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La cantera de la robótica gallega toma la Escuela de Ingeniería Industrial de la UVigo

La competición reúne a 452 alumnos de toda Galicia en una jornada que combina retos técnicos, creatividad y vocaciones tempranas por la ingeniería

Estudiantes participan en la competición de robots de la UVigo.

Alba Villar

La tecnología dejó de ser este viernes una asignatura abstracta para convertirse en un juego, un reto y, sobre todo, una experiencia compartida. Un total de 452 estudiantes de enseñanza media de toda Galicia —procedentes de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional— se dieron cita en la Escuela de Ingeniería Industrial para participar en la novena edición de su ya consolidada competición de robots, una iniciativa que, año tras año, acerca la ingeniería a las aulas con un enfoque práctico y creativo.

Desde primera hora de la mañana, los pasillos y laboratorios del centro se llenaron de nervios, cables, sensores y pequeños vehículos autónomos diseñados por los propios alumnos. Llegaron desde distintos puntos de la comunidad, como Allariz, A Guarda, A Estrada, Mos, Valga, Salceda de Caselas, Rois o Vigo, formando un total de 92 equipos. En conjunto, 292 chicos y 159 chicas participaron en una jornada en la que el curso más representado fue 4º de ESO, con 248 estudiantes, seguido de 1º de Bachillerato, con 106.

El objetivo de la cita va más allá de la competición. «Se trata de que pierdan el miedo a la tecnología y se diviertan con ella», explicó durante la inauguración el exdirector de la escuela, Juan Pardo Froján, uno de los principales impulsores del evento. Satisfecho por la respuesta de los centros educativos, el docente defendió la continuidad de una actividad que considera «una excelente manera» de fomentar la creatividad y la imaginación en clave tecnológica.

La competición, que se celebra cada año desde su primera edición en abril de 2015, mantiene un formato que combina pruebas técnicas con desafíos lúdicos. En la categoría Be Robot, dirigida a alumnado de ESO y Bachillerato, los robots debían superar dos pruebas. Por un lado, el «sigue-líneas marchoso», un circuito con obstáculos en el que los dispositivos tenían que seguir un recorrido marcado en el suelo. Por otro, el «barrendero cebra», donde los participantes debían programar sus máquinas para retirar latas de refresco de un recinto circular sin invadir determinadas zonas, en el menor tiempo posible.

Para los estudiantes de Formación Profesional y universidad, agrupados en la categoría DemoRobot, el nivel de exigencia fue mayor. En este caso, los equipos se enfrentaron a cuatro pruebas: rastreo, laberinto, una prueba de «penaltis» con obstáculos y el ya clásico sumo de robots, en el que dos dispositivos compiten por expulsar a su rival del área de juego.

Como novedad, esta edición incorporó el primer reto Compyrobot, desarrollado en colaboración con la empresa Binarial. Durante varios meses, desde octubre de 2025 hasta febrero de 2026, estudiantes y docentes de una decena de centros trabajaron en el diseño y programación de un robot móvil capaz de mapear y recorrer de forma eficiente una ruta de al menos 20 metros dentro de sus propias instalaciones.

La jornada culminó con la entrega de premios a los tres primeros clasificados de cada categoría —desde los niveles iniciales de ESO hasta DemoRobot—, además de reconocimientos especiales al robot más original y al premio STEAM, concedido en colaboración con la Asociación Española para la Robótica y la Automatización. También hubo espacio para reconocer a los centros participantes en el reto Compyrobot, en una edición que refuerza el papel de la escuela como punto de encuentro entre la educación y la innovación tecnológica.

Más allá de los trofeos, la competición volvió a evidenciar el creciente interés de las nuevas generaciones por la robótica y la programación, confirmando que el futuro de la ingeniería gallega empieza a construirse mucho antes de llegar a la universidad.

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