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Arte Contemporáneo

La nueva exposición del MARCO: un viaje a un mundo paralelo pero alcanzable si se mira desde el lugar adecuado

El vigués Alberto Ardid plantea una serie de elementos rurales y urbanos que se comunican entre sí y con el público con retranca

El artista vigués Alberto Ardid inaugura «Hai un lugar» en la planta baja del MARCO

Alba Villar

Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Vigo

Decía Paolo Pasolini, genio del cine y poeta, que basta con mover un milímetro el punto desde el que se mira el mundo para descubrir otro distinto. Esa es la tesis que define la nueva exposición que ocupa los cinco patios y galerías principales del MARCO. Un francotirador en un palleiro o un marco (de los que no se pueden mover) con un candado de bicicleta son algunos de los elementos con los que el espectador se va a encontrar cuando visite Hai un lugar, la propuesta del vigués Alberto Ardid (Vigo, 1986).

La muestra, comisariada por Miguel Fernández-Cid y Pilar Souto, va a estar disponible hasta el 6 de septiembre y habrá visitas guiadas todos los días a las 18.00 horas. Esta mañana el artista inauguró sus piezas en presencia del alcalde, Abel Caballero, que le dijo que sus obras le parecían «más de introspección que de visualización». Tiene parte de verdad, aunque el artista asegura que le encantaría provocar una reacción en ambos sentidos.

En la instalación aparecen elementos reconocibles, aunque posicionados desde ópticas surrealistas. Marcos (una vez más, de los de separar leiras) en paredes, vajillas de Sargadelos hechas pedazos sobre muros, un eucalipto colgado o encerados tiroteados frente un borrador incrustado en la pared. Las combinaciones son inimaginables.

Ardid explica que un elemento fundamental es la retranca, aunque no pretende hacer reír. La usa más bien como un elemento comunicativo propio, que advierte que en la ciudad muchos ya no tenemos. «O humor como defensa é parte da idiosincrasia galega». Toda la exposición tiene varios elementos de la cultura popular, rural y urbanita. Él es de Vigo, pero su pareja es de un pueblo y fue así como comenzó a observar con más atención a los elementos que lo rodeaban, como los nidos de velutina que él replica en bronce.

Insiste en que no es comedia, pero es inevitable no esbozar una sonrisa al leer una placa que dice «esta árbore foi brutalmente asasinada cando contaba con só 14 anos de idade. Toda unha vida por diante tronzada polo único capricho de ser exposta nun museo» y a continuación aparece el eucalipto de marras. O cuando se observa el encerado (tiroteado) con el borrador incrustado cerca y se lee el título: «Así nos rimos todos», clásica escena de instituto en el que el humorista de la clase cabrea al profesor. Son situaciones cómicas, aunque con una nueva mirada pueden transmitir más información. El eucalipto es una especie invasora, pero también un ser vivo. Los agujeros de la pizarra no son fortuitos, están hechos de cinco en cinco, formando constelaciones de Eurión, un patrón que aparece en los billetes para impedir que se repliquen.

Como bien dice, en sus piezas hay varias capas de lectura, «coma nun episodio dos Simpson que cando eres pequeno poden facerte gracia, pero despois o ves de maior e atopas novos signifcados», indica. Su intención es hablar de las distintas perspectivas con las que se puede mirar. De como cambian las realidades según la posición o la predisposición.

A Ardid le hubiera gustado ser cineasta, pero su obsesión con el detalle se lo impidió. Dice que prefiere expresar de forma sintética y no tanto con narrativas largas.

Además de las grandes instalaciones, hay también otras más íntimas. Una pequeña sala con un equipo de limpieza y un detonador, expresando que realmente son las clases populares quienes tienen el poder de decisión. También una pequeña proyección que pide ser destruida. Pero, cuidado, el autor llama al civismo y espera que no se le tome la palabra.

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