1991: el año en que Vigo inauguró sus principales monumentos
«Los rederos», «Los caballos», la Puerta del Atlántico y el Sireno cumplen 35 años
Estos colosales conjuntos escultóricos, marcados por la controversia, se erigieron en el último de los 12 años como alcalde de Manoel Soto bajo el afán de dotar a la urbe de «signos de identidad»
Son auténticos iconos de Vigo, pero sus orígenes estuvieron marcados por la controversia. 1991 fue el año de los colosos, el de la inauguración de las grandes esculturas públicas de la ciudad: «Los rederos», «Los caballos», la Puerta del Atlántico y el Sireno.
Estas monumentales obras se erigieron en el último de los 12 años de mandato del alcalde socialista Manoel Soto (1979-1991), quien se propuso dotar a la urbe de «signos de identidad». La polémica y las críticas marcaron el nacimiento e instalación de estas esculturas, que vieron la luz en un momento de crisis económica y fuerte contestación social. Las cuatro costaron a las arcas públicas unos 220 millones de pesetas (unos 2,9 millones de euros en la actualidad). Demasiado caras y ostentosas, poco fieles a la realidad e incluso feas fueron los argumentos más repetidos por sus detractores.
Soto inauguró «Los caballos» entre una «estruendosa pitada», y la Puerta del Atlántico se quedó sin acto oficial para esquivar las protestas. No continuó como alcalde, aunque las urnas le dieron la victoria a la izquierda en las elecciones municipales del 26 de mayo. El PSdeG-PSOE obtuvo 11 actas, frente a las 13 del PP. Los socialistas necesitaban a los dos ediles de PSG-Esquerda Galega y al del BNG para retener la alcaldía. La condición de EG fue que el regidor se hiciera a un lado y Carlos Príncipe ocupase su lugar. Este tomó posesión el 15 de junio.
Cuando salió de la alcaldía, tan solo faltaba el último de sus «colosos», el Sireno, que ni siquiera tuvo presentación pública. No se convocó ni a la prensa. El «Home-peixe» se colocó sobre su pedestal de noche, y Porta do Sol amaneció con la escultura ya rematada para asombro y críticas de los vigueses.

Montaje del Monumento al Trabajo, en Gran Vía. / BARREIRO
«Los rederos»
Un aguacero deslució la inauguración del Monumento al Trabajo, obra de Ramón Conde, el 16 de marzo. FARO describe en su crónica que los asistentes al acto buscaron refugio en los portales del entorno.
Popularmente conocida como «Los rederos», se compone de las figuras de siete marineros que arrastran una red que emerge de un estanque. El conjunto escultórico de bronce pesa más de cuatro toneladas y mide 8,5 metros. La obra pone en valor el esfuerzo y la dureza del trabajo del mar.
Se halla en la confluencia de las calles Urzáiz y Gran Vía, aunque en 2020 se planteó su traslado al nudo de Isaac Peral, una propuesta recibida con críticas por la ciudadanía.

Instalación del monumento a los caballos en Praza de España en 1991. / Magar
«Los caballos»
El 30 de abril se erigió sobre el centro de la Plaza de España el conjunto escultórico de Juan José Oliveira, popularmente conocido como «Los caballos». Un colosal homenaje a los equinos salvajes del monte de O Castro de 18 metros de altura y un peso cercano a las 40 toneladas que se eleva sobre un estanque circular.
El Monumento a los caballos representa a cinco equinos de bronce rampantes que ascienden por un torrente, alzando el primero sus patas al cielo.
El acto estuvo marcado por una «estruendosa pitada» al alcalde Soto, tituló FARO al día siguiente. Un centenar de personas contra el proyecto de la incineradora de Samil, la suspensión del plan de actuación de Pizarro o la falta de convenio en el Concello de Vigo boicotearon la intervención del alcalde.
Tres meses antes, el 2 de febrero, se había abierto el túnel, por lo que la instalación de la colosal escultura concluyó la remodelación de la plaza, centro neurálgico del tráfico vigués.

Montaje de la Puerta del Atlántico, en abril de 1991, en Praza de América. / Jesús de Arcos
La Puerta del Atlántico
Una colosal puerta granítica de más de 400 toneladas de peso y 14 metros de altura sustituyó a la farola ajardinada ubicada en el centro de la Praza de América. A sus pies, un estanque circular de 40 metros de diámetro con chorros de agua.
La obra de Silverio Rivas supone un homenaje al continente americano y a su relación histórica con Vigo: tanto por la emigración como por el transporte de mercancías del puerto, erigiéndose la ciudad como una auténtica «puerta del Atlántico». Realizada en granito, fue ejecutada por el artista en las canteras de O Porriño. La escultura y el túnel se inauguraron el 3 de mayo de 1991.
Fue un acto atípico, que se limitó a la puesta en funcionamiento del circuito de agua. No asistió Soto, que esquivó así las protestas de distintos colectivos. Por un lado, los trabajadores del naval, y por el otro, los vecinos de San Paio de Navia en contra de la instalación de una incineradora en su parroquia. El regidor visitó el monumento una hora después.

Colocación del Sireno en Porta do Sol, en la noche del 5 al 6 de noviembre de 1991. / Ricardo Grobas
El Sireno
El «Home-peixe» de Francisco Leiro, rebautizado como el Sireno, es una colosal escultura de siete metros de ancho, dos de alto y cuatro toneladas de peso, de acero inoxidable pulido, que se levanta sobre dos columnas de granito negro de 12 metros. El montaje en Porta do Sol duró meses: en marzo empezaron a erigirse las columnas del pedestal y en la noche del 5 al 6 de noviembre de 1991 se colocó la figura híbrida.
En realidad, Soto había pensado en una gran fuente de 12 metros de diámetro y tres isletas, un proyecto urbanístico de Bar Bóo. Pero Leiro le dio la vuelta a esa idea ante la falta de espacio y consiguió el respaldo para su propuesta.
No hubo inauguración. La figura levantaba pasiones encontradas entre sus detractores y defensores, siendo los primeros los más numerosos.
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