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La pujante ciudad en expansión que plasmaron Sorolla, Guisasola o los Avendaño

El historiador vigués José Luis Mateo Álvarez hace un recorrido por las imágenes de la ciudad recogidas por la prensa ilustrada en su época dorada, el siglo XIX

«Praia de Vigo», de Emilio Caraffa, del Museo Emilio Caraffa (Argentina).

«Praia de Vigo», de Emilio Caraffa, del Museo Emilio Caraffa (Argentina).

«Mirar Vigo. Mirar por Vigo», es el lema que este año ha escogido el Instituto de Estudios Vigueses para su fórum. Y, en este marco, el especialista en Historia da Arte José Luis Mateo propuso este jueves observar la ciudad a través de la prensa ilustrada en el siglo de su desarrollo y máximo esplendor, el XIX. El mismo en el que Vigo vivió una de sus transformaciones claves, pasando de villa amurallada a floreciente ciudad industrial y comercial, de efervescente crecimiento.

«Vigo aparecía nas revistas ilustradas con referencias polo porto e tamén pola actividade económica e social que xa era puxante no século XIX», explica José Luis Mateo, que inició el recorrido unos años antes del periodo decimonónico para «valorizar o patrimonio que temos nas bibliotecas, na misma EMAO, no arquivo municipal, na Fundación Penzol ou nos recursos dixitais», que ahora facilitan tanto el acceso a estas joyas. Cuenta que fue la ley de libertad de prensa, tras la Constitución de 1812, la que propició el desarrollo de las publicaciones ilustradas. Al principio, con grabados y, poco a poco, se fue abarantando el proceso con la reproducción con litografía.

José Luis Mateo puso nombre a los artistas nacionales y extranjeros que posaron sus ojos en la ciudad, sus paisajes y sus gentes, y los plasmaron en bocetos. «Moitos eran reporteiros que ían ás batallas. No caso español, á guerra do RIF ou, a finais de século, ás de Cuba e Filipinas», detalla y añade que «moitos deles, cando paban por Vigo por algún acontecemento histórico, artístico ou militar, van deixar pegada coas sus ilustracións de como era a cidade».

Extranjeros

Vigo era escala de muchos barcos procedentes de Inglaterra y Francia. Eran de estos países muchos de los artistas y «viaxeiros románticos» que realizaron obras «interesantes» de la urbe olívica, con debuxos e acuarelas.

Uno de ellos fue el inglés Vivian George, que recogió en un libro de ilustraciones su viaje por España y Portugal —Scenary of Portugal & Spain, 1839—. «Deixou unha imaxe moi bonita de Vigo do Berbés e San Francisco», describe.

Grabado de Vivian, publicado en 1839 en el libro Scenary of Portugal & Spain.

Grabado de Vivian, publicado en 1839 en el libro Scenary of Portugal & Spain. / cedida

No fue el único, Mateo también cita a J.J. Forrester, o al ilustrador Albert Yelverton, que dibujó la Bahía de Vigo en 1878, para el libro de viajes «Sunshine and Storm in the East, Cruises to Cyprus and Constantinople», de la viajera inglesa Ana Brassey.

Nacionales

También recorrió la lista de autores nacionales, incluidos los gallegos, que retrataron la ciudad. «Moitos deles participaban la prensa importante do século XIX como La ilustración española y americana, La ilustración gallega y asturiana ou a revista Blanco y Negro».

Plasmaban acontecimientos históricos, como la llegada de los reyes a Vigo o la inauguración de la estatuta de Elduayen; paisajes; expediciones, con especial predilección por la búsqueda de los tesoros de los galeones de Rande; o «tipos populares». Se fijó en estos últimos Federico Guisasola o Joaquín Araújo, que retrató mujeres marisqueando o vendiendo pescado y uno de ellos se colgó en la Exposición Universal de París de 1889.

As Escabicheiras, de Joaquín Araújo

As Escabicheiras, de Joaquín Araújo / Cedida

Francisco Pradilla, que después sería director del Museo del Prado, se casó con una viguesa y pasaron muchos veranos aquí. Plasmó la ría, el Berbés, la capilla de A Guía, la romería de San Roque.. «Algúns deles veremos como traspasa do grabado ao óleo», cuenta.

Un papel relevante jugó también Luis Romea y Avendaño, sobrino de Serafín Avendaño y dibujante y fotógrafo de Blanco y Negro desde su fundación. «É dos primeiros en ter taller de fotograbado en Madrid e digamos que se convertiu en director artístico da revista». Facilitó que muchos gallegos publicaran en estas páginas: el propio Serafín, Alfedo Souto Cuero...

Veraneaba en Vigo y Baiona e invita a su casa a Sorolla, al que solo le dio tiempo a pintar algunas tablillas al natural, probando la luz gallega, ya que se tuvo que volver porque su mujer estaba enferma. Pero llega a exponer una pieza en el escaparate de los almacenes de tejidos Villa de París, en Porta do Sol.

Mateo citó también a otros autores como Bernardo Rico, Juan Comba, Andrés Perea, Enrique Simonet o José García y Ramos, entre otros.

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