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Emprendimiento

Una marca de ropa con sello vigués creada en Namibia: la historia de Sara Vargas Lemos

Llegó a Walvis Bay en septiembre y, a finales de marzo, lanzó la primera colección de su marca de ropa, Vargas Lemos, con dos vecinas de esta ciudad

Sara Vargas Lemos, en el centro, con Justine (a su derecha) y Maggi.

Sara Vargas Lemos, en el centro, con Justine (a su derecha) y Maggi.

Llegó a Walvis Bay (Namibia) en septiembre, ciudad a la que se mudó su pareja por motivos laborales, y, en apenas medio año en este país africano, ya ha sido capaz de dar vida a una marca de ropa. Es la historia de Sara Martínez Rodríguez, cuyo nombre artístico es Sara Vargas Lemos. Escogió los segundos apellidos de sus padres, que, precisamente, dan nombre a su nuevo proyecto. Lanzó su primera colección el 31 de marzo y ha sido un éxito en España, donde se venden las prendas a través de su página web.

«Empecé con la marca en octubre y somos tres mujeres en el equipo: Maggi, que es costurera, Justine, que hace los estampados, y yo, que las ayudo, llevo las redes sociales y gestiono la empresa. Hacemos todo nosotras de manera artesanal, a mano», asegura esta joven de 26 años, nacida en O Grove, pero con residencia en O Rosal.

Realizó un ciclo superior de Patronaje y moda en el CIFP Manuel Antonio, en Vigo, y completó su formación en la escuela de moda FormArte, en A Coruña. «No estaba muy contenta en mi trabajo y decidí irme a Namibia con mi pareja», explica.

Asegura que, a la hora de mudarse, no tenía en mente llevar a cabo este proyecto. Sí quería mantener el contacto con este mundo, por lo que se apuntó en un máster online centrado en creación de empresas de moda. «Soy un culo inquieto, por lo que, al poco de llegar, ya me puse con la marca. Siempre digo que he conseguido sacar la colección en tiempo récord gracias a toda la ayuda que he recibido de la gente de aquí. Todo el mundo es muy agradable, eso me encanta», comenta.

Destaca que, por ahora, su idea es quedarse en Walvis Bay, donde se siente muy cómoda. En esta ciudad de 80.000 habitantes del suroeste de África, situada a unos 8.000 kilómetros de Galicia y bañada por el Atlántico, Sara ha logrado conectar con una de sus vocaciones: ayudar a la gente. A través de su marca de ropa, da trabajo a Justine, que tiene que cuidar a cuatro hijos, circunstancia que le dificulta el acceso al mercado laboral. La solución: desarrolla su función desde casa.

«Su marido va a trabajar, entonces, ella lo tiene complicado. Le pregunté si quería trabajar conmigo y le dije que le enseñaría y que podría gestionar a su manera los tiempos con tal de tener las tareas listas en las fechas establecidas. Lo pilló rapidísimo: la alumna ya ha superado a la maestra», apunta Sara antes de poner en valor la aportación en la comunidad de su otra compañera, Maggi, costurera, que trabaja en su propio taller. «Aquí hay mucha cultura de confeccionar la ropa cada uno o de comprar y hacer arreglos», explica.

Sara reconoce que la marca va «muy bien», por lo que su idea es ampliar la plantilla en septiembre, cuando se ponga en marcha la nueva colección. También tiene en mente vender la ropa en diferentes puntos del país. «Hay muchas tiendas que venden marcas locales y son muy chulas. El proyecto comenzó hace poco, entonces, he decidido empezar por España. Con más tiempo y organización, podremos pensar en vender aquí», señala.

Inspiración local

Para alumbrar su primera colección, Sara se ha inspirado en lo que más le ha llamado la atención de su nuevo país: «Los paisajes, que son increíbles al haber muy pocas zonas edificadas, y los animales, que los ves continuamente cuando vas de un lugar a otro en coche». En las prendas de ropa de Vargas Lemos, también se refleja el ADN de la tribu Oshibambo, a la que pertenecen Maggi y Justine. «Usan vestidos con diseños muy particulares, con rayas muy marcadas. En Namibia, hay muchísimas tribus y un mix cultural amplísimo», celebra.

Sara volverá en verano a O Rosal y aprovechará su regreso para impulsar todavía más su marca en España antes de volver a Namibia, donde seguirá trabajando con la comunidad local. «Yo no he salvado a nadie. Me ven como una oportunidad de crecer laboralmente, de ganar dinero y de mejorar su vida. Yo me siento también en ese punto. Este proyecto es el resultado de mucho trabajo de las tres; mi pareja me ayudó a crear la web. Maggi y Justine también me están cambiando la vida. El beneficio es para todas», concluye.

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