De Mali al Cunqueiro para ampliar su formación en Anestesia
Dos residentes del país africano rotan unos meses en el Chuvi a través de un programa del Ministerio de Sanidad para contribuir a fortalecer el sistema sanitario de países en vías de desarrollo

El anestesista de Mali David Dahou, junto al equipo de cirugía pediátrica del Álvaro Cunqueiro, donde estuvo en el último mes. / Cedida
Cuenta el Banco Mundial que Mali «es uno de los países más pobres del mundo». Su tasa de incidencia de pobreza está entre las 30 más altas. Tiene uno de los veinte PIB más bajos del planeta y solo el 3,7% se invierte en salud pública, frente al 9,9% de la media global. En 2022, la esperanza de vida era de 60 años y aún fallecían al nacer 32 bebés por cada mil que vivían. Uno de cada diez menores de cinco años presentaba desnutrición aguda.
De esta realidad procede el médico David Dahou, que cursa la especialidad de anestesiología en su país y ha rotado durante los últimos tres meses por el servicio del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi). Llegó a través de la Fundación Estatal, Salud, Infancia y Bienestar Social (CSAI) del Ministerio de Sanidad que, bajo el liderazgo de la Agencia Española de Cooperación Internacional, tiene en marcha un Programa de Formación Médica Especializada y Sanitaria para países con un menor desarrollo sanitario. Uno de sus proyectos busca dar apoyo para fortalecer el sistema de salud de Mali. Profesionales del Servizo Galego de Saúde y otras comunidades ya viajaron allí para contribuir a la capacitación de especialistas.
El doctor Dahou pertenece a la primera remesa de ese país que hace la ruta contraria y se vienen a formar a España. En el los hospitales públicos aterrizaron él y, hace poco más de dos semanas, una de sus compañeras de residencia de Anestesia. La conversación con FARO se produce tras despedirse de los que han sido sus compañeros en el Álvaro Cunqueiro en las últimas semanas y pocas horas antes de que grupos armados lanzaran un ataque sorpresa coordinado a gran escala en la capital de Mali y otros puntos de su territorio. Confesaba quele daba pena irse, al tiempo que tenía ganas de volver porque extrañaba a su gente.
Intercambios
El doctor David Dahou, de 33 años, habla un perfecto castellano porque estudió la carrera en Venezuela. «De mi país, la gente sale mucho por las becas e intercambios, así puedes ir a estudiar a países que tienen relación con el mío», explica. Allí llegó con su mayoría de edad y pasó los siguientes ocho años.
Cursa la especialidad de anestesia en el Centre Hospitalier Universitaire Gabriel Touré, ubicado en el corazón de la capital de Mali, Bamako. Le gustaría subespecializarse en anestesia pediátrica. En su país, las enfermedades afectan de forma desproporcionada a los niños y las mujeres en edad de procrear. Cuando le ofrecieron la posibilidad de hacer la primera rotación de su último año en España, buscó las plazas donde se abordara su área de interés y acabó en Vigo.

El doctor David Dahou, a la entrada de los quirófanos del Álvaro Cunqueiro. / Cedida
No le sonaba de nada, hasta que le dijeron el nombre del equipo de fútbol. Al principio, lo que más le costó fue encontrar alojamiento y tardó un poco en «entender el sistema de transporte». Luego, el clima. «Aquí llueve todos los días y hace mucho más frío», explica este doctor en cuyo país las precipitaciones son escasas y las sequías, frecuentes, mientras que la temperatura media no baja de los 27 grados en la capital.
Recursos limitados
Aquí comprobó que la especialidad no difiere en nada en cuanto a la teoría, pero la práctica es muy diferente. «Aquí tenéis más tecnología que nosotros. Disponen de casi todo lo que se necesita para manejar un paciente quirúrgico. Nosotros no tenemos algunas cosas, como la cirugía robótica, algunos aparatos para el monitoreo... Trabajamos con recursos limitados. Hacemos la medicina de países en vías de desarrollo», explica.
Detalla que su medicina es más «de observación», «más clínica». Cuenta que su sistema de salud tiene parte pública y parte privada. «Pero incluso en el público se tiene que pagar cierto porcentajes», apostilla. Por ello, renuncian, por ejemplo, a hacer pruebas por el coste que tienen para el usuario y que este no puede asumir. Y muchas veces tienen que llegar al diagnóstico por esa «observación». Una encuesta de 2019 de su instituto nacional de estadística (INSTAT) revelaba que el 51% de los malienses renuncia a la atención médica por motivos económicos.
Una de las tecnologías que más le gustaría disponer de las que ha probado aquí es la monitorización BIS, que mide e interpreta la actividad de las ondas cerebrales en tiempo real para determinar la profundidad anestésica o sedación. «Te permite que el paciente no se despierte durante la operación, es un recurso importante», opina. Envidia también la «potente» reanimación cardíaca del Álvaro Cunqueiro.
Ideas
Más allá de la tecnología, sí se lleva ideas organizativas que le encantaría implantar allí, como la unidad del dolor —cuenta que aprendió mucho en la del Meixoeiro— o la reanimación pediátrica. «En mi país se hace, pero no está separada de la de adultos», explica sobre esta última.
De los hospitales que ha conocido, los vigueses son los mejores, pero si se le pide que sea puntilloso y le saque algún defecto, cree que le vendrían bien más médicos. Destaca que hay más que en Mali —allí había 0,2 por cada millar de habitantes en 2023, frente a los 4,3 de España en 2022— y, aún así, vivió cómo no daban abasto. «Parece que nunca es suficiente en todas las partes del mundo», reflexiona.
Lo que más le gustó de su estancia es la acogida que le brindaron sus colegas médicos, que le facilitaron una buena integración. Se va con la maleta llena de buenos contactos y mucho aprendizaje.
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