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Solidaridad

Cruzar el océano para empezar de nuevo: La unidad de las raíces peruanas en Galicia

En busca de un futuro mejor y huyendo de la inseguridad del país, varios peruanos que emigraron a la comunidad gallega fundaron la Asociación de Peruanos en Galicia con el fin de preservar y difundir su cultura. Este año, la agrupación celebra su 20 aniversario

Miembros de la directiva y simpatizantes de la Asociación de Peruanos en Galicia, este sábado en Vigo.

Miembros de la directiva y simpatizantes de la Asociación de Peruanos en Galicia, este sábado en Vigo. / Alba Villar

Vigo

La historia de la Asociación de Peruanos en Galicia, con sede en Vigo, es también la historia de la migración, el sacrificio y la construcción de identidad lejos del país de origen. A lo largo de sus veinte años de trayectoria, esta organización ha pasado de ser un punto de encuentro para un pequeño grupo de compatriotas a convertirse en un referente cultural y humano dentro de la comunidad peruana en la región gallega.

Sus orígenes se remontan al año 2006, en un contexto muy distinto al actual. Surgió de la mano de un grupo de peruanos, que fueron los fundadores, cuando se reunían en la Hermandad del Señor de los Milagros. «En esa época había poquísimos peruanos porque todos entrábamos con contrato de trabajo, no como ahora que entramos con pasaporte nada más», relata Lourdes Alata, actual tesorera. Estos acuerdos previamente gestionados garantizaban cierta estabilidad desde un primer momento.

El primer presidente fue Joel Ayllón, que inició su mandato acompañado de 70 socios, una cifra significativa teniendo en cuenta el «reducido» número de peruanos que vivían en Galicia por aquel entonces. Este escenario favoreció la cohesión del grupo. «Como era una novedad y eran pocos, estaban bien unidos», señala Alata. Actualmente, la asociación está formada por 25 socios, aunque cuentan con varios simpatizantes y colaboradores. «Un grupo pequeño pero muy activo».

Junta directiva de la Asociación de Peruanos en Galicia del año 2007.

Junta directiva de la Asociación de Peruanos en Galicia del año 2007. / FdV

El descenso de personas afiliadas se debe fundamentalmente a dos factores. En primer lugar, el aumento de peruanos propició la creación de más organizaciones, como la Asociación de Chiribaya, la Asociación de Machu Picchu o la Asociación de Deporte de Peruanos. «Con el tiempo, unos lo dejaron, algunos regresaron a Perú y otros se mudaron a otras partes de España», cuenta Pepe Ayllón, actual dirigente de la asociación y hermano del primer director.

Los miembros únicamente pagan una cuota de tres euros al mes a modo de «seguro de vida tanto para ellos como para su familia directa», tal y como se refleja en el estatuto de la agrupación. Para hacer frente a los gastos, realizan «cuatro veces al año» sus propias actividades en fechas señaladas. Al no tener un local propio, «cada vez que hay que tomar una decisión nos reunimos en casa de algún socio», según expresa Pepe Ayllón. «Hemos estado tratando siempre de que nos den un local, pero nunca nos lo llegaron a dar. Los sábados nos prestan los vecinos de El Calvario el suyo para hacer nuestras danzas», manifiesta Lourdes Alata.

Vigo, Calle Pizarro. Asociación de Peruanos de Galicia, fotos de 2 de la directiva, son simpatizantes, y actividad de comida solidaria

Preparación de la comida solidaria repartida este sábado / Alba Villar

Preservar las raíces

El objetivo principal de la entidad era preservar las costumbres de su país natal y compartirlas con la comunidad gallega. Esa misión se mantiene intacta: gastronomía, danza y tradición siguen siendo los ejes centrales de sus actividades. Para darlos a conocer, organizan celebraciones de Fiestas Patrias a las que invitan a asociaciones latinas y gallegas. Son uno de los momentos más importantes del calendario. En estas festividades, a las que el alcalde de Vigo no suele faltar, se realizan representaciones de bailes populares con las canciones más relevantes del país a modo de homenaje. Los socios también elaboran entrantes y bocadillos con sabores típicos para que los asistentes viajen al otro lado del charco a través del paladar.

«No necesitamos beneficiarnos, la asociación se dedica a cultivar nuestra cultura y gastronomía», proclama la tesorera, que a su vez lleva más de diez años siendo profesora de danza. «Me encanta y por eso me involucro y doy el cien por ciento de mi tiempo libre», confiesa.

Sin mirar atrás

Las historias personales de los miembros reflejan las múltiples caras de la migración. Lourdes Alata llegó a Galicia hace más de veinte años, con 34 años de edad, dejando atrás a sus hijos y a su marido en Perú en medio de una situación económica difícil y una relación matrimonial complicada. «Pensaba que mi esposo nunca me iba a dejar salir del país. Le tuve que decir que iba a ganar bien, le iba a apoyar y con el tiempo le iba a traer», confiesa. «Cuando llegué al aeropuerto para marcharme —añade— no volteé la cara porque si lo hacía él seguramente me iba a decir que no me iba. Así que con el dolor de mi corazón, me fui sin voltear y ya en el avión lloré todo lo que quise».

Su llegada fue posible gracias al apoyo de su hermana, quien ya residía en Vigo y le facilitó un contrato laboral. Desde entonces, trabaja como empleada doméstica. Con el tiempo, logró reagrupar a su familia, estabilizarse económicamente e incluso adquirir una vivienda. Destaca «la tranquilidad de Vigo», ya que «desde hace unos años la seguridad en Perú está de mal en peor». Hoy, con madre, hijos y nietos en España, considera que su decisión fue acertada y no valora regresar «por más que me quiera jubilar».

Por su parte, Pepe Ayllón llegó en 2006 huyendo principalmente de esa inseguridad en Perú. Soldador de profesión, ha podido continuar su carrera en el sector naval, trabajando en astilleros y desplazándose ocasionalmente a otros países europeos. Ambos coinciden en sentirse plenamente integrados en Galicia y valoran positivamente su experiencia migratoria. «Nunca pensé que iba a lograr lo que he logrado», concluye Alata.

Solidaridad

Más allá de la cultura, la asociación cumple una función social. En los últimos cinco años, han intensificado acciones solidarias, como el envío de ayuda económica a Perú o la organización de actividades para apoyar a personas en situación de necesidad.

Este espíritu va más allá de la estructura formal de la asociación. Según Pepe Ayllón, existe una fuerte red de apoyo entre los peruanos: «Seguimos la costumbre de allá de que si alguien, por el motivo que sea, necesita ayuda, hacemos alguna actividad para reunir fondos y apoyarle». Este sábado, por ejemplo, realizaron una «pollada», una comida tradicional peruana, elaborada con productos donados y vendida por 12 euros para ayudar a Frank Córdova, hermano de uno de los fallecidos en el pesquero Villa de Pitanxo.

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