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De la vieja nave de Pescanova al exilio en la acera de enfrente: hablan los desalojados en la calle Jacinto Benavente

La presencia de la Policía Local en el número 21 de la calle Jacinto Benavente 24 horas después del desalojo no era lo único que lo evidenciaba: sus moradores se mudaron a los aledaños con los pocos enseres que lograron rescatar

Personas sin techo salojados de la antigua nave en ruinas de Pescanova , ayer.

Personas sin techo salojados de la antigua nave en ruinas de Pescanova , ayer. / Marta G. Brea

Miguel Ángel y Alfredo son dos vecinos de la ciudad que en algún momento de su vida se vieron obligados a pernoctar, o a vivir directamente, en la antigua nave de Pescanova, ubicada en el nº 21 de Jacinto Benavente. El primero, con familia en Coia, sufrió la crisis del covid y a consecuencia de la pandemia tuvo que cerrar su negocio, se quedó sin ingresos y terminó casi en la calle. «Me fui para la nave pero está terrible, prefiero el aire, la calle», relata.

Alfredo sí forma parte del medio centenar de personas sin hogar que fueron desalojadas este pasado lunes de la vieja fábrica en cumplimiento de la orden judicial que, concedida al Concello de Vigo, lo faculta para ejecutar el desalojo del inmueble, de titularidad privada.

Un instante del desalojo producido el pasado lunes.

Un instante del desalojo producido el pasado lunes. / Marta G. Brea

La propiedad de la edificación fue apercibida y multada desde Praza do Rei por ignorar los múltiples requerimientos para la conservación de la nave. En su interior se han producido innumerables conatos de incendio por la gran cantidad de basura y desperdicios, reyertas, okupación descontrolada –en él residían decenas de personas sin hogar– y hasta el hallazgo de un cadáver.

Con todo, era el hogar de todas estas personas que carecen de otro techo bajo el que abrigarse. Suscribimos la cursiva porque aunque el estado en el que se encontraba no resulta compatible con la definición natural de hogar, sí era al lugar al que regresar por las noches. «No tuvimos aviso de ningún tipo; yo creo que por humanidad, desde el Concello, que sabía que estábamos muchos ahí, nos podrían haber avisado varios días antes del desalojo, para recoger todas nuestras cosas y buscar otros sitios», lamentaba Alfredo desde las escaleras del auditorio Mar de Vigo –justo enfrente a la nave–. Fue ahí donde él y otros muchos compañeros durmieron esa primera noche, ya que la mañana amaneció con sacos de dormir en sus aledaños.

Pertenencias de otro de los desalojados, en  la acera de enfrente.

Pertenencias de otro de los desalojados, en la acera de enfrente. / Marta G. Brea

Con todo, agentes de la Policía Local mantienen permanente vigilancia de la nave. Sí permiten (desconocen por cuánto tiempo) entrar a alguno de los moradores a recoger sus enseres y pertenencias, aunque no siempre lo consiguen. «Si nos dejasen entrar por abajo... Todo lo tenía ahí. Yo desde la puerta de arriba, desde Marqués de Valterra, no sé llegar a la zona de abajo. Igual hasta es peligroso. He preferido dejar allí algunas cosas», amplía Alfredo.

Estado en el que se encuentra el interior de la nave

Estado en el que se encuentra el interior de la nave / Marta G. Brea

A lo largo del turno de la noche del lunes solo acudieron otros cuatro moradores para recoger sus pertenencias. También en los soportales de O Berbés se encontraban multitud de maletas y enseres.

Os Ninguéns

Desde Os Ninguéns, que mantuvieron este martes una reunión con varios de los moradores que fueron desalojados, reivindican tras episodios como el del lunes un «dispositivo residencial» real y en el que todos tengan cabida. «El albergue es el que es y tiene la capacidad que tiene. Se necesitarían dos o tres más porque faltan plazas, y sobre todo, plazas permanentes. En el albergue estás diez días, dos semanas, y ya tienes que volver a la calle. Estas personas también necesitan cuidados, e intimidad, y vivir en condiciones confortables. Estar un tiempo en el albergue y volver a la calle no es la solución», cuenta Antón Bouza.

Mañana jueves han organizado a las 11.30 horas una concentración frente al edificio del Concello para reclamar todas estas demandas. Igualmente, personal de los servicios sociales municipales estuvieron presentes en el desalojo para prestar su atención, fijar citas con el servicio o hacer uso de duchas, comida o del propio albergue.

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