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Sanidad

Ribera Povisa alerta de que dejar el inhalador cuando uno se encuentra bien agrava el mal control del asma

Los especialistas recuerdan que la inflamación pulmonar sigue activa aunque no haya síntomas y subrayan que la técnica inhalatoria correcta es clave para evitar complicaciones

La doctora Dolores Corbacho, de Ribera Povisa.

La doctora Dolores Corbacho, de Ribera Povisa. / FDV

Usar mal el inhalador o dejar el tratamiento cuando desaparecen los síntomas equivale, en la práctica, a no tratar el asma. Ese es el aviso que lanza la jefa del servicio de Neumología del hospital Ribera Povisa, Dolores Corbacho, con motivo del Día Mundial del Asma, que se conmemora este 5 de mayo.

La especialista advierte de que uno de los principales problemas en el control de esta enfermedad respiratoria crónica no está solo en la medicación prescrita, sino en cómo se usa y en la constancia con la que se sigue. A su juicio, muchos pacientes abandonan el tratamiento cuando se encuentran bien, sin tener en cuenta que la base inflamatoria del asma permanece activa aunque los síntomas desaparezcan.

«La educación del paciente con asma es un elemento básico del tratamiento, ya que reduce el riesgo de crisis, mejora la calidad de vida y disminuye los costes sanitarios», explica Corbacho, que insiste en la necesidad de combinar un tratamiento adecuado con una buena técnica inhalatoria y un seguimiento médico continuado.

Una inflamación que sigue ahí aunque no se note

Uno de los errores más frecuentes, señala la neumóloga, es pensar que la medicación solo es necesaria durante los episodios agudos. «Muchos pacientes creen que solo deben medicarse cuando tienen falta de aire o pitos, pero el asma es una inflamación crónica que debe tratarse todos los días», recuerda.

La advertencia no es menor. Corbacho subraya que los síntomas son solo la parte visible del problema y que, por debajo, persiste una inflamación que, si no se controla, puede acabar provocando alteraciones estructurales en los bronquios. Entre ellas cita el remodelado bronquial, la fibrosis o la obstrucción fija del flujo aéreo, daños que pueden comprometer de forma permanente la capacidad funcional del pulmón.

En ese contexto, los especialistas consideran que el uso frecuente del inhalador de rescate debe interpretarse como una señal de alarma. «Si un paciente necesita el broncodilatador más de dos veces por semana, significa que su asma no está controlada y debe acudir al especialista», advierte.

La técnica importa tanto como el fármaco

La responsable de Neumología de Povisa recuerda que el tratamiento inhalado sigue siendo el más indicado en la mayoría de los casos porque actúa directamente sobre la mucosa bronquial y reduce los efectos secundarios frente a otras opciones por vía oral. «La gran ventaja del inhalador es que permite una acción directa sobre la mucosa bronquial, con mayor eficacia y menos efectos secundarios que los tratamientos orales», señala.

Pero esa eficacia depende de un factor decisivo: la técnica. «Un fármaco excelente es inútil si no llega a su diana terapéutica. La técnica inhalatoria es uno de los puntos donde más errores se cometen», resume la especialista.

Entre los fallos más habituales figuran la falta de coordinación entre la inhalación y la activación del dispositivo, una inspiración inadecuada o no mantener la respiración después de administrar el medicamento. A ello se suma otro problema frecuente: no todos los inhaladores funcionan igual. En los cartuchos presurizados, apunta Corbacho, la clave está en la coordinación; en los dispositivos de polvo seco, en cambio, resulta determinante la fuerza de la inspiración.

Romper mitos sobre el tratamiento

La especialista insiste también en la importancia de mantener la medicación preventiva incluso en ausencia de síntomas. «El objetivo es controlar la inflamación de base, no solo aliviar las crisis», recalca.

En esa línea, trata de desmontar algunos de los temores que todavía persisten entre pacientes asmáticos, especialmente en relación con los corticoides inhalados. «Las dosis son mínimas y seguras, y sus beneficios superan ampliamente cualquier riesgo. No generan dependencia física», afirma.

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