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Un caso único

La intrahistoria judicial de la vaca más famosa de Baiona

Baiona fue protagonista en los años 80 de un episodio hilarante: el del «secuestro» de la vaca «Pinta». El magistrado que dictó la sentencia que devolvió la res a su dueño y el abogado que ganó el pleito recuerdan cuatro décadas después los pormenores de un caso que tuvo eco internacional y que acaba de dar el salto a la literatura

El magistrado Julio Picatoste y el abogado Juan José Yarza, esta semana ante la calle del Príncipe de Vigo.

El magistrado Julio Picatoste y el abogado Juan José Yarza, esta semana ante la calle del Príncipe de Vigo. / Marta G. Brea

Marta Fontán

Marta Fontán

Vigo

«¿Te harías cargo de un tema curioso? ¿Podrías llevar un asunto encaminado a liberar una vaca?» Pese al paso del tiempo, Juan José Yarza Urquiza recuerda perfectamente la conversación en la que un conocido le propuso el que acabaría convirtiéndose en uno de los casos más curiosos de su dilatada trayectoria profesional como abogado. Aquella charla se remonta a 1986. Este profesional recogió el guante y aceptó representar a José Costas Martínez, «O Cabeco», el dueño de la vaca «Pinta», la res de Baiona que se hizo famosa a nivel internacional tras ser «secuestrada» por el alcalde de la villa. El letrado acabó ganando aquel pleito que permitió que el animal regresase con su propietario tras más de cuatro años retenido en establo ajeno. La sentencia la dictó un magistrado que en aquella época acababa de llegar a Vigo, ciudad donde desarrollaría después gran parte de su carrera: Julio Picatoste Bobillo. Transcurridas cuatro décadas desde entonces, abogado y juez comparten con FARO sus recuerdos y reflexiones sobre el surrealista suceso y, concretamente, sobre el papel que tuvieron en el procedimiento judicial en torno a una vaca cuya historia dio la vuelta al mundo y que ha sido rescatada ahora en la novela «Cáncara» por el escritor y director de Xerais Fran Alonso.

La historia de la res es de sobra conocida. El 2 de octubre de 1983 el entonces alcalde baionés Benigno Rodríguez Quintas dio orden de apresar la vaca y trasladarla a la antigua plaza de abastos tras verla paciendo en los jardines del parque de la Palma.

Días después el animal fue trasladado a la finca de Belesar de un matrimonio, que se hizo cargo del mismo a petición del regidor. «O Cabeco» exigió la devolución de la res de su propiedad, pero el Concello le puso como condición, vía decreto, el abono de 30.000 de las antiguas pesetas en concepto de sanción, daños causados por la vaca en el parque y la manutención desde su apresamiento. El dueño se negó a pagar tal cantidad y el enredo, que empezó a sumar días, meses y años, acabó en la vía judicial.

Yarza, con el libro donde tiene encuadernado el pleito judicial y los artículos de prensa de la época, muestra una foto del momento de la «liberación» de la vaca.

Yarza, con el libro donde tiene encuadernado el pleito judicial y los artículos de prensa de la época, muestra una foto del momento de la «liberación» de la vaca. / Marta G. Brea

Permanecí ajeno a la proyección mediática del caso para recuperar la vaca con armas jurídicas

Juan José Yarza Urquiza

— Abogado

«Cuando me hice cargo del caso yo no había oído hablar del asunto», afirma Juan José Yarza. Este abogado que a día de hoy a sus 76 años de edad continúa ejerciendo se encargó de representar al propietario de la res. «A vaca é miña», recuerda que le dijo su cliente cuando acudió a su despacho para ponerlo al tanto de lo sucedido.

Consciente de la singularidad del asunto, el letrado quiso mantenerse «ajeno» a la proyección mediática y a la vertiente cómica que se le había dado. «Aquello se prestaba para una novela y a adornarlo con toda clase de adjetivos, pero me alejé de eso y me centré en buscar las armas jurídicas para que José Costas recuperase la vaca», rememora.

Experto en derecho civil y administrativo, una vez repasó el suceso y estudió el expediente municipal lo tuvo claro. Y presentó lo que, sobre el papel, se plasmó como una «acción reivindicatoria de semoviente e indemnización por daños y perjuicios». En noviembre de 1986, cuando la vaca llevaba ya tres años retenida, formalizó la demanda judicial, que dirigió contra el Concello de Baiona y contra la vecina de Belesar en cuya finca y establo permanecía «Pinta».

