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Rueda Semana de Cine en Vigo

Andrea Isasi, coordinadora de intimidad: «Si el sexo de la película no es simulado, no es cine, es porno»

En España hay otras siete personas como ella, formadas en el extranjero porque aquí aún no se puede. Son las encargadas de salvaguardar que en un rodaje no haya abusos de ningún tipo, ni físico ni emocional. La figura apareció con el Me Too y cada vez está más generalizada

Andrea Isasi, coordinadora de intimidad en el cine.

Andrea Isasi, coordinadora de intimidad en el cine. / Pedro Mina

Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Vigo

En 1972 Bernardo Bertolucci estrenó El último tango en París con Marlon Brando y Maria Schneider. La actriz tenía entonces 19 años y su coprotagonista 48. El filme iba de eso, de una relación entre edades desiguales, pero durante el rodaje se llevaron a cabo algunas escenas que en un inicio no se reflejaban en el guion. Una violación, entre otras. Nadie se hizo responsable, ella tuvo una compensación miserable por su trabajo y el trauma marcó su vida. No es un caso aislado cosa «de tiempos pasados». En 2013 las francesas Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux fueron obligadas a repetir una y otra vez escenas de sexo muy explícitas por orden de su director en La vida de Adèle. Tres años después estallaba en Hollywood el Me Too, movimiento iniciado en 2006 por la afroamericana Tarana Burke, en el que se destaparon los abusos que durante años aguantaron las actrices. En España salieron casos más tarde y, según las profesionales del mundillo, aún hay una larga lista sin publicar.

El panorama obligó a tomar medidas. Imponer una coordinadora de intimidad en los rodajes, una persona que vigile que los intérpretes realizan su trabajo sin ser agredidos, se convirtió en una necesidad. La viguesa Andrea Isasi es una de las siete que hay en el país. El viernes va a impartir una charla sobre su trabajo a los participantes de Rueda Academia de Cine, en colaboración con la Vigo Film Office.

¿En qué consiste su trabajo? Isasi explica que su figura debe mediar entre los directores y los actores. La productora contacta con ella y le envían el guion. A partir de entonces hace un desglose y detecta las secuencias en las que hay intimidad: «Son todas aquellas que implican exposición emocional y deseo. También es un beso, una caricia, un flirteo, una consulta ginecológica o una madre que baña a su hijo». «Todo lo que sea sexo tiene que ser simulado o no se le llama cine, se le llama porno», indica. El desnudo también tiene que ser ficticio o buscar los planos con los que no hacerlo explícito.

Pero, antes de hallar las técnicas para realizar estas escenas, Andrea se sienta con los directores y les comenta todas las posibles inconveniencias que pueden surgir. A veces hace propuestas porque está formada para ello. «Si el guion sugiere sexo apasionado, el director me tiene que especificar mucho que significa y que tipo de contacto y de besos quiere sacar. No es lo mismo en la boca que en el pecho», señala. También charla con los intérpretes y estos dan o no su consentimiento a las propuestas firmando un acuerdo. «En mi experiencia los actores y actrices empiezan a tener nuevas sensaciones de poder, algo que no ha pasado prácticamente nunca: pueden expresar verdaderamente lo que les pasa y necesitan para hacer su trabajo», cuenta.

Con todas las cuestiones aclaradas, comienza la coreografía. Para el sexo simulado se colocan protecciones en los genitales: «Hay técnicas para todo a nivel sexual, desde felaciones a distintas maneras de penetración. Tiene que parecer real, pero no serlo. Para el movimiento pélvico, por ejemplo, uso una pelota de pilates». Lo importante es que se genere un espacio de confianza y seguridad.

Películas que ya no se pueden hacer

En 1978 Eloy de la Iglesia rodó El sacerdote en la que aparecen adolescentes (menores) desnudos manteniendo relaciones. Eso es impensable e ilegal hoy en día. «Con ellos siempre es un tema delicado porque son sus padres quienes dan el consentimiento (por ejemplo de un beso), pero son ellos los que viven la experiencia. Hay que tener muy claro cuando un niño no está siendo coaccionado», indica.

Para trabajar con ellos y también con actores adultos se necesita una formación que Isasi obtuvo en Estados Unidos y Canadá. «Mi deseo es crear en España una formación alineada con los estándares internacionales. Aquí hay personas superinteresadas y con muchísima sensibilidad», confiesa.

Actualmente todas las producciones de plataformas exigen una coordinadora de intimidad, y cada vez son más los directores que también lo hacen en España.

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