Entrevista | Mónica Nion Escritora, coautora de «Sin velo»
«Khadija Amin es un caso de éxito pero no todas logran escapar»
La escritora gallega presentó este miércoles, junto a la activista afgana, periodista y protagonista de esta biografía, su huida de Afganistán tras la irrupción de los talibanes
También se proyectó el documental «¿Dónde están mis hijos?», basado en la lucha de Amin por recuperar a sus pequeños y ya disponible en Movistar

La escritora gallega Mónica Nion con Khadija Amin, este miércoles en la sede de la Fundación ONCE de Vigo. / Jose Lores
El 15 de agosto de 2021, Khadija Amin acudía como siempre a su puesto de trabajo. Era la presentadora al frente del informativo en la televisión nacional de Afganistán. No lo tuvo fácil para llegar pero fue muy sencillo que su carrera (y por poco su vida) se terminase. Los talibanes llegaron al poder y su fundamentalismo la llevó a esconderse y posteriormente a huir a España, donde permanece como refugiada movida, eso sí, por un activismo «exacerbado».
Su historia la ha recogido la escritora gallega Mónica Nion en el libro «Sin velo», que presentó junto a la propia Khadija Amin este miércoles en un evento organizado por el Ateneo Atlántico en la sede de la Fundación ONCE en Vigo.
—Tanto el libro como el documental proyectan dos etapas o recorridos distintos que sí comparten protagonista: Khadija Amin.
Sí, se trata de dos proyectos diferentes. El documental «¿Dónde están mis hijos?» es un proyecto de denuncia, un diario en el que Khadija se abre a quemarropa. Se le graba reflexionando en esta búsqueda de sus hijos, pero ella huyó, escapó de Afganistán sin poder llevárselos y a día de hoy no sabe dónde o cómo están. Hay indicios de que están en Europa...; En cambio, el libro se centra en ella, en su marcha de Afganistán. Khadija fue víctima de malos tratos, tuvo un matrimonio forzoso del que logró divorciarse pero todo fue en su contra. Y abordamos todo esto a lo largo de las 328 páginas del libro. Incluso antes de ella nacer, hablamos también de su madre que era maestra y su padre ingeniero, que también fueron un matrimonio forzado pero en que sí hubo amor.
—La realidad que muestra de Khadija nada tiene que ver con lo que nosotros podamos pensar
Muy distinta, su infancia fue muy dura, nada que aquí podamos imaginar. Lo interesante del libro es precisamente poder profundizar en la vida de una mujer afgana musulmana. Conseguir llegar a una comunión tan íntima con ella fue muy complicado. Me contó, me relató aspectos de su vida inéditos, cosas atroces que nunca antes había contado a nadie; otras veces Khadija no quería quedar conmigo, extendimos el tiempo de escritura casi dos años, cada día pasaban cosas nuevas o situaciones que queríamos incluir en el libro y no podíamos parar.
—¿En qué punto se decidió a hacerlo? ¿Qué suceso le hizo decir hasta aquí?
La verdad, vino por el propio tiempo que teníamos de escritura. Ella es una activista exacerbada y siempre le estaban pasando cosas, tanto dando conferencias en grandes púlpitos como en pequeños colegios, a ella no se le caen los anillos; hay algo compulsivo en este afán. Al final pone voz a miles de afganas que no la tienen.
—¿Resulta complicado o imposible llegar a empatizar con una voz cuyas historias están tan lejanas a cualquier episodio nuestro? Tan duras, tan atroces como decía antes
Sí y no. Cuando me propuse escribir el libro no tenía mucha idea de la cultura musulmana. Empecé a escucharla, me contaba lo que estaba viviendo y dije, hay que hacerlo, hay que escribir su historia. Y a base de informarme, porque realmente no tenemos idea de lo que allí pasa, son situaciones o realidades tan chocantes que aquí serían impensables. Su exmarido, solo con su palabra, ha conseguido que Khadija sea declarada muerta en su país, para dificultar que recupere a sus hijos. Fue muy difícil entender ciertos comportamientos ajenos a nuestra forma de actuar, pero cada vez que me contaba cosas iba empatizando más y más. Me sentía interpelada, cercana a su sufrimiento, llegó el punto en el que nada de lo que me contaba me resultaba incomprensible. Así que sí, llegué a empatizar y entenderla.
—Hablaba de que el documental era un proyecto de denuncia, pero ¿y el libro? ¿Busca apelar a esa parte de denuncia o más a la valentía de Amin por salir de Afganistán?
Discurre por ambas capas, la de denuncia sí es verdad que casi sin pretenderlo. Cuando llegaron los talibanes y ella se quedó sin su trabajo empezaron a entrevistarla porque era muy conocida allí, y ya en España mucho más, se convirtió en la voz de todas las mujeres afganas. Pero también es una mujer tremendamente valiente, detrás de Khadija hay un gran sufrimiento psicológico. Ella es un caso de éxito pero no todas llegan, no logran escapar, por ello es libro es una oda a la denuncia y a la valentía.
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