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Una taxista atracada en Vigo: «Me puso la navaja en el cuello, no me creí lo que estaba pasando»

Pilar Couñago recibió heridas de arma blanca en la cara en el que fue «el peor susto» de toda su vida

La afectada cuenta su relato a FARO.

Marta G. Brea

El pasado miércoles no fue una jornada de trabajo más para Pilar Couñago. Por primera vez desde que es taxista, hace ya trece años, sufrió un atraco durante un servicio. Nada hacía presagiar que cuando recogió a un hombre al que le echa poco más de treinta años en la parada de calle Ecuador fuera a vivir un episodio tan traumático como el que acabó sufriendo. Y es que al llegar a su destino, en la calle Cortellas, en Lavadores, en el momento de pagar el pasajero sacó un arma blanca y se la puso a la conductora en el cuello.

«Era una navaja enorme. Me quedé en shock, no me podía creer que me estuviese pasando algo así», explica Pilar Couñago. Le pidió que le diera toda la recaudación del día y el monedero, a lo que la taxista accedió sin oponer resistencia alguna. Sin embargo, cuando se giró y se produjo el intercambio, sufrió unos cortes en la cara, aunque superficiales y que fueron tratados tras el incidente en el PAC de Vigo.

«No fueron las heridas lo que me dolió. Fue el mayor susto que he vivido en mi vida», explica esta conductora de 63 años. Cuando el hombre por fin abandonó el vehículo y echó a correr, Pilar salió del coche. Quería verle la cara, y lo consiguió, porque el atracador, durante su huida, se dio la vuelta para ver a la taxista. Esto permitió a Pilar describirlo con pelos y señales a la Policía Nacional en el momento de proceder a la denuncia, y por las características se sospecha que ha sido el mismo atracador que asaltó a otros dos taxistas en las últimas semanas.

La Policía está investigando ya lo sucedido, y para poder identificar al atracador también pueden servirse de las cámaras de un centro comercial de la zona, por si el hombre estuvo dentro antes de entrar en el taxi.

Al recordar ese episodio, Pilar Couñago todavía se sobrecoge. Para intentar recuperar la normalidad cuanto antes, al día siguiente volvió ya a trabajar, demostrando una enorme valentía y que causó la admiración de sus compañeros. Pero ha decidido tomar medidas para protegerse. Entre ellas, la instalación de una cámara de vigilancia en el interior del taxi, como tienen varios de sus compañeros. Un elemento que sirve de disuasión con clientes conflictivos y que además permite tener pruebas videográficas en caso de que se produzca un incidente similar al sufrido.

El sector se está movilizando para evitar que el atracador vuelva a delinquir mientras la Policía no lo detiene. En las horas punta, cuando pasaron todos los incidentes, en los servicios solicitados desde o hacia donde actuó ese individuo, ningún compañero va solo. Otros dos taxis van de coche escoba para llamar de forma inmediata a la Policía en caso de ser necesario. Han creado un grupo específico nocturno para garantizar la seguridad. Algunos taxistas, además, cuentan con el conocido como «botón del pánico» a través de la aplicación de Vitaxi, de forma que si lo pulsan informan inmediatamente a la central de que están en peligro.

Los conductores celebran que la mayoría de usuarios deciden ya pagar con tarjeta bancaria, por lo que cuentan con el efectivo justo en el taxi para devolver posibles cambios de aquellos que sí pagan con billetes y monedas.

A Pilar Couñago le quedan solo tres años para jubilarse. Espera que pasen rápido y, sobre todo, sin incidentes.

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