Un asunto jurídico «sencillo»

El asunto recayó en el Juzgado de Primera Instancia número 6 de Vigo, al frente del cual se acababa de poner varios meses atrás el magistrado Julio Picatoste. Igual que Yarza, el juez tampoco supo de la singular historia hasta que se topó frente a ella por motivos puramente profesionales. «Podríamos decir que había dos proyecciones de ese pleito», explica.

«De puertas para afuera estaba rodeado de una narración jocosa, con un lenguaje por parte de los medios de comunicación en el que se hablaba del ‘apresamiento’ o el ‘secuestro’ de la vaca por parte del alcalde... De puertas para adentro para mí era un pleito más, un tema jurídico sencillo en el que se reclamaba la recuperación de una res», afirma Picatoste, de 78 años y actualmente jubilado.

Una imagen del 12 de febrero de 1988, cuando José Costas, en el centro, recuperó la res. Entre otros, en la foto también salen el procurador Benito Escudero Estévez (segundo por la izquierda) y el abogado Juan José Yarza (primero por la derecha).

Una imagen del 12 de febrero de 1988, cuando José Costas, en el centro, recuperó la res. Entre otros, y junto a la protagonista del caso, en la foto también salen el procurador Benito Escudero Estévez (segundo por la izquierda) y el abogado Juan José Yarza (primero por la derecha). / Cedida

El abogado de «O Cabeco» vio pronto claro que el alcalde tenía retenida a la vaca «Pinta» indebidamente, «sin derecho alguno». Su estrategia jurídica se basó en acreditar que su cliente era el titular de la res y en demostrar que el procedimiento administrativo seguido por el regidor al amparo de un real decreto de 1905 sobre reses mostrencas era «inadecuado».

«Una res mostrenca es aquella que no tiene dueño conocido y que está abandonada, lo que no era aplicable a esa vaca», concreta Yarza sobre los argumentos que utilizó en su demanda y en el posterior juicio. Aunque no existía ningún documento donde constase que José Costas era el dueño del animal —en aquella época la compra de ganado en Baiona se hacía mediante acuerdo verbal—, era algo que sin embargo era de sobra «conocido» en el pueblo.

Una sentencia de 22 páginas

Con el nombramiento también de un perito veterinario de cara a acreditar la indemnización por los daños y perjuicios derivados de la desposesión del animal y tras una vista oral en la que unos y otros expusieron sus alegatos, la sentencia del caso llegó el 5 de febrero de 1988. De 22 páginas, el juez condenó al Concello baionés, en el que en dicha época ya había nuevo alcalde, a devolver la vaca «Pinta» a su dueño y a indemnizarlo con 483.300 pesetas, una cantidad abultada en aquella época, por las «crías, producción lechera y estiércol» que José Costas dejó de obtener durante los años que estuvo sin el animal de su propiedad. Una res que en dicho fallo fue descrita como «hembra, de raza frisona, berrenda en negro, predominando este último color, de 13 o 14 años de edad y de aptitud lechera». No era demasiado brava, según se exponía en otro pasaje de la sentencia.

El magistrado Julio Picatoste, que acababa de llegar a Vigo cuando en su juzgado recayó el caso de la famosa vaca.

El magistrado Julio Picatoste, que acababa de llegar a Vigo cuando en su juzgado recayó el caso de la famosa vaca. / Marta G. Brea

Aunque me vi tentado a darle unas pinceladas de humor, no procedía: hice una sentencia aséptica

Julio Picatoste Bobillo

— Magistrado

El magistrado que firma la resolución cuenta que se «vio tentado» a darle «unas pinceladas de humor» al texto judicial, pero finalmente optó por escribir una «sentencia seria y aséptica»: «No me pareció procedente utilizar un tono jocoso, al fin y al cabo mi misión era resolver el conflicto jurídico. Y la decisión debió de gustar a las dos partes, porque nadie recurrió el fallo».

Una de las numerosas crónicas realizadas en FARO sobre el caso de la vaca «Pinta».

Una de las numerosas crónicas realizadas en FARO sobre el caso de la vaca «Pinta». / FdV

Efectivamente, a la sentencia se le dio cumplimiento solo una semana después de ser emitida. Tras cuatro años y cuatro meses de cautiverio, la vaca «Pinta» era liberada, se recoge en las crónicas periodísticas de la época. El 12 de febrero de aquel 1988 «O Cabeco» recuperó a su res y recibió de manos del Ayuntamiento un talón con la indemnización. El enredo judicial más delirante ocurrido en Baiona escribió ese día su capítulo final.

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