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DISPAROS EN EL MEDITERRÁNEO

Localizan a los siete gallegos de la flotilla, pero quedan 180 personas secuestradas

Estuvieron horas incomunicados en el mar

Momento en el que el barco Batolo, de la Flotilla Global Sumud, es interceptado por Israel

VÍDEO: FLOTILLA GLOBAL SUMUD

Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Vigo

Los tripulantes gallegos de la Global Sumud Flotilla fueron finalmente localizados tras pasar horas incomunicados en el mar. Les habían destrozado el motor de las embarcaciones y tuvieron que ser trasladados de forma escalonada hasta la costa griega. Sin embargo, la realidad es alarmante: hay 21 embarcaciones retenidas y aún se contabilizan 180 personas secuestradas.

La expedición se encontraba a un día y medio de Creta, donde iba a sumarse a otros barcos griegos antes de continuar rumbo a Palestina. La flotilla había partido el 15 de abril desde Barcelona y navegaba por el Mediterráneo, a unas 600 millas de Gaza, cuando varias de sus naves, con unos 175 ocupantes a bordo —entre ellos siete gallegos—, fueron interceptadas.

No todas corrieron la misma suerte en un primer momento. Algunas lograron alcanzar la costa griega, mientras que otras quedaron sin rastro durante horas. Entre los últimos en reaparecer se encontraba el vigués Duarte Ferrín, que había perdido el contacto durante la noche.

Antes de quedar incomunicado, relató que tres lanchas con efectivos que se identificaron como «armada israelí» se aproximaron a su embarcación. Les ordenaron detenerse, pero continuaron la marcha. Poco después, escucharon tres disparos que no llegaron a impactar.

A partir de ahí, comenzaron a ser vigilados por drones. Primero a gran altura, después cada vez más cerca. «O primeiro que fixeron foi cortarnos a comunicación por radio», explicó. Sin posibilidad de coordinarse con el resto, decidieron seguir avanzando con la esperanza de que todo quedase en una maniobra de intimidación.

La presión, sin embargo, fue en aumento. Con las embarcaciones ya encima, optaron por apagar luces, ocultarse y desactivar la localización. Para entonces, ya tenían constancia de otras intercepciones. Al poco, arrojaron los teléfonos al agua, aunque uno de los tripulantes logró conservar el suyo.

Fuentes próximas a la expedición aseguran que la actuación fue más contundente que en ocasiones anteriores: daños en motores, embarcaciones inutilizadas y sin posibilidad de ubicación, todo ello con una tormenta acercándose.

En tierra, en varias ciudades españolas, se organizaron concentraciones espontáneas durante la tarde en apoyo a los participantes.

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