Entrevista | Alain Guiraudie Director de cine francés
«La religión católica tiene un gran potencial erótico»
El director de El desconocido del lago o Rester vertical pasa la semana en Vigo, donde ayer acudió a la proyección de su película Misericordia

Alain Guiraudie en el paseo de Elduayen. / Alba Villar
Alain Guiraude lleva desde el martes en la ciudad. Le inquieta no ver muchos quioscos abiertos. Ayer salió sin nada más que una chaqueta de su hotel y caminó por los jardines de Elduayen para hablar con este diario. Efectivamente no había quiscos cerca. Es una persona aparentemente despojada, igual que su obra, a la que no le gusta que carguen con etiquetas. Provoca, pero no se considera un agitador. De todas formas su conversación y su cine no pierden profundidad: él hace sus películas buscando el punto medio entre la realidad y el sueño, como decía Truffaut.
Hoy proyecta Misericordia (2024). Da la sensación de que en la película la palabra cambia de acepción, si bien normalmente se asocia a algo "bueno", en el filme no está tan claro. ¿Quiso resignificarla?
Más o menos. La misericordia contiene la idea del perdón. Perdonar algo pequeño es muy fácil, pero perdonar un crimen es mucho más complicado. El personaje del cura lleva esa idea hasta el final sin preocuparse por lo que está bien o mal. Hay un momento en el que la misericordia alcanza su límite, donde salimos de esa idea. También entra en juego el deseo, que es algo importante. Creo que la película juega mucho con eso: por un lado, las grandes cuestiones morales y, por otro, los deseos más físicos e inmediatos.
El cura es un personaje muy sexual, ¿encuentra excitante la religión?
La religión puede ser erótica y sobre todo la católica es muy erótica. Es algo que descubrí no hace tanto tiempo. También está la figura del cura como alguien que encarna la homosexualidad condenada a amar sin ser correspondida, el deseo no recíproco. No quería hacer una película únicamente sobre eso, pero creo que el sacerdocio ha sido un refugio para muchos hombres homosexuales durante siglos.
En la película los personajes se arriesgan mucho unos por otros, ¿cree que es factible en la vida real o ya somos demasiado individualistas?
Creo que todos los días hay personas que asumen riesgos para salvar a otras. Quizá no sea la tendencia dominante, pero sucede. En Francia, por ejemplo, ha habido gente que ha dado falsos testimonios para defender a Nicolas Sarkozy (bromea). Pero sí, creo que hay personas que están dispuestas a sacrificarse por amor, incluso a morir por otra persona.
¿Cree que sus películas gustan a todos por igual o quizá a los hombres heterosexuales les cueste conectar por el homoerotismo que está siempre presente?
Siempre he intentado hacer películas que no sean de nicho. No quiero hacer cine solo para festivales gays. He asociado la temática homosexual a otras cuestiones. Mis películas se construyen alrededor del deseo. Por ejemplo, en El desconocido del lago muchos pensaban que sería una película solo para homosexuales y fue mi mayor éxito (hasta ahora, junto con Misericordia). Además, ver sexo en pantalla siempre resulta incómodo, sea heterosexual u homosexual. Y el público también busca ver la vida de otros, encontrar cierta alteridad. En el fondo, la película plantea algo universal: hasta dónde somos capaces de amar y hasta dónde podemos llegar por alguien.
Sus personajes suelen alejarse del canon de belleza. ¿Es intencionado?
Sí. Hay gustos personales, por supuesto, pero también es una decisión política. Cuando empecé, el cine asociaba el erotismo a gente joven, guapa, urbana y con dinero. Yo quería ofrecer otra representación: devolver el derecho al amor, al sexo y a la sensualidad a la gente del pueblo, a los mayores, a los cuerpos no normativos, a los campesinos, a los obreros.
Un diario le definió como el cineasta más surrealista desde Buñuel. ¿Se reconoce ahí?
Me gusta mucho Buñuel, ha sido muy importante para mí, pero no me definiría como un cineasta surrealista. He sido influido por el surrealismo, pero creo que estoy bastante lejos. Intento más bien reinventar lo real.
En su cine aparecen muchos desnudos y sexo explícito, ¿cree que va a cambiar su forma de crear con las nuevas figuras y medidas propuestas para evitar los abusos en el cine?
Los coordinadores de intimidad son útiles. Facilitan la relación entre director y actores y ayudan a evitar abusos. Antes había directores que decían “haced el amor y grabamos”, y eso no es suficiente. Los actores necesitan dirección. En el futuro creo que será obligatorio trabajar con ellos. Pero también hay otro fenómeno: un puritanismo creciente, en parte importado de Estados Unidos, que está llegando a Europa. Cada vez es más difícil rodar escenas de sexo o encontrar actores dispuestos. Incluso el nudismo en las playas es cada vez más complicado.
Hay algo muy cinematográfico en el cruising...
Sí, completamente. Si hice El desconocido del lago es porque vi que había algo muy cinematográfico ahí. Es algo muy secreto —el 99,9% de la población no sabe lo que es— y para muchos resulta casi ciencia ficción, pero para mí es algo muy real. Está entre el sueño y la realidad. Además, hay un juego muy interesante en las miradas, en la seducción y también en el miedo. Por eso introduje un asesinato en la película.
En Misericordia el cura parece exculpar al protagonista porque «todos somos culpables». ¿Hay intención política en su cine?
Me interesa mucho la política. Siempre quiero cuestionar la moral dominante, replantear preguntas morales y políticas. La idea no es que todos seamos culpables, sino que convivimos con el mal y seguimos viviendo con normalidad.
Galicia y Francia comparten a Óliver Laxe, ¿le gustó Sirat?
No me gustó demasiado, aunque fue un gran éxito en Francia. Sin embargo, As bestas me gustó mucho, al menos hasta la muerte del personaje masculino; después pierde. También recuerdo con mucho interés los primeros minutos de la primera película de Rodrigo Sorogoyen.
¿Qué tal se encuentra en Vigo?, ¿se le parece Galicia a la Bretaña francesa?
Aún no vi muchas cosas, di un paseo por el puerto y alrededores. También fui a Coruña.
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