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La Fortaleza de O Castro de Vigo

Una historia de asedios involuntarios y vecinos valerosos

En la visita guiada por la Fortaleza de O Castro se puede conocer la historia del mayor elemento arquitectónico de defensa que tuvo Vigo

FARO se adentra en una visita guiada por la Fortaleza de O Castro.

Marta G. Brea / Edgar Melchor

Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Vigo

Antes de entrar por la puerta que da acceso a la fortaleza de O Castro aparecen dos cañones por banda. Llevan ahí «toda la vida» y son atrezo de las fotos de miles de vigueses y turistas. Pero no es un mero decorado, tienen una historia curiosa. En la parte superior se puede ver un emblema ruso, correspondiente al reinado del zar Alejandro I (siglo XIX). Tras la batalla de Trafalgar, en 1805, Fernando VII necesitaba barcos. Su corte negoció con el imperio y estos accedieron a enviarles siete buques. Llegaron negros, podridos. Tras una serie de enérgicas protestas, los rusos mandaron tres más, pero los españoles obtuvieron lo mismo. El dinero para pagarles también era un problema: a modo de corruptela el rey se había quedado casi la mitad. La conclusión fue un desmantelamiento de todos los navíos y una repartición de los bienes a lo largo del país. A Vigo le tocaron dos cañones. Y ahí están.

Esta es la primera historia que escuchan aquellos que visitan la Fortaleza. La guía al cargo, Marta Lorén, cuenta muchas otras según el grupo se adentra con ella en el fuerte. Hoy asistieron 23 personas al primer tour de la mañana. Varios eran de Vigo, pero también había vecinos de Baiona, Cangas León y Ponferrada. A lo largo de una hora y media pudieron conocer todos los «aldraxes» que sufrió la ciudad, para la que sus tres murallas (de la tercera ya no quedan restos) fueron fundamentales.

La Fortaleza fecha del siglo XVII. Con la llegada de las armas de fuego, también iba a ser necesaria una barrera arquitectónica que impidiese a los enemigos campar a sus anchas. Vigo había pasado un final del siglo XVI muy malo. La peste y las hostiles visitas de portugueses, piratas y del temible Francis Drake hicieron patente la urgencia de una defensa. El anglosajón arrasó, dejó todo quemado a su paso.

Una vez construido el fuerte, las aguas no se calmaron tan rápido. En el siglo XVIII estuvieron los ingleses haciendo de nuevo de las suyas. Asediaron a 800 soldados de la ciudad que aguantaron un festival de bombas. Les ofrecieron primero rendirse, pero no quisieron. Como olvidar también a los franceses, que vinieron pero se fueron escaldados por el propio pueblo. Estos, y los episodios de la batalla de Rande, son algunos de los momentos históricos que se recuerdan durante la visita guiada por una construcción que continuó siendo un lugar militar hasta 1964.

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