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Maty, la «pequeña peluda» de una viguesa a la que despidió en su esquela: cuando una mascota es familia hasta el final

La necrológica de una vecina fallecida en Vigo el 22 de abril incluye a su perrita entre los seres queridos que le dicen adiós

Un gesto sencillo que retrata hasta qué punto un animal puede ocupar un lugar central en una casa

La presencia de una mascota en la esquela familiar da a entender que el animal no solo era un adorno doméstico ni una compañía secundaria.

La presencia de una mascota en la esquela familiar da a entender que el animal no solo era un adorno doméstico ni una compañía secundaria. / Envato

Marta Clavero

Marta Clavero

Hay despedidas que, en unas pocas líneas, cuentan toda una vida. La esquela de una mujer fallecida en Vigo el pasado 22 de abril deja uno de esos detalles que no pasan desapercibidos: entre hijas, nietos, hermanos, sobrinos y demás familia aparece también «su pequeña peluda, Maty».

No es una fórmula habitual en este tipo de anuncios, donde cada palabra suele medirse y donde el espacio se reserva para los vínculos más íntimos. Precisamente por eso, la presencia de Maty dice tanto. No hace falta añadir nada más para entender que aquella mascota no era un adorno doméstico ni una compañía secundaria, sino parte del núcleo afectivo de la familia.

La esquela publicada en Faro de Vigo.

La esquela publicada en Faro de Vigo. / FDV

Cada vez más hogares viven así la relación con sus animales. Perros, gatos y otras mascotas han dejado de ocupar un rincón periférico en la casa para convertirse en una presencia constante en la vida cotidiana: esperan en la puerta, acompañan en los días malos, ordenan horarios, obligan a salir, a pasear, a jugar, a cuidar. Acaban formando parte de las costumbres y también de la memoria compartida.

Por eso, cuando falta una persona, el duelo no afecta solo a quienes figuran en el árbol genealógico. También alcanza a ese animal que convivía con ella, que reconocía su voz, sus pasos o sus rutinas. Y alcanza igualmente a la propia familia, que no separa el cariño «humano» del que siente por esa mascota con la que ha compartido años de vida.

La esquela publicada en Vigo contiene, en ese sentido, una verdad silenciosa sobre nuestro tiempo: para muchas familias, querer a un animal no es un afecto menor, ni simbólico, ni decorativo. Que Maty aparezca en la despedida de esta mujer no responde a una extravagancia, sino a una manera muy concreta de entender la familia. La de quienes saben que el hogar no lo forman solo los apellidos, sino también aquellos seres que, sin hablar, sostienen la vida de cada día.

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