectar su rival, Rubio optó por un discurso de serenidad, responsabilidad institucional y reconstrucción de apoyos. No negó la victoria de García Mateo, pero evitó que esa ventaja se convirtiese en una sensación de desenlace anticipado. Su mensaje fue el de una candidata que sigue viva, que no dramatiza y que se dispone a pelear la segunda vuelta desde la centralidad, el diálogo y la suma.

Ahí se inscribe también su voluntad de «tender pontes» con la candidatura de Jacobo Porteiro, tercero con un 25,8% y, por tanto, ya sin opciones de alcanzar el Rectorado. Rubio sabe que una parte importante de sus posibilidades pasa por pescar en ese caladero. Y sabe también que, para hacerlo, necesita presentarse menos como una candidata de trinchera y más como una figura capaz de integrar sensibilidades distintas.

Pero la gran cuestión de fondo la marcó el propio Porteiro. Y lo hizo, precisamente, al negarse a marcarla. Su posición es nítida: «Non vou facer ningunha recomendación en absoluto nin tomar partido nela». Es decir, no habrá consigna, no habrá pacto explícito y no habrá foto de adhesión a ninguna de las dos. Al menos públicamente. Otra cosa es lo que su grupo, ConSenso, haga de puertas para adentro.

Clave de la segunda vuelta

Es la clave de la segunda vuelta, además de la participación, que, en esta primera vuelta se situó en el 20,8%. Porque, una vez fijados los dos relatos principales —el cambio de García Mateo y la prudencia de Rubio—, todo conduce a la misma pregunta: ¿a dónde irán los votos de Porteiro? ¿Se inclinarán mayoritariamente hacia Carmen, reforzando la idea de que la comunidad universitaria quiere abrir una etapa nueva? ¿O acabarán encontrando acomodo en Belén, que intenta ofrecer una imagen de continuidad reformista y de equilibrio institucional?

Porteiro ha optado por la neutralidad pública, pero su candidatura nació precisamente como una vía alternativa al actual equipo rectoral, del que Belén Rubio aparece para una parte de la comunidad universitaria como continuidad más o menos directa. En ese contexto, la gran incógnita no es solo cuántos de sus apoyos se moverán, sino en qué dirección se sentirán más cómodos quienes quisieron votar una opción distinta a lo ya conocido. En una semana lo sabremos.

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