Aquellos maravillosos años universitarios de los candidatos al rectorado de la UVigo
La familia de Belén Rubio quería que estudiase Medicina pero lo suyo era la Biología y, años después, participó en su primera campaña a bordo de un bateeiro. Carmen García Mateo dejó Vigo en un expreso Rías Baixas para estudiar Telecomunicaciones en la Politécnica de Madrid y volvió en el 87 a la recién creada escuela de As Lagoas-Marcosende para integrarse en su jovencísima plantilla de profesores. Y Jacobo Porteiro, varios años premiado como el docente mejor evaluado por los alumnos de Industriales, recuerda sentir un pequeño síndrome del impostor ante su primera clase.

Jacobo Porteiro, Carmen García Mateo y Belén Rubio en su época como alumnos universitarios. / FDV
Los tres candidatos al Rectorado guardan muy buenos recuerdos de su época universitaria y de sus primeros años como profesores e investigadores. Jacobo Porteiro es el único que ya realizó su carrera dentro de la UVigo. Era alumno de buenas notas en los Jesuitas, pero Ingeniería Industrial Mecánica tenía «fama» de dura. «Cheguei coa sensación de 'a ver que tal me vai'. O salto era grande. Por sorte, tiña un irmán maior facendo Económicas que xa me ía marcando un pouco o camiño», comenta.
«Xa non chegaba con estudar a última semana», pero aún así tuvo tiempo para «facer moitísimas cousas e tamén para moitísimas festas». Y no solo en Vigo: San Froilán, San Teleco, San Pepe o San Alberte Magno. «Sempre digo que tiven tempo ata de ir a clase. Unha das mellores sorpresas foi atoparte rodeado de xente da túa idade compartindo afeccións, intereses e esa liberdade recén adquirida», apunta.

Jacobo Porteiro (2º por la izquierda), en un viaje de amigos a Santander en el año 2000. / Cedida
Conserva «moitísimos» amigos de esos años, entre ellos, uno de los miembros de su candidatura, Felipe Gil. Y con algunos de sus antiguos profesores, que ahora son sus compañeros en el grupo de investigación GTE y en la Escuela de Industriales, también tiene una relación muy estrecha.
Porteiro se estrenó como docente impartiendo Termodinámica en 3º antes de su extinción: «Era unha materia dura e había moitísima xente matriculada. Moitos eran incluso antigos compañeiros meus. Tiven unha sensación estraña, algo parecido a un pequeno síndrome do impostor». También destaca que aquellos primeros años como profesor e investigador en la antigua Peritos constituyeron «una formación magnífica» y señala la influencia del profesor de Motores Santiago Murillo.

Porteiro, recogiendo su premio como profesor mejor valorado de Industriales en 2008. / Cedida
Su padre siempre estuvo muy ligado a la ingeniería mecánica y su madre fue profesora de Lengua española: «Recoñezo esas dúas influencias, a máis técnica e a importancia e a vocación por comunicar e ensinar». Algo que recordó el día de la presentación de su candidatura, un paso que no figuraba en sus planes: «Como case todo na miña vida foi xurdindo mentres ía navegando. Son moi vocacional, apaixóname o que fago e sempre intento dar o 100%. Ten sentido neste momento da miña vida e da miña carreira. Chegou un punto no que simplemente encaixou».
Carmen García Mateo desembarcó en los 80 en la Politécnica de Madrid para estudiar Ingeniería de Telecomunicación y se encontró con una clase de 800 alumnos. «Un día, en Debuxo, alguen preguntou cun acento galego que non era de Vigo, senón de máis ao norte, e alá fun. Había alguen máis da miña terra! Era da Coruña e hoxe é o meu compadre», recuerda sobre una de las grandes amistades forjadas en esos años. «Algúns deles son como irmáns», reconoce.
Las alumnas apenas suponían un 10%, todas se conocían y se unían para hacer los trabajos en grupo. «Nunca o mirei coma un mérito. Era a realidade que tiña que afrontar. Son unha persoa tímida pero determinada. Eu quería estudar esa carrera, foi a miña decisión, meus pais apoiáronme e tiña que seguir adiante», comenta.

