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Los radioaficionados de Vigo conmemoran a los telegrafistas del Titanic estableciendo conexiones en código Morse

Además de radioaficionados veteranos, el homenaje al Titanic ha despertado el interés de jóvenes, como un niño de diez años, y de una revista alemana, que elaboró un extenso reportaje sobre el evento

Juan Luis Marques y Manuel Julián Fernández.

Juan Luis Marques y Manuel Julián Fernández. / Pedro Mina

Vigo

Mientras Rose lloraba aferrada a una tabla al ver como Jack se hundía en el agua congelada, otro Jack (Phillips) trataba de pedir auxilio e impedir el máximo número de muertes posibles. Lo hacía acompañado de Harold Bride. Ambos eran telegrafistas, los encargados de establecer las comunicaciones y transmitir mensajes. Mientras el barco se hundía ellos repetían una y otra vez: ... --- ... , es decir, S.O.S. en código Morse. Más allá de las licencias de ficción que se toma la película Titanic (1997), los radiofonistas mencionados si existieron durante el naufragio. De hecho, permanecieron hasta el final intentando establecer conexión.

La asociación de radioaficionados de Vigo va a hacerles un homenaje este viernes, 10 de abril, coincidiendo con la jornada en la que el barco salió de Southampton (al sur del Inglaterra). «Creemos que no se conoce bien la historia de los operadores de telegrafía del Titanic y lo cierto es que se salvaron 750 vidas gracias a ellos», indica Carlos Reboreda, presidente de la entidad. El evento va a consistir en «ponerse en el aire» con diferentes sistemas, desde telegrafía a modos de voz, y tratar de hacer el mayor número de conexiones posibles. A aquellos con las que las establezcan les otorgarán un distintivo conmemorativo.

Para ello pidieron permiso al Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública y les solicitaron la placa para entregar a los contactos que hagan el viernes. Ya les escribió gente de Irlanda o Francia que quiere formar parte del evento. «El Titanic es una historia muy atractiva, sobre todo por la película, por lo que también van a estar pendientes de lo que hagamos sus fans», celebra el presidente.

Pero, ¿en qué consiste este pasatiempos? Ahora conectar con personas en la distancia es muy sencillo, con Whatsapp solo hay que desbloquear el teléfono móvil y está hecho. Pero no siempre fue así y hay quien disfruta de establecer contacto humano a la antigua usanza. Los radioaficionados son personas con licencias para usar equipos y comunicarse directamente por ondas. Lo hacen en código Morse, de forma digital o incluso con voz. Hay diversas y sorprendentes formas. Según cuenta Reboreda, hay quien manda mensajes rebotándolos contra los aviones comerciales. Cuando establecen contacto no mantienen una conversación normal, sino que son más bien mensajes rápidos. Se identifican con una especie de «matrícula personal» e intercambian el nombre y su ubicación. Quizá suene poco práctico, pero durante el apagón sirvieron de ayuda: «Teníamos un repetidor al otro lado de la ría que funcionaba con paneles solares y se usó en la red de emergencias», apunta el presidente.

La comunidad de radioficionados es variopinta. Una revista alemana se interesó por el homenaje al Titanic y elaboró un extenso reportaje. De esa forma, un niño de diez años se hizo eco y contactó con ellos para pedirles un distintivo. Les explicó que no tiene buenos equipos, pero que le haría ilusión formar parte del homenaje. Es España hay gente joven que gusta de pasar tiempo en las ondas, sobre todo con sistemas Meshtastic (un mini walkie que además puede hacer de repetidor), pero también mayores que llevan décadas especializándose. Saben hablar en código y no necesitan papel y boli para anotar.

Tener una estación en casa, como es el caso del integrante de la asociación, Manuel Julián Fernández, es costoso y lleva tiempo. Implica ser un poco coleccionista e ir buscando las piezas en diversos ámbitos, algunas de hace un siglo. «Hay otras opciones, incluso hay gente que hace radio desde el monte. Van con la bicicleta a puntos en los que no se puede llegar en coche y desde ahí hacen conexiones», dice Reboreda. La clave de esta afición es buscar retos y lograr el máximo número de diplomas posible.

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