Carmen García Mateo (2ª por la derecha), en Bulgaria, durante el viaje fin de curso que su promoción hizo a Grecia en 1987. / Cedida
De todos los estudiantes de su promoción, solo unos 200 acabaron los estudios y ella y otras cuatro compañeras participaron en el viaje fin de carrera a Grecia, que tuvo escala en Bulgaria. «Matámonos a vender bocadillos e a facer festas, pero, sobre todo, tocounos a pedrea na lotería de Nadal. Senón, teríamos que conformarnos con algún sitio máis cerca», bromea.
En el 87, el mismo año en el que se graduó, se incorporó a la recién creada escuela de Vigo y arrancó, con otros docentes, el tercer curso de la carrera. Tan solo le llevaba unos años de diferencia a sus alumnos, pero dar clase no le imponía. «Son tranquila e serena, pero moi arrichada. Se chegas a Madrid con 18 anos e soa despois de viaxar toda a noite no tren Rías Baixas e nos primeros días na universidade te atopas con 800 compañeiros na aula, como me van dicir que non podo con 40?», comenta entre risas.

Foto de la primera promoción de Ingeniería de Telecomunicación de la UVigo en 1990 y de sus profesores. Carmen Gª Mateo aparece en el centro de la tercera fila desde abajo. / Cedida
Con esta misma decisión, García Mateo se doctoró y completó su formación en universidades de EE UU y Reino Unido. La aplicó en su ámbito personal para sacarse el título de patrona de barco porque quería disfrutar del mar. Y ahora también en esta nueva etapa «moi ilusionante e moi enriquecedora a nivel de crecemento persoal e dedicación» y que aspira a culminar convirtiéndose en la primera rectora de la UVigo. «Teño fortaleza e se quero algo que creo que podo facer, traballo e peleo», concluye.

Belén Rubio, en el centro, en primer término, durante su época universitaria con compañeros de la carrera. / Cedida
La otra candidata, Belén Rubio, tampoco pensó nunca en ser rectora, ni siquiera imaginaba ser profesora universitaria, pero agradece la «confianza» de Manuel Reigosa para afrontar «este reto tan incrible».
Siempre fue una persona de Ciencias, recuerda, e interesada por «coñecer o mundo que nos rodea». Su familia quería que estudiase Medicina, pero ella tenía claro que quería hacer Biología. «Nacín en Lugo, pero vivín toda a miña adolescencia en Betanzos e lembro toda a época da universidade en Santiago con moita ilusión. Era marchar da casa, vivir coas miñas compañeiras. É unha etapa moi especial e fas amizades que nunca se perden. E sempre fun defensora da idea de que hai tempo para todo: traballo, estudos e ocio. A día de hoxe complícaseme máis pero sigo a defendelo e a inculcarllo aos meus fillos», destaca.

Belén Rubio, en sus años universitarios. / Cedida
Acabó la carrera con 21 años, porque iba un curso adelantada, y se animó a hacer la tesis porque se veía muy joven. Y destaca cómo su director, Fernando Gil-Sostres, le trasladó «o entusiasmo pola investigación, o rigor e a excelencia».
En el 91 se incorporó a la UVigo y recuerda que su primera campaña fue a bordo de un barco bateeiro. Se integró en el grupo de geología marina de Federico Vilas, que en aquel momento ocupaba su mismo cargo, vicerrector de Investigación. «Estoulle moi agradecida pola oportunidade. A Universidade apenas estaba arrancando e case non había infraestruturas. Hoxe temos un barco de 20 metros de eslora. Por iso é tan importante ten ambición e construir unha institución para o futuro, por todo o que podemos mellorar e conseguir».